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A menudo, desde la ortodoxia del pensamiento económico, se lanzan consignas en forma de dogmas que se repiten una y otra vez desde los medios de comunicación, centros de investigación o universidades dirigidas por el establishment económico mundial. La economía neoclásica -más concretamente su representación práctica de las últimas cuatro décadas, el neoliberalismo – ha rehuido sistemáticamente del debate y de la confrontación de ideas sabiendo que buena parte de las construcciones que ha realizado se desmontan con una reflexión pausada. La inflación, la deuda externa, el gasto público, el déficit fiscal, los impuestos… han sido contados por y para servir a los intereses del gran capital transnacional a través de los numerosos representantes políticos que se han alineado con su discurso.

Desde el año 2008, cuando se hizo aún más evidente el fracaso del neoliberalismo, la economía neoclásica ha seguido insistiendo en explicaciones sobre los fenómenos económicos que se alejan de la realidad y, a partir de éstas, prescribir recetas económicas que fracasan una y otra vez para el bienestar de las grandes mayorías. Es así a pesar de que los mercados bursátiles mundiales ya levantan la cabeza desde hace algunos años, o los grandes indicadores macroeconómicos de los países centrales muestran signos de crecimiento, basta con echar una mirada al modelo de acumulación cada vez más concentrador de la riqueza y empobrecedor del 99% para comprobar su fracaso. Un modelo de acumulación que nos llevó, en el año 2016, a que el 1% más rico de la población mundial concentrara más riqueza que el 50% más pobre (OXFAM, 2016).

Esta situación de injusticia social debe ser contrarrestada desde sus orígenes, desde los cimientos teóricos sobre los que se construyen los postulados económicos dominantes. Es necesario apartar el antifaz que nos impide comprender el verdadero funcionamiento del sistema económico imperante a nivel mundial, abandonar la caverna y no fijarse sólo en las proyecciones de sombras irreales, para así llegar a comprender el verdadero funcionamiento del modelo económico y las alternativas que tenemos al mismo.

Para esto, en primer lugar, algo imprescindible es la consideración e identificación de los problemas socioeconómicos a los que debemos enfrentarnos y que deben enfocarse desde las clases populares, los desposeídos, el 99%… y, en segundo lugar, los distintos marcos teóricos heterodoxos deben ser nuestro sustento para el diseño, evaluación y proposición de políticas económicas que ataquen directa e indirectamente a estos problemas y, al mismo tiempo, nos ayuden a caminar hacia modelos económicos cuya prioridad sea la construcción de un sistema económico más justo y equitativo. Esto pasa por nuevas formas de democratización de la economía donde las mayorías tengan el poder de decisión sobre su destino económico y donde la discusión sobre el papel que debe tener el Estado en estos procesos es un elemento clave.

Estas afirmaciones significan una declaración de principios del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) frente a la economía como ciencia social, que nos sitúan claramente en la heterodoxia del pensamiento económico, alejado de las escuelas de pensamiento tradicional cuyo objetivo primordial es la legitimación del sistema económico capitalista, a través de análisis unidisciplinarios con una elevada complejidad lógico-matemática pero con poca rigurosidad teórica, empírica y alejada de los problemas reales de la sociedad.

Al interior del CELAG se discute, desde la heterodoxia, sobre las distintas escuelas de pensamiento económico que conforman la base de nuestro corpus teórico. El mismo, aunque evidenciado en nuestros documentos de análisis económico, no había sido sistematizado en un documento. La discusión se profundizó el pasado 4 de mayo en el Encuentro de la Economía Por Venir coorganizado por el CELAG. Aunque el objetivo no era una discusión en profundidad sobre los distintos elementos de cada escuela de pensamiento heterodoxo, se evidenciaron muchas de sus potencialidades para la región latinoamericana en el marco de la economía mundial, y se aclararon y ampliaron algunos aspectos relevantes.

En este sentido, en el encuentro se debatieron sobre algunos de los elementos principales de las escuelas de pensamiento económico heterodoxo con mayor incidencia en la región: el estructuralismo cepalino, el post-keynesianismo y el marxismo, que repasamos a continuación.

Escuela estructuralista

Sobre la Escuela estructuralista cepalina deben ponerse en valor las potencialidades en el estudio de las causas histórico-estructurales de muchos de los desequilibrios de la economía mundial, especialmente válido para la región latinoamericana, y de algunos elementos clave para el análisis del desarrollo económico de los distintos territorios. No obstante, debe tenerse en cuenta la necesaria revisión de aquellos elementos teóricos del estructuralismo que surgieron con anterioridad a la globalización neoliberal con una estructura económica internacional muy distinta.

La construcción de un marco analítico que nos permita aproximarnos a los problemas económicos de la región debe considerar los elementos característicos y diferenciales de las dinámicas históricas y socioeconómicas de la región latinoamericana en el marco del capitalismo global. Y es que la región vive un capitalismo que al mismo tiempo que se inserta en el sistema globalizado mundial, conserva más viva que nunca estructuras productivas anacrónicas: métodos de producción del siglo XIX-XX y relaciones serviles de producción que datan de la colonia. Esta ancla al pasado y esta dualidad del sistema de (re)producción, configuró élites empresariales con una forma particular de definir el régimen de acumulación capitalista: mirando siempre hacia afuera (exportación-importación), pero utilizando las estructuras de poder que mantienen hacia adentro.

El estructuralismo como escuela de pensamiento tiene algunas características básicas que lo definen:

(I) El método de aproximación a la situación de la región es histórico-institucional, es decir, los problemas tienen un origen histórico y por ende se definen a partir de un diseño institucional de facto. De esta forma existen condiciones estructurales de partida que impiden alcanzar un desarrollo pleno. El diseño institucional (la gran estructura) condiciona los límites de la política económica y su éxito. Entender a los agentes y las instituciones en su contexto histórico es una vertiente importante del estructuralismo latinoamericano. Las vertientes estructuralistas conservan y se identifican por su método de análisis histórico y el principio normativo de que los Estados Latinoamericