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Se han cumplido 100 días de la asunción del gobierno de Mauricio Macri en Argentina. Según datos privados a octubre de 2015, a pesar de la incertidumbre electoral, el clima destituyente y el complejo contexto global, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner había logrado una recuperación del crecimiento a casi 3% del PBI -luego de la recesión de 2014- y una sensible baja de la inflación del 36% al 24% anual en el marco de una importante reducción de la brecha cambiaria y el crecimiento de los depósitos y el crédito.

Marcando un quiebre con lo que fue la política económica de los gobiernos kirchneristas, los ejes fundamentales del nuevo gobierno macrista son una versión actualizada de la política económica de la Dictadura Militar instaurada a sangre y fuego hace justo 40 años, el 24 de marzo de 1976 y la del Gobierno de Menem en los años 90.

Así, las primeras medidas implicaron un shock neoliberal. Desde el punto de vista monetario  y cambiario, tuvo lugar una devaluación del 40% acompañada de la eliminación a los controles a los movimientos cambiarios especulativos y una fuerte suba de la tasa de interés. Mientras que desde el punto de vista fiscal se sucedió una baja impositiva (retenciones) a las empresas mineras y a los grandes productores de cereales y oleaginosas junto con el despido arbitrario de más de 40 mil empleados públicos, muchos de ellos en áreas sensibles para el funcionamiento del Estado.

En el plano de la política de precios, se discontinuó la fiscalización del programa de Precios Cuidados y se liberalizaron importaciones, además de presionar por techos a los acuerdos salariales y un fuerte tarifazo del 500% de la energía eléctrica a empresas y hogares, lo que propaga una inflación galopante.

En lo referido a la deuda externa, se llegó a un acuerdo con los fondos buitres para pagar al contado el 100%, lo que supone un nuevo endeudamiento por US$ 15 mil millones y la emisión de la deuda más importante en 20 años de un país “emergente” según el Financial Times, desandando el desendeudamiento del país que había permitido recuperar el crecimiento con inclusión social.

Los efectos de la política de Macri han sido muy nítidos: una fuerte recesión que este año implicará una baja del PBI del 3% y un aumento de al menos 16 puntos porcentuales de la inflación, que superará en 2016 el 40% anual. Lo que terminará por generar una fuerte pérdida del empleo, del salario real y del consumo.

En este escenario, los grandes perdedores serán los trabajadores. En el sector privado ya hubo alrededor de 50 mil despidos en tres meses. También resultaran perjudicadas las Pymes y aún las grandes empresas industriales que abastecen el consumo interno. Mientras que los grandes ganadores serán los bancos, que han duplicado su rentabilidad con la devaluación y otras medidas desregulatorias, y el capital concentrado del sector primario de la economía.

Más allá de los perniciosos efectos de la coyuntura, lo más grave son las consecuencias de mediano plazo que trae aparejado este modelo de devaluación, ajuste y endeudamiento. El mismo provocará una desarticulación del aparato productivo, una primarización, concentración y extranjerización de la economía nacional y una redistribución regresiva de la riqueza, con serios riesgos de desembocar en una grave crisis como las experiencias neoliberales que implosionaron en 1981 y 2001.