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El 3 de mayo pasado tuvo lugar la segunda vuelta en los departamentos de Tarija y Beni. Una vez terminado el escrutinio oficial el MAS ganó, muy ajustado, Beni y la oposición consiguió el 60% en Tarija. El resultado final arroja 6 gobernaciones para el MAS y tres para la oposición. En municipios, el MAS salió victorioso en 228 de los 339 que existen en el país.

Comparando con las subnacionales de 2010, en términos cuantitativos, el resultado es muy similar en número de gobernaciones y municipios, sin embargo hay mucho nuevo en esta elección.

A 10 años del MAS, 6 gobernaciones

El desempeño del MAS en las subnacionales siempre ha estado bastante por debajo de sus resultados en unas elecciones generales. Esto ha generado dudas sobre la fortaleza del partido sin Evo Morales en el cartel. Si en 2009 Evo era reelecto con el 64 % de los votos, pocos meses después, en las subnacionales de principios de 2010 el partido descendía más de 20 % – sin dejar de ser el partido mayoritario y el único con presencia en todo el territorio. Algo similar ocurrió ahora: Evo fue reelecto en octubre de 2014 con casi el 62 % de los votos y el partido estuvo lejos de alcanzar esa marca en las regionales.

Empieza a tener lugar un debate entre las diferencias, y las fortalezas, del evismo respecto al masismo. No solo por los desempeños electorales disímiles sino por la posibilidad de que este sea el último mandato del presidente Morales. Algunas organizaciones sociales, seguramente preocupadas por el resultado, han empezado a manejar la idea de llevar adelante una reforma constitucional- que requeriría de consulta popular- para que el presidente pueda presentarse a las nacionales de 2019. El presidente, sin embargo, ha sido mucho más cauto y ha insistido, en el espacio o foro que ha podido, en la necesidad de fortalecer el instrumento y de buscarle un sucesor. Además de no comprar la hipótesis de que el MAS “perdió” las subnacionales- un marco movido con mucho esmero y no tantos datos por los medios opositores.

Es deseable que este debate se posponga en la medida que, primero, las subnacionales no han sido una catástrofe ni mucho menos; segundo, esto puede suponer un innecesario oxígeno para una oposición que ha salido de las subnacionales tan renovada como fragmentada; tercero, las (supuestas) derrotas no son el mejor momento para plantear discusiones complejas.

El MAS conservó las gobernaciones de Pando, Cochabamba, Potosí, Chuquisaca y Oruro en primera vuelta. La mayoría de estas – salvo Chuquisaca- con una diferencia a su favor notable. Por ejemplo Pando, otrora bastión opositor, revalidó al gobernador masista con más del 65 % de los votos. En Oruro, Potosí y Cochabamba se eligieron buenos candidatos, con perfil público y experiencia en el estado previa – un ex viceministro, un ex diputado y un ex ministro respectivamente. Chuquisaca merece un análisis aparte ya que el principal rival, que estuvo cerca de ganar la elección, fue Damian Condori, dirigente campesino hasta hace muy poco sólido defensor del proceso de cambio. La novedad radica en que una escisión – provocada por la molestia de que, según Condori, no se respetó el acuerdo que suponía que Damian fuera el candidato por el MAS- por la izquierda con un candidato campesino consiguió disputar la elección al MAS. Conviene estar muy atentos a esta situación y para el futuro mejorar la gestión de estos conflictos internos que terminan en desafíos externos. La derecha no tardó ni un día en prestar su apoyo y articularse en torno a la figura de Damián.

La gran noticia, el gran titular de las elecciones a gobernaciones, fue la victoria del MAS, en segunda vuelta, en el Beni, hasta ayer bastión opositor. Esta victoria supone el final de un ascenso continuo del MAS en ese departamento: empezó, en su primer elección, con un 6 %. Y supone también ganar en el único departamento donde Evo nunca consiguió el primer lugar en una nacional. Esto mueve mucho el tablero geopolítico interno. Sin embargo, esta victoria se compensa por el lado de la oposición con su éxito en La Paz. Todo esto, sin embargo, deja intacta la necesidad que tiene el MAS de pensar en la construcción de otros liderazgos locales más amigos de la gestión política exitosa en niveles intermedios, y no solo preocupados en buscar el abrigo de la gestión del presidente.

