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La caída de la Inversión Extranjera Directa en Latinoamérica

Las economías latinoamericanas atraviesan una etapa compleja en términos económicos. Uno de los principales problemas de la región es, nuevamente, la dificultad para cerrar las cuentas externas. El balance de pagos de América Latina enciende las luces de alarma en cualquier análisis estructural. En los últimos diez años se registraron pérdidas por la cuenta corriente en forma persistente. El rojo fue en 2017 de 81 mil millones de dólares.

Cuenta Corriente de la región, en % del PBI

Fuente: Elaboración propia en base a datos de Naciones Unidas

La capacidad para cerrar este desequilibrio con el ingreso neto de nuevas divisas a través de los servicios y el comercio no parece probable. Los datos agregados de la región evidencian el panorama desalentador:

  • La balanza de servicios, en donde se computan los flujos de divisas generados por rubros como el turismo o el software, marcó un desequilibrio de 44 mil millones de dólares en 2017.
  • Las exportaciones netas de bienes no son suficientes para cubrir este desajuste: el superávit en la balanza del comercio ascendió a 28 mil millones de dólares, una cifra que apenas alcanza para compensar la mitad del rojo de la balanza de servicios.
  • Las exportaciones de la región medidas en valores no tienen margen para aumentar. Las cantidades vendidas muestran estancamiento y los precios de los productos tienden a caer, desde el pico de 2011.
  • Con la excepción del petróleo, que registró un rebote en lo que va de este año, las materias primas, principalmente agropecuarias, muestran dificultades para mantener su cotización.
  • El caso más relevante es el del poroto de soja, que en 2018 perdió más de un 15 por ciento de su valor (pasó de 350 a 300 dólares la tonelada)

Índice de términos del intercambio América Latina, base 2010 =100

Fuente: Elaboración propia en base a datos de Naciones Unidas.

Las dos alternativas para cubrir el déficit de cuenta corriente

La macroeconomía no tiene misterios. Los países con cuenta corriente en rojo requieren conseguir dólares de alguna forma para compensar los desequilibrios entre la salida y la entrada de divisas en el mercado interno.

Las dos alternativas más usuales son (i) consumir el stock de divisas acumulado (principalmente reservas internacionales) o (ii) acudir al financiamiento del mundo (deuda externa). Ninguna de las alternativas, que fueron las estrategias centrales de la región para sostener estos años el rojo de la cuenta corriente, parecen sustentables en el tiempo. La región hace seis años que no acumula reservas (se estancaron a partir de 2012), y los niveles de endeudamiento ya no son bajos.

(i) Reservas internacionales estancadas           

La región aprovechó el boom de los precios de las materias primas para hacerse de un colchón de reservas internacionales entre 2003 y 2012. La cantidad de reservas en términos del Producto Interno Bruto (PIB) pasó de 10 a 16 por ciento. El aumento conseguido en ese período implicó acumular divisas por 600 mil millones de dólares (al pasar de 200 a 800 mil millones).

Pero, a partir de 2012, los países de la región no consiguieron sumar nuevas divisas. Desde ese año casi ningún país de la región pudo sostener la tasa de crecimiento de las reservas, e incluso economías como Bolivia o Chile registraron caídas en la cantidad de divisas acumuladas en sus bancos centrales.

(ii) Deuda externa en niveles récord respecto del Producto Interno Bruto

La deuda externa en los países emergentes se ubica en los niveles más elevados de los últimos 200 años, en términos del PIB. La región latinoamericana no es una excepción y algunos países como Chile registran un endeudamiento con acreedores internacionales superior al 60 por ciento del PIB.

La dificultad de la región para emitir nueva deuda se analizó en el informe: La deuda en el mundo: ¿bomba de tiempo para América Latina? El lector interesado puede profundizar en ese documento. (http://www.celag.org/deuda-mundo-bomba-tiempo-america-latina/).

 ¿La región tiene un plan C?

Las tensiones para financiarse a tasas bajas y el menor colchón de divisas propias en reservas internacionales obliga a revisar qué ocurre con otra de las alternativas más comunes para intentar contener los desajustes externos: el ingreso de las inversiones extranjeras directas (IED).

