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Por Alfredo Serrano Mancilla


La vida no es cómo empieza sino cómo acaba. Esta frase bien debería aplicarse al devenir de las negociaciones de la Unión Europea (UE) con la Comunidad Andina de naciones (CAN). En un inicio –enero del 2007–, en modalidad de bloque a bloque, el objetivo fue pactar un Acuerdo de Asociación que contuviera tres grandes pilares: político, cooperación y comercial. Mucho ha llovido desde entonces. La UE se centró en el eje comercial; la CAN está muy desintegrada; Perú y Colombia ya firmaron su acuerdo comercial con la UE; Bolivia no quiere saber nada y Ecuador vuelve a negociar. Pero también ha cambiado el contexto económico de cada lugar. La UE ha entrado en una crisis que todavía perdura poniendo todo el empeño en resolver su decrecimiento por la vía de las exportaciones. Por el contrario, Ecuador ha elegido otro rumbo, camino de su década ganada, que ha permitido no sólo esquivar la crisis, sino conseguir saldar buena parte de la deuda social heredada del neoliberalismo. Todo ello sin necesidad de firmar ningún acuerdo comercial con los países centrales.

 Es cierto que en una economía dolarizada, la restricción externa es a la vez interna, y esto explica que Ecuador no pueda tener un déficit comercial sine die. Esta razón es la más usada por los agroexportadores para sentirse imprescindibles. Con los bananeros a la cabeza, los exportadores han presionado para disponer de un acuerdo comercial con la UE que facilitase la ubicación de sus productos con arancel cero. Esto es un tema central para la economía ecuatoriana, pero la mirada “bananera” no puede eclipsar el resto de una compleja estructura económico-social. Si la UE concediera el arancel cero sin pedir nada a cambio, claramente, el acuerdo comercial sería la solución. Pero la Historia ya nos ha mostrado que Europa no regala nada de nada.

 ¿Por qué Ecuador no debe firmar un acuerdo comercial con la UE? Primero, la UE deja fuera dos aspectos fundamentales: a) su política proteccionista en las barreras paraarancelarias, y b) los subsidios a su producción y sus exportaciones permitiendo implementar precios predatorios (dumping), dificultando efectivamente la entrada competitiva de los productos de Ecuador al territorio europeo. Segundo, Europa otorga mucha importancia a la protección de su propiedad intelectual para disponer de una posición dominante en materia de tecnología y conocimiento. Este punto es absolutamente incompatible con el actual código social del conocimiento en Ecuador que desea democratizarlo, considerándolo como bien colectivo de uso público. Tercero, Europa busca nuevos mercados financieros y Ecuador ofrece un apetitoso negocio en este terreno. En este sentido, el presidente Correa anunció que habrá un nuevo código financiero que cambiará las relaciones de poder en el país. Bajo esta premisa, será irreconciliable acabar con la larga noche neoliberal dando entrada al neoliberalismo financiero que abriga a Europa. Cuarto, Europa tiene mucho interés en acceder a las compras públicas (de Ecuador) que, en el año 2012, en Ecuador, supusieron el 12 por ciento del PIB. Correa, hace pocos meses, volvió a ratificar la importancia de que sean las pequeñas y medianas empresas aquellas que se beneficien de esta alianza con el Estado. Otro punto que hace no conciliable cualquier acuerdo. Quinto, hay experiencia empírica para valorar los efectos de acuerdos comerciales con la UE como, por ejemplo, los casos de México y Chile, con un mismo efecto: a) aumento del volumen absoluto de las exportaciones, pero concentradas en menos productos, y b) aumento de las importaciones por encima del ritmo de las exportaciones, generándose un nuevo déficit comercial de corte estructural. La dependencia pos tratado comercial siempre es mayor.

Estas son al menos cinco razones para que el reduccionismo de la Jihad bananera no se imponga a la hora de firmar un acuerdo comercial con la UE


Publicado en Pagina/12

Fecha: 20/01/2014