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Hace tan sólo unas horas, en La Habana, se llegó a un acuerdo sobre justicia transicional, en el marco de los diálogos de paz iniciados en 2012. La foto del apretón de manos entre el jefe guerrillero de las FARC-EP “Timochenko” y el presidente Juan Manuel Santos inmortalizó un momento sin precedentes en la historia colombiana: el comienzo del fin del conflicto armado.

El acuerdo, hecho público a través del Comunicado sobre la Jurisdicción Especial para la Paz (1), refleja en diez puntos la decisión que ha tenido en vilo a la ciudadanía durante varios meses y que, sin lugar a dudas, es uno de los temas más espinosos al interior de las negociaciones.

En él las partes se reafirman en su compromiso con los acuerdos anteriores(2). Asimismo, mantienen el deber de desarrollar una fórmula de justicia para resarcir a las víctimas del conflicto. Sobre este asunto se ha acordado crear una Jurisdicción Especial integrada por Salas de Justicia y un Tribunal para la Paz, cuya función será contribuir a la reparación de víctimas, juzgar e imponer sanciones a los ejecutores directos e indirectos de delitos de lesa humanidad, no así a los de carácter político y conexos (3). Para este fin, se tipifican dos tipos de procedimientos, uno para quienes reconocen su responsabilidad y otro para quienes no lo hacen, o lo hacen de forma tardía. Finalmente, la transformación de las FARC-EP en un movimiento político, sigue siendo un objetivo común de las partes, aunque todavía no se ha establecido un acuerdo en torno a este aspecto.

Se prevé que, de aquí a seis meses vista, se firme la paz y que la simbólica imagen que preside hoy las portadas de la prensa internacional se materialice en el fin del conflicto. Hoy, la foto es el colofón a un acuerdo que tiene un arduo camino a sus espaldas, y que debería servir de preludio para avanzar hacia una Colombia renovada, con confianza en sí misma y en su capacidad para recuperar tanto tiempo perdido con políticas erráticas, intereses interpuestos y demasiadas víctimas en el camino.

Este histórico apretón de manos representa un paso adelante de gran importancia, pero es sólo uno de los muchos que quedan por recorrer. Uno de ellos, es la necesidad de que el Estado se reafirme como mediador de las tensiones sociales existentes en el país y que abandone la ausencia que lo ha caracterizado, parafraseando a Daniel Pécaut. Recuperar un Estado que esté al servicio de los derechos sociales y sea capaz de garantizar una vida digna a todos los ciudadanos, que trabaje por acabar con la inequidad sangrante fruto de tantos males en el país, y que pueda conquistar la autoridad democrática necesaria para afrontar estas tareas. Ahora más que nunca, es importante recordar lo obvio: la paz no puede limitarse solo a ser el punto y final de las acciones armadas de uno y otro bando. Esto sería suficiente para buena parte de los actores económicos, muchos extranjeros, que se aproximan a la paz únicamente en términos de expansión de negocio, atentos más al cuándo y cómo reactivar su inversión desde afuera que a lo que ocurre adentro. Ya todo el mundo espera más de este proceso, incluyendo una normalización de la vida social y política del país, acostumbrado por desgracia a vivir en la excepción. Esa normalización que, con mayor o menor acierto, algunos han dado en llamar el “posconflicto”.

Finalmente, es también responsabilidad de los líderes políticos, sociales y representantes de los ciudadanos estar a la altura para apuntalar un proceso que ha sido fluctuante, al que se llegó con el esfuerzo y con la colaboración diplomática de diversidad de actores (hay que destacar el papel de Noruega, Chile, Venezuela y Cuba) pero que, en el fondo, es el mérito de una sociedad colombiana madura que fue capaz de trasladar la presión suficiente como para que, medio siglo después, los actores políticos entendiesen que su prioridad número uno era poner fin a una guerra absurda y anacrónica. Con la paz llegarán nuevos tiempos, nuevas oportunidades y, ojalá, nuevos liderazgos que asuman la responsabilidad de llevar a buen puerto las esperanzas que la foto de La Habana generó hoy en millones de colombianos.

1 Puede ver aquí el comunicado: http://goo.gl/ZmSJ0I

2 Reforma rural integral, participación política y solución al problema de drogas ilícitas.

3 En estos casos el Estado otorgará la amnistía “más amplia posible”. Las conexidades, o sea, las conductas que puedan asociarse de manera directa con los fines políticos de la insurgencia, serán definidas por una ley a tramitar en el futuro.