El último informe de IED de la Cepal[1] deja en evidencia que el timing no es el mejor para depender de las inversiones extranjeras. Los flujos de capital productivo que llegaron en 2017 a la región sumaron 161 mil millones de dólares, cuando habían sido de 168 mil millones el año anterior, y de 204 mil millones en el pico de 2012 (lo que implica una caída de 20 por ciento contra esa cifra).

Flujo de inversiones extranjeras,
en millones de dólares y en % del PIB

Fuente: Informe de Inversión Extranjera Directa (2018), Cepal

El retroceso de las inversiones extranjeras en el sector de recursos naturales -lo que se vincula al menor atractivo de precios de los commodities– explica gran parte de la contracción en los flujos de la IED regional.

Brasil fue uno de los países en los que se registró la mayor reducción de los flujos de inversión extranjera directa: pasaron de 86 a casi 70 mil millones de dólares, es decir, un retroceso de casi 16 mil millones.

Fuente: Elaboración propia en base a datos de Cepal

Otro de los países en donde hubo una reducción notable fue Chile, en donde el flujo de IED pasó de 30 a 6 mil millones de dólares, una caída de 78 por ciento. La merma en el precio del cobre desde sus picos de 2011 fue uno de los elementos centrales para explicar este derrumbe.

Precio Internacional del cobre, en dólares

Fuente: Finviz (tema referente a la Inversión Extranjera Directa en Latinoamérica)

El caso chileno da algunas pistas sobre la vulnerabilidad que genera depender de la inversión extranjera para tener dólares frescos que permitan cubrir la cuenta corriente. En la región no ingresan inversiones de calidad, destinados a sectores de tecnología y de alto valor agregado, por lo que la llegada de IED queda delimitada a los cambios en el precio internacional de las materias primas.

La inversión extranjera directa: salvavidas de plomo

Las inversiones extranjeras fueron un manotazo de ahogado al que recurrieron los gobiernos latinoamericanos desde mediados de los 60 para intentar moderar los efectos de la restricción externa (el faltante de divisas). La mayoría de las veces no tuvieron éxito para modificar la estructura productiva de estos países e incluso generaron nuevas tensiones.

Los cambios en el ciclo económico para la región (déficit persistentes de la cuenta corriente, menores precios de las materias primas, poco colchón de reservas, encarecimiento de la deuda con acreedores internacionales, entre otros) no deben confundir nuevamente a las autoridades.

El anuncio desesperado para atraer más inversiones extranjeras sería anacrónico y potenciaría los problemas regionales si se aceptan las condiciones de los inversores internacionales para ingresar capitales.

El ejemplo de Argentina en 2016 es una verdadera lección para toda Latinoamérica. El equipo económico lanzó un programa de estímulo a la inversión extranjera directa basado principalmente en cuatro puntos pro-mercado:

  • Eliminación de retenciones a la exportación (agro y minería)
  • Aumento de precios de la luz y el gas, junto con la recomposición del precio del combustible a valores internacionales.
  • Desregulación de los flujos de capitales y eliminación de controles cambiarios (para el giro de utilidades y dividendos).
  • Pago del juicio en las cortes de Nueva York a los fondos buitre

Para los tomadores de decisiones argentinos, la estrategia iba a generar una “catarata de inversiones extranjeras para la economía argentina”. Pasaron 2 años y medio desde el anuncio y los datos duros de la economía muestran una realidad muy distinta. Las inversiones extranjeras no aumentaron respecto del promedio de inversiones registrado entre 2010 y 2015 e incluso la salida de utilidades y dividendos superó, en algunos meses, la llegada de nuevos capitales productivos.

Los inversores extranjeros recibieron con entusiasmo los anuncios de seguridad jurídica y apertura de la economía que pedían, pero al momento de arriesgar recursos productivos en el largo plazo en la Argentina prefirieron postergar la decisión. Las consecuencias de intentar estimular las inversiones con desregulación fueron nocivas. Se potenció el ingreso de capitales especulativos, que este año empezaron a salir de la economía y dejaron al país al borde de la estanflación (recesión económica junto con aceleración de la inflación).

 

[1]    Puede consultarse en https://www.cepal.org/es/publicaciones/42023-la-inversion-extranjera-directa-america-latina-caribe-2017 Inversión Extranjera Directa en Latinoamérica