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Casi cuatro meses han pasado desde las últimas elecciones locales y regionales en Colombia, en las que se pusieron de manifiesto varios hechos determinantes en la dinámica política del próximo periodo. En primer lugar, el espaldarazo electoral a la “terna oficialista”, que forma la actual coalición del Gobierno de la Unidad Nacional ¾Partido Social de la Unidad Nacional (Partido de la U), Partido Liberal, Partido Cambio Radical¾. En segundo lugar, el ascenso del vicepresidente Germán Vargas Lleras como posible presidenciable para 2018, debido a los apoyos cosechados a lo largo y ancho del país por su partido (Cambio Radical). Y, en tercer lugar, la “caída” de la izquierda (Polo Democrático Alternativo y Movimiento Progresistas) tras la pérdida del que fuera su principal bastión político, Bogotá. Superados esos primeros meses, hoy se perfilan nuevos factores de inestabilidad vinculados, fundamentalmente, a los Diálogos de Paz entre las FARC, el ELN y el Gobierno colombiano; a las repercusiones económicas de la caída del precio del petróleo y a las primeras movilizaciones públicas en Bogotá, en respuesta a las políticas del alcalde Enrique Peñalosa.

El desarrollo de los Diálogos de Paz ha sido un proceso que ha avanzado de forma vertiginosa hasta llegar al más reciente acuerdo[i] sobre las víctimas del conflicto, alcanzado en diciembre de 2015. Sin embargo, en los últimos meses la discusión sobre el mecanismo de refrendación del Acuerdo General se ha convertido en la manzana de la discordia para las dos partes: el Gobierno y sus negociadores se empeñan en la realización de un plebiscito, que las FARC consideran inadecuado, según exponen a través de la carta[ii] abierta al Gobierno, hecha pública a principios de febrero de 2016. Frente a la opción oficialista, el grupo insurgente plantea el establecimiento de una Asamblea Nacional Constituyente como única forma legítima de refrendación.

Por otra parte y en aras de huir de una “paz incompleta”, se había avanzado en la realización de conversaciones preliminares para el eventual establecimiento de una mesa de diálogo con el Ejército de Liberación Nacional, ELN. Sin embargo, el inicio de este proceso también está sufriendo un aletargamiento debido a varios motivos, entre otros, el carácter horizontal en la estructura de mando en la guerrilla, que genera un sistema de decisiones disperso en diferentes liderazgos. Además, hay que tener en cuenta la voluntad del ELN de realizar un acuerdo ad-hoc, evitando la homogeneidad que quiere imponer el Gobierno a partir de los acuerdos alcanzados con las FARC. Estos factores han generado la desarticulación de las charlas previas al punto de que ambas partes llevan más de tres meses sin establecer contactos.

A los constantes desequilibrios en el proceso de paz, se suma la caída de los precios del petróleo y la desaceleración de una economía dependiente de la explotación de este recurso fósil. Esta situación coincide, además, con el escándalo de la Refinería de Ecopetrol en Cartagena, Reficar, en el punto de mira de la Procuraduría General, que inició una investigación por presuntos sobrecostos en el proyecto de expansión. La caída de los precios del petróleo desencadenó también un encarecimiento del dólar y, en definitiva, el incremento de los precios del consumo, inflados aún más por la crisis desatada en el sector de la agricultura, consecuencia de los estragos del fenómeno de El Niño.

Finalmente, Bogotá, la que fuera la “joya de la corona” del Movimiento Progresistas, es hoy coto de Enrique Peñalosa, alcalde apoyado por el liderazgo de Vargas Lleras y la derecha política del país. Los primeros meses de su Gobierno se identifican con un incremento de las movilizaciones sociales ¾y de su consecuente represión¾ debido a la ineficiencia y al encarecimiento de las tarifas del sistema de transporte Transmilenio, a la prohibición de la instalación de vendedores ambulantes en el espacio público y a su reciente declaración[iii] sobre la posible urbanización de la reserva natural Thomas van der Hammen, el segundo pulmón de Bogotá, después de los Cerros Orientales.

Todos estos factores abren una brecha de incertidumbre sobre el devenir político de Colombia, un país donde hace tan solo unos meses la derecha se consolidó nuevamente en el poder regional a través del liderazgo de Germán Vargas Lleras, figura política que ha sido comparada con Uribe por el férreo control que ejerce sobre su partido y por su relación ambigua con el proceso de paz que se adelanta desde el Gobierno. Esta es, sin duda, una de las opciones políticas de la derecha colombiana de cara a 2018, sin embargo hay analistas[iv] que no descartan perfiles más conciliadores, como por ejemplo Humberto de la Calle, destacado miembro del equipo negociador en La Habana, para un hipotético periodo de posconflicto.

[i] http://www.altocomisionadoparalapaz.gov.co/procesos-y-conversaciones/proceso-de-paz-con-las-farc-ep/documentos-y-comunicados-conjuntos/Documents/acuerdo-victimas.pdf

[ii]http://radiomacondo.fm/2016/02/09/farc-dirige-una-carta-abierta-al-gobierno-sobre-el-plebiscito/

[iii] http://www.semana.com/nacion/articulo/bogota-enrique-penalosa-quiere-construir-en-reserva-forestal-thomas-van-der-hammen/458340

[iv] http://www.politicaexterior.com/latinoamerica-analisis/la-carrera-por-el-poder-de-vargas-lleras-en-colombia/

Doctora en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca (España) y licenciada en Comunicación y Sociología por la misma universidad.

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