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@Sergio_MartinC

Aunque es cierto que la configuración de la condición de capitalismo periférico de los países latinoamericanos y caribeños proviene de los tiempos de la colonia, también lo es que el desarrollo de esa condición de periferia ha evolucionado de forma muy desigual en los últimos 40 años en los diferentes países. Centrándonos en el caso chileno, tenemos que desde la asunción al poder de Pinochet tras el golpe militar, la economía chilena experimenta un acelerado proceso de desregulación y privatización, donde el Estado pierde el papel que había tenido en las décadas anteriores.

Durante los últimos 20 años, ya en democracia, el modelo se ha profundizado gracias a las medidas tomadas por el Estado para seguir liberalizando la economía chilena y fortalecer el rol de enclave proveedor de materias primas de la economía mundo capitalista. La liberalización se ha debido, principalmente, a que desde el año 1997 Chile ha firmado 21 Tratados de Libre Comercio (TLC) con 58 países. A pesar de que Chile en términos geopolíticos es uno de los países más aislados del mundo, en términos geoeconómicos ocupa un puesto central en la reproducción del sistema dual centro-periferia.

De este modo, la economía chilena consolida un modelo primario exportador, donde más del 75% de sus exportaciones están ligadas a los recursos naturales. De éstas, la minería ocupa el primer lugar, y más concretamente el cobre, que representa porcentajes superiores al 50% de las exportaciones de bienes. Por otro lado, hay que advertir que dentro de las exportaciones cada vez van ganando un mayor protagonismo las exportaciones de servicios, destacando en primer lugar los servicios financieros y en segundo lugar el retail, pero aún lejos de las exportaciones de productos primarios.

En cuanto a los destinos de las exportaciones, si tomamos los datos de 2015, China con el 26% y Estados Unidos con el 13%, ocupan los primeros lugares, seguidos de Japón (8,5%) y Corea del Sur (6,7%). Es decir, los principales destinos de las exportaciones chilenas son algunos de los principales representantes de las economías centrales de la economía-mundo capitalista, lo que deja nuevamente de manifiesto el carácter de proveedor de materias primas de la economía chilena, y deja evidencia de la falta de integración económica-comercial con los países del entorno regional. Si nos centramos en los países vecinos, tenemos que la economía peruana representa tan sólo el 2,2% de las exportaciones, Bolivia el 1,7% y Argentina solamente el 1,2%. Brasil, el gigante sudamericano, con el 5% de las exportaciones, es la economía latinoamericana que representa una mayor proporción como destino de las exportaciones chilenas, también muy lejos de los primeros puestos.

Otra de las características que con mayor fuerza se presenta en las economías con estructuras productivas primario exportadoras y plenamente liberalizadas, es la concentración del capital, y por tanto, del ingreso que genera la actividad económica. Además, es necesario tener en cuenta que buena parte de las empresas que desarrollan estas actividades son de capital extranjero. La excepción a esto lo constituye la estatal CODELCO, pero que sin embargo sigue sufriendo un continuo debilitamiento de su participación en el ingreso nacional. Aquí, nuevamente vemos ese impulso de apertura a los capitales privados extranjeros frente al capital nacional público.

Como ya se comentó en un artículo anterior[1], el principal reto de la economía chilena sigue siendo superar los grandes niveles de desigualdad en el ingreso existentes. Sin lugar a dudas, alcanzarlo pasa por el cambio del modelo de desarrollo. La política de cambio de la estructura productiva pasa por la inversión en innovación, ciencia y tecnología, la protección de la industria nacional, la integración económica regional con complementariedad y la sustitución paulatina en el medio y largo plazo de la dependencia del extractivismo por sectores sostenibles. En las elecciones de noviembre del presente año, el debate sobre la matriz productiva, el modelo de desarrollo chileno y la inserción internacional en la economía-mundo, deben ser centrales para romper definitivamente el rol subordinado de la economía chilena.

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[1] Martín-Carrillo, S. (Junio, 2017). La equidad. El reto pendiente de la economía chilena. http://www.celag.org/la-equidad-el-reto-pendiente-de-la-economia-chilena/