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Por Alfredo Serrano Mancilla

Con el discurso pronunciado en la inauguración del año legislativo -el último dentro de su período presidencial- la presidenta argentina mostró una vez más, además de una increíble capacidad oratoria, una suficiencia extraordinaria para exponer los trazos generales del proyecto que se viene construyendo desde 2003 a la fecha. En sus casi cuatro horas de exposición la mandataria prácticamente no dejó aspecto sin repasar, lo cual provocó en la mayoría de sus oyentes la misma certeza: no hay, dentro del amplio espectro de la dirigencia política argentina, alguien que la iguale en sus cualidades de líder política.

Por otra parte, la contundencia de su exposición -y el masivo respaldo popular cristalizado en decenas de calles colmadas de gente- le achicó el margen de crítica a la oposición. Al final del día la incomodidad de los dirigentes opositores para encontrar espacio por donde filtrar una mirada negativa fue evidente, por lo cual las críticas se situaron demasiado previsible y maniqueamente en las “ausencias” dentro del discurso: la inflación y la inseguridad. En términos más generales, se expresa allí una actitud que para nada es prerrogativa exclusiva de la oposición argentina: se torna muy difícil criticar los pilares básicos de la gestión kirchnerista en los cuales la presidenta centró el repaso de su gestión -sobre todo los referidos a los programas sociales- porque eso supondría criticar políticas que han mejorado parcialmente la vida de millones de ciudadanos. Algo de ello parece haber comprendido el alcalde opositor de derecha Mauricio Macri (PRO), cuando hace algunas semanas, y contra toda lógica política, reivindicó las clásicas banderas del justicialismo.

– Hilando más finamente en lo expresado por la mandataria argentina, la exposición hizo reiterado hincapié en el fortalecimiento del Estado -una de las claves del modelo kirchnerista, que lo coloca, además, en un horizonte de continuidad con otros procesos de la región-. A contrapelo de los principios neoliberales, Cristina Kirchner defendió con números la idea de que las cosas funcionan mejor cuando son gestionadas por el Estado que cuando son libradas al sector privado. Como ejemplos, mencionó los casos de la petrolera estatal YPF, de la Anses y de Aerolíneas Argentinas, para concluir, en lo que fue uno de los puntos más álgidos de su presentación, con el anuncio de la presentación de un proyecto de ley que enviará al Poder Legislativo con el objetivo de estatizar los ferrocarriles. De esa manera, se engrosa la lista de servicios públicos recuperados por el Estado durante la última década. Además, lo dicho debe leerse como un claro guiño a Florencio Randazzo, quien está llevando adelante toda la renovación del sistema ferroviario desde el Ministerio del Interior y Transporte, y que se perfila dentro de la interna oficialista como el candidato con mayor espalda para disputar la candidatura presidencial con Daniel Scioli, exponente del sector más conservador dentro del kirchnerismo.

– Por otra parte, si bien la exposición de Cristina Fernández abarcó numerosos aspectos, tuvo en lo económico su dimensión principal, y eso no resulta para nada casual. En los últimos años, los mayores esfuerzos del Gobierno estuvieron destinados a trazar los contornos del modelo desde lo que la presidenta denominó “sintonía fina”, lo cual supuso diseñar y poner en práctica una serie de políticas macro-económicas orientadas a superar obstáculos y trabas de los sectores económicos concentrados, como así también corregir fallas evidenciadas tras años de crecimiento sostenido. La mandataria no desaprovechó ayer la oportunidad para hacer mención a algunos de los triunfos económicos de los últimos años. Entre ellos, el más destacado fue la política de desendeudamiento que impulsó el kirchnerismo desde sus comienzos, y que ha permitido reducir, por ejemplo, el nivel de deuda sobre PBI de una manera inédita. Asimismo, la mandataria celebró el hecho de que hoy por hoy sea más rentable en el país ahorrar en pesos argentinos que buscar comprar dólares, o la disminución considerable del volumen de acciones especulativas mediante la compra-venta de divisas, como así también la recuperación del nivel de reservas acumuladas. Al mismo tiempo, refiriéndose a una de las tantas acciones de los sectores concentrados, la presidenta resaltó que gran parte de los productores sojeros no liquidan divisas en pos de lograr, mediante la presión ejercida a un gobierno que necesita de la moneda extranjera, un mayor margen de ganancia.

Todas las menciones de corte económico expresadas ayer, vuelven a poner sobre la mesa algo que a esta altura está bastante naturalizado, pero que, ni por lejos fue siempre así: el carácter esencialmente político de la economía. Allí también hay otro corte taxativo respecto a los años neoliberales, donde la economía era sólo cosa reservada para técnicos -y si eran extranjeros, mucho mejor-.

– En el plano internacional, la presidenta hizo mención a otro tema crucial que tiene que ver con los vínculos con China, aunque escasearon las referencias al ámbito regional. En términos generales, y frente a las críticas opositoras, defendió los vínculos crecientes con el gigante asiático, a los cuales definió como alianzas estratégicas en el marco de un mundo cambiante, con nuevas reglas de juego y reposicionamientos geopolíticos, argumentando que ir contra eso es “descolgarse del mundo”.

– Respecto a Nisman, fiscal responsable de la investigación del atentado a la mutual judía AMIA en 1994, cuya muerte en circunstancias que aún se investigan ha copado la agenda mediática y política del último mes y medio, la presidenta hizo foco en la ambigüedad del fallecido fiscal, complejizando el análisis sobre los intereses ocultos detrás de la insólita denuncia en su contra que recientemente fue desestimada por parte del juez Rafecas. Por otro lado, sentó posición con el caso AMIA en particular, argumentando que ella viene exigiendo su esclarecimiento desde su lugar como miembro de la comisión parlamentaria que se ocupaba del tema desde que sucedió el atentado en 1994. Allí, la mandataria aprovechó el pasaje para criticar fuertemente el accionar de la corporación judicial -a la que tildó de “partido judicial”- que ha buscado, al igual que otras corporaciones como la mediática o la económica, horadar sistemáticamente el poder del gobierno.

– En términos generales, lo del 1° de marzo fue una muestra integral de la vitalidad del kirchnerismo, lo cual adquiere mayor relevancia si se contemplan sus casi doce años de vida. Desde el plano dirigencial, la fuerza gobernante posee la líder política indiscutida a nivel nacional. Al mismo tiempo, conserva un fuerte poder de iniciativa que se evidencia en la presentación constante de proyectos y en el monopolio absoluto de la iniciativa política. Y, finalmente, los cientos de miles que se movilizaron acompañando la presentación presidencial, evidencian un indiscutido apoyo popular al gobierno, que, a diferencia, por ejemplo, de la movilización opositora del 18F, exhibe un alto grado de organicidad. En este sentido, otro triunfo del proceso político argentino respecto de los años de neoliberalismo está relacionado con la reconfiguración de un tejido social que había resultado profundamente desmembrado. Sobre el mismo se asienta la conformación de estructuras organizativas que atraviesan diferentes sectores sociales y etarios, las cuales constituyen una base sólida de apoyo popular que supone hoy por hoy un capital político (y electoral) muy valioso de cara al futuro cercano.

La pregunta inevitable es qué rumbo o forma tomará todo ello después de las elecciones de octubre. Como toda democracia -contingente per se– la posibilidad de que triunfe una de las fuerzas opositoras siempre existe. Parece difícil, sobre todo a la luz de la carencia evidente de alternativas consistentes. Así, la principal clave del futuro político argentino parece jugarse al interior del propio kirchnerismo y en la forma en que terminen cristalizándose las múltiples tensiones que habitan en su interior.