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Por Alfredo Serrano

Hace más de dos décadas, Bolivia sentía el angustiante aplauso de los organismos internacionales del Norte. La hegemonía neoliberal le concedía la medalla de oro por ser el mejor alumno de la clase latinoamericana a la hora de llevar a cabo adelante las reformas impuestas por los poderes económicos mundiales. Las políticas de desajuste y desestabilización eran premiadas por un Índice de Avance de Reformas Estructurales elaborado en el Norte para evaluar al Sur. Durante este huracán neoliberal, durante esta suerte de época pérdida para América latina, el orden geopolítico dominante seguía con su afán de consolidar un mundo unipolar, de pensamiento único y de carácter suficientemente colonialista para que el Norte se perpetuara como brújula para los caminos de los países del Sur. Unas pocas firmas decidían en nombre de estúpidos eufemismos (seguridad jurídica, libre mercado, desarrollo sostenible, riesgo país, expectativas) aquello que debía acatar el Sur para garantizar una usurera tasa de ganancia del capital transnacional a costa del vivir bien de las mayorías sociales. El Consenso de Washington era todo lo contrario a un verdadero acuerdo mundial. El Disenso de los Pueblos de Sur frente al credo neoliberal no tardó en hacerse notar hasta llegar a ir cambiando progresivamente el signo de los nuevos gobiernos en la región. A contracorriente, Chávez, fue el primero de la lista de presidentes que hoy siguen empecinados en construir un nuevo polo posneoliberal en la vigente transición geopolítica hacia un mundo multipolar. Chávez, con su visión bolivariana, y bien influenciado por Los Desafíos para el Sur (de Nyerere), comenzó esa lucha inacabable por la búsqueda de la total independencia de Venezuela, pero teniendo siempre en cuenta que ésta sólo es posible si se consigue mediante la independencia de toda América Latina. La disputa contra el capital transnacional del Norte es a través de una alianza grannacional, de los pueblos, de los nuevos Estados del Sur.

Hoy, Bolivia es centro de gravedad de este nuevo Sur, más vitalista que nunca. Bolivia se constituye en la nueva sede del juego de tronos que constituye la disputa política, cultural, social y económica en este mapamundi en movimiento. La reunión del G77+China aglutina a más de 130 países en el mundo. No es un dato cualquiera. Tampoco lo es que haya guiñado el ojo a Rusia ahora que éste sufre ofensiva y amenazas por parte del Norte, incluso dejándolo afuera de alguna reunión del G7. Bolivia se hace eco privilegiado de otro relato posible para organizar el mundo, criticando fuertemente las prácticas salvajes del capitalismo, cuestionando el orden dominante, no aceptando imposiciones ni dogmas de fe neoliberal, deslegitimando el unilateralismo hegemónico. Evo Morales lidera sin vacilación este proyecto redentor y descolonizador. No tiene miedo en manifestar que si quieren informarse de lo que piensa el imperio norteamericano, se puede sintonizar CNN; si se quiere la información para los pueblos, el lugar es teleSur. Bolivia ha convocado a Correa, Maduro, Cristina, Mujica, y a más de 30 jefes de Estado, para discutir sin recelos, con una mirada propia, cuál ha de ser el futuro económico a favor del pueblo. La soberanía sobre los recursos naturales, la tolerancia cero contra la pobreza, el rechazo absoluto de la injerencia y del espionaje, la emancipación financiera, la democratización real de las democracias, son ejemplos del nuevo lenguaje que demuestran que el cambio de época es un hecho irrefutable. El desafío es seguir construyendo las condiciones estructurales para que no haya vuelta atrás en todo lo conseguido en el nuevo orden mundial multipolar para el vivir bien de todos, sin excepciones. Pero no basta con asegurarnos la irreversibilidad de lo logrado; el reto es aún mayor para continuar sumando y reinventando nuevos horizontes, propios del Sur, para que el cambio de época se convierta lo antes posible en una vigorosa época ganada a favor de las mayorías. Después de lo demostrado en el proceso de transformación democratizador en Bolivia, no hay nadie mejor en la actualidad que Evo Morales para pilotar este viaje geopolítico.

Publicado en Telesur