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Cristina movió sus fichas, rearmó el panorama electoral y provocó en gran impacto en sus filas, como en las fuerzas opositoras. Ayer, indudablemente, cambiaron las condiciones políticas de las próximas elecciones. El kirchnerismo –con un relevante apoyo social consolidado estos años- ha decidido mantenerse en el poder. La realpolitik y su racionalidad han triunfado. En un mismo movimiento, la presidenta invistió a Daniel Scioli como candidato a presidente del Frente para la Victoria (FPV) y a Carlos Zannini -hoy Secretario Legal y Técnico de la Presidencia- como su compañero de fórmula. Un hombre del “centro político” como Scioli –que ha mantenido una alta aceptación e imagen en diversos estratos sociales- será acompañado por alguien de extrema confianza de la presidenta y fundador del kirchnerismo. Las encuestas que le otorgaban a Scioli un triunfo en las primarias y grandes posibilidades de convertirse en próximo presidente, lo convirtieron en un candidato sobre el que giró la estrategia presidencial. Los números son los números y la evaluación política de una región mucho más moderada en crecimiento y, un tanto, más compleja, demuestra que Scioli es un candidato de los tiempos por venir.
La jugada de Cristina, no solo restableció una especie de pacto con el actual gobernador, sino que éste se convirtió en un candidato que –inevitablemente- terminó “atrapando a todo” el espectro kirchnerista y peronista. Un espectro que reconoce que el “centro” y cierta discursividad pospolítica son importantes para triunfar. De hecho, los sectores progresistas y de izquierdas que integran el kirchnerismo –reticentes a Scioli- han decidido apoyar la propuesta de la Presidenta e incluirse en la estrategia electoral. Entienden, que con la figura de Zannini estarían garantizadas algunas de sus demandas y expectativas.
Cristina Fernández apuesta a dos continuidades, la del proyecto político y la de ese conjunto de dirigentes y espacios que surgieron y se fortalecieron estos años, principalmente La Cámpora y otros espacios juveniles. Una nueva clase dirigencial y elite política están en ascenso y consolidación.
El peronismo se rearma y se entusiasma con una estrategia que promete la continuidad en el poder y con una oposición que ha demostrado poca capacidad para organizar una plataforma nacional y, centralmente, para desarticular o dañar el poder del kirchnerismo. La oposición antiperonista y “novedosa” que pretende liderar Mauricio Macri (PRO) no causó el efecto deseado; sobre todo, porque las condiciones socio-económicas y políticas planteadas por el kirchnerismo han tenido un relevante éxito entre los ciudadanos. Ni siquiera logró triunfar en una de las provincias más importantes de la Argentina, como Santa Fé. Triunfo que fue imaginado para demostrar el crecimiento electoral y consolidación nacional del PRO. Sergio Massa y el Frente Renovador, no solo han reducido sus apoyos electorales, sino –fundamentalmente- los territoriales: algunos dirigentes e intendentes que apoyaban a Sergio Massa retornaron al Frente para la Victoria.
Mientras el kirchnerismo y el peronismo se enfocan en organizar sus listas distrito por distrito, tras la negativa del ex-competidor de Scioli en las primarias –Florencio Randazzo- a postularse como gobernador en la provincia de Buenos Aires queda por decidir quién será el candidato a la gobernación en el principal distrito electoral del país.
Si bien estos movimientos y decisiones presidenciales dejan “heridos” al interior del kirchnerismo, es verdad –por otro lado- que esos “heridos” no tienen otro destino que en el propio kirchnerismo. Afuera de éste, en una especie de “desierto político”, solo hay una opción de centroderecha con menores posibilidades de llegar el poder. Hoy, como hemos dicho, prima la continuidad y la palabra de Cristina Fernández.
Hoy el ajedrez presidencial ha organizado la escena, demostrando la capacidad de la iniciativa política de un gobierno que llega a sus últimos meses. El poder de Cristina está intacto por astucia y por destreza. Ningún poder territorial o corporativo ha logrado erosionar el poder del kirchnerismo y eso, en la historia política argentina, no es poco.