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Junto con el avance de tendencias conservadoras -tanto en lo que respecta a pautas de comportamiento social como a lo que pueden ser directrices de políticas públicas vinculadas con los derechos civiles- uno de los aspectos que más ha retrocedido durante el gobierno de M. Temer es la ideología desarrollista, como perspectiva de pensamiento y como principio de acción para varias acciones emprendidas desde el Estado. Desde los años ’50, esta perspectiva (desarrollista) moldeó a buena parte de la intelectualidad brasileña y tuvo, por décadas, un influjo nutritivo sobre algunos sectores de las élites dirigentes. Si es cierto que la destitución de Dilma Rousseff modificó sustantivamente las prioridades de la agenda política encarada desde el Gobierno, que desde el punto de vista de los sectores menos aventajados se trata de un retroceso social bastante significativo, en lo que respecta a la perspectiva desarrollista se trata también de un cambio muy significativo. La venta de Electrobrás – la primera importante en la lista de una serie de concesiones/privatizaciones anunciadas por el gobierno de M. Temer el año pasado – es un símbolo de esta involución: puesta a funcionar en el marco de la creación del Ministerio de Minas y Energía por Juscelino Kubitschek en los años ’60, la empresa – Centrales Eléctricas Brasileñas S.A. (Electrobrás)- fue fundamental para poder realizar el proceso de desarrollo endógeno que registró el país durante décadas. Su privatización es, también, el devenir del propio capitalismo brasileño.

Nuevo marcos regulatorios y participación estatal

La venta del control accionario de Electrobrás como recurso para propiciar un supuesto “plan de inversiones en infraestructura” – Proyecto de Ley 9.463/2018, junto con el Decreto Nº 814/2017- resultará en una medida con consecuencia profundas para el país. Lo que intenta modificarse es todo el cuadro energético, algo ya iniciado con la Ley que modifica el régimen de exploración del petróleo de aguas profundas. Este es un paso en la misma dirección: generar las condiciones para que ingresen – porque muchas veces son las mismas empresas, las petroleras y las de energía- los actores internacionales en el próximo reparto de los recursos.

Hay que tener en cuenta que Electrobrás  – que hasta hoy tenía al Estado brasileño como el principal accionista, con el 51 % de las acciones ordinarias- es la principal empresa de generación y transmisión de energía del país: posee el 31 % de la capacidad de generación, el 47 % de las líneas de transmisión y e 5,1 % de la provisión al mercado consumidor del país. Siendo una de las principales empresas de energía del continente, posee activos, bienes y derechos, en el valor de caso 400 mil millones de Reales y, sin embargo, el propio Gobierno de M. Temer ha puesto una expectativa de recaudar (con la venta) apenas 12 mill millones.

Ojalá se tratara solo de una mala venta, pero lo que el gobierno de M. Temer tiene como plan es aún más gravoso para la Nación. Como lo advierte incluso la periodista Miriam Leitão, de la cadena Globo (que difícilmente pueda considerarse un opositor al Gobierno): el Gobierno “ ya admite que hay riesgos de no recibir los recursos de la privatización de Electrobrás este año, pero quiere cerrar el contrato de venta antes de julio”. Es decir, cerrar el negocio antes de las elecciones y que el Gobierno que venga haga lo posible para cobrar lo indicado. Siendo que uno de los efectos más inmediatos de ese pase de manos es, seguramente, el aumento del precio de la energía eléctrica, cuestión que ya comenzó a ser practicado (para generar el interés de los inversores) hace rato; ya el año pasado el ANEEL había autorizado aumentos en la tarifa que, en algunos Estados, llegó un 54 % de aumento – como el caso de Roraima-.

Por eso, hay que estar muy atentos a las “desestructuraciones estatales” que ocurrirán en los últimos meses del gobierno de M. Temer: muy probablemente sucedan cosas similares, o peores. Lo que tiene que quedar en claro es que con la venta de Electrobrás  lo que se pone en juego es la soberanía y seguridad energética del Brasil. Deja al país más vulnerable a las oscilaciones (de precios) internacionales, precisamente uno de los aspectos sobre los cuales la perspectiva desarrollista insistió reiteradamente. En ese sentido es una clara involución histórica, ideológica, incluso desde la visión de sus élites dominantes y como proyecto de subsistencia capitalismo brasileño: por la propia configuración del tipo de dialéctica económica, la desnacionalización de sus recursos energéticos se convierte en una traba inmediata para su crecimiento.

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires.

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