En 2010 se ganaron solo 3 de las 10 grandes ciudades: El Alto, Cochabamba y Cobija. Este 2014 se ganaron solo dos y no se conservaron ninguna de las tres antes mencionadas. Se ganó Sucre y Potosí, sin duda dos plazas fuertes pero, y esto fue el titular de las municipales, se perdió El Alto. El presidente ha reconocido que le falto valentía para cambiar a un candidato – alcalde en la anterior gestión- fuertemente cuestionado y con muchas dudas sobre su honestidad personal pero fue el único candidato postulado por las organizaciones. El resultado no dejó dudas: la delfín de Samuel Doria Medina – cabeza de oposición, empresario multimillonario que, en su tercer intento, se quedó a casi 40 % del presidente en octubre pasado- Soledad Chapetón ganó con más del 50 %.

La plataforma de la oposición para el 2019

La oposicón revalidó Santa Cruz- con Rubén Costas, el último resabio de la oposición secesionista de 2008-, volvió a ganar en Tarija – con Adrian Oliva, sospechado de ser un hombre próximo a la embajada de EEUU pero que obtuvo un resultado incontestable- y sumó La Paz…

En las generales de octubre el MAS obtuvo casi el 70 % de la votación en el departamento de La Paz, asi como todos los diputados uninominales y los cuatros senadores en liza. Sin embargo, en las regionales el partido se quedó en un modesto 30 % y la victoria se la llevó Felix Patzi, intelectual indígena y ex ministro de educación de Evo. De algún modo puede enmarcárselo en esa nueva oposición junto a Damian Condori. Habrá que esperar a ver bien qué decisiones toma, si se articula con éxito con los otros actores de la oposición y cuál es su relación con el Gobierno. Esta novedad también supone la necesidad de una nueva estrategia para el MAS . En campaña Patzi dijo que él sería el sucesor de Evo el 2019.

Luis Revilla revalidó la alcaldía de La Paz- iba junto a Patzi en la boleta pero ambos confesaron que fue una alianza solo para las elecciones- con un 60% (el candidato del MAS tuvo el mejor desempeño hasta entocnes en la capital, un 40%). Revilla es el exponente del caprilismo en el país: reconoce parte de lo bueno que hizo Evo, procura no entrar en grandes polémicas y se declara harto de la política. Podría suscribir esa frase tan repetida por Capriles: hace falta más trabajo y menos política. Es hombre próximo a Rubén Costas- el mayor exponente de la derecha local- pero en campaña procuró guardar todas las fotos compartidas. Ahora le han surgido otros potenciales competidores con similar discurso y similar posición: la alcaldesa de El Alto, el alcalde de Tarija y , en menor medida, el alcalde de Cochabamba.

Ya mencionamos lo sucedido en el Alto. Chapetón puede representar bien a lo que aspira hoy un joven alteño: de orígenes humildes, trabajadora, constituyente de muy joven, figura mediática y alcaldesa de la urbe que más crece en el país con menos de 40 años. Su principal lastre es su dependencia de Samuel Doria Medina, políticamente amortizado pero con suficiente voluntad y recursos para negarse a aceptarlo: el único oxígeno de su partido en todo el país es Chapetón y, en menor medida, Oliva en la gobernación de Tarija. Habrá que ver si Chapetón se emancipa de su padre politico y cómo gestiona una ciudad muy compleja como es El Alto.

La oposición efectivamente ha tenido una renovación significativa, más de su discurso que de sus cuadros. Se han incorporado a la estela de Rodas, Capriles, Massa. Sin embargo, tienen una heterogenidad que augura no pocas dificultades si tratan de construir una alternativa única. No parecería que los tiros vayan en esa dirección. Aunque aún es pronto para saberlo pero esta incorporación al discurso caprilista ha quitado mucha fuerza al discurso más reaccionario que sostenía que Bolivia vivía en una dictadura, en una excepcionalidad tal que volvía necesario dejar las diferencias a un lado y unirse todos por salvar al país. Si ese discurso no logró consolidar una sola opción electoral en el pasado resulta más difícil creer que ahora, una vez abandonado honestamente o por estrategia, se logre unificar a tantos nuevos y diferentes actores.

Cada vez más en Bolivia se va construyendo una sensibilidad política local : la gente sabe más para qué elige a un alcalde y qué espera de él. Esto va de la mano de la profundización del régimen de autonomías, y es muy probale que esto obligue a estos nuevos líderes a estar más pendientes de sus gestiones y de satisfacer a esas demandas locales que a buscar la pértiga para dar el salto a lo nacional.