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Por Esteban De Gori :: @edegori

 

  1. Las Fuerza Armadas en Venezuela estuvieron históricamente politizadas. Antes, durante y después. Es un Estado donde algunas de sus instituciones están en conspiración permanente. El mismo chavismo – en palabras Hugo Chávez- es un arte de la conspiración. Un arte utilizado para llevar adelante sus propósitos. Chavez fue un Robespierre justiciero con votos, pero sin los deseos de instalar una guillotina. Todo siempre se cocinó en las elecciones. Ese fue lugar de la revancha, de la imposición de la voluntad popular.
  2. El petróleo y la estructura económica venezolana -con sus precios y estancamientos- son territorios propicios para ensayar intentos desestabilizadores. Los grupos económicos tienen un poder inconmensurable, más allá de la construcción teórica y politológica que indica que en Venezuela existen liderazgos propietarios de todo el espacio político. El desabastecimiento solo puede explicarse por una cruenta pugna por la distribución de la renta y de las divisas. El Gobierno padece el momento.
  3. Pese a la violencia activa y potencial de las derechas conjuradas, todo intento (fallido) de golpe beneficia al gobierno pero, centralmente, a las Fuerzas Armadas quienes obtienen una importante parte del ingreso estatal. En su “autopurificación” se erigen como los guardianes del orden, constituyéndose en “la última ratio del Estado chavista”.
  4. Aunque los gringos piensen en el Estado Islámico, tienen medio-ojo en la situación venezolana. Apuestan a movilizar recursos internos (venezolanos) y algunos que provienen de Colombia. Bill Clinton, acaba de pedir que liberen a Leopoldo López y al alcalde Antonio Ledezma.
  5. Toda la oposición -salvo, Capriles- tienen una vocación golpista. No tienen la capacidad de construir una representación nacional. Creen que la apuesta electoral de Capriles es una “mariconada” y que solo queda aprovechar cualquier oportunidad para desgastar al gobierno. Dentro o fuera del orden democrático.
  6. En este año se realizaran elecciones legislativas. Toda esta situación –que va de la detención de militares de la aeronáutica a la del alcalde Ledezma- no está escindida de la necesidad de unos y de otros de hacerse el control de la Asamblea Nacional.
  7. Maduro no es Chávez. Ha tenido que hacer equilibrios y renegociar todo el tiempo con los militares. La cabeza de ello, es Diosdado Cabello.
  8. Existe una nostalgia por el poder. Durante décadas, las derechas ocuparon las instituciones. El chavismo destrabó esta situación a “martillazos jacobinos” introduciendo un poder dual dentro del propio Estado. Se “leninizó” a sí mismo para instalar las misiones y otros proyectos.
  9. La elite chavista no va a perder fácilmente el Estado. La baja del petróleo, como el desabastecimiento, son dos situaciones que impactan en sus políticas públicas y en el electorado de menores recursos. La creación de un tercer mercado de moneda extranjera, es un guiño a la “muchachada” empresaria. Además, se solicitó un préstamo a Qatar y a otros países vinculados a la OPEP y con acuerdos con los EEUU. Con lo cual, se puede pensar en un pragmático zigzagueo geopolítico provocado por la crisis.
  10. El MERCOSUR hace poco por sostener a Maduro, sobre todo Brasil. Nadie tiene dinero y espalda para hacerlo. Por primera vez, Venezuela está sola.
  11. Existe un núcleo duro del chavismo, movilizado y con control de las calles. No podrían ser comparados con La Cámpora, si buscamos un símil argentino. Tienen incidencia barrial, en los Consejos Comunales y en pocas horas pueden movilizar a los sectores populares.
  12. La derecha se encuentra en una profunda crisis política. La Mesa de Unidad Democrática no ha funcionado. No solo eso. La derecha se ha convertido en el “lobo” de sí misma. Su posibilidad de recomponerse está ligada a una eficaz utilización de la crisis económica y de una alianza que les permita un buen resultado en las próximas legislativas.
  13. En la detención de Ledezma, el chavismo utilizó muy bien el minuto a minuto de las cámaras para demostrar que sus denuncias tienen la velocidad de un rayo. La fiscalía actuó. En ese país el tiempo y la política apremian las 24 hs. La detención en vivo y televizada es parte de una pedagogía política que ahorra mediaciones. Una pedagogía pegada al tic tac del teatro de operaciones. Todos, de alguna manera, terminan habitando las envolventes metáforas de la guerra. Una que entra y sale del juego democrático y de la lucha de intereses.

 

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (Argentina).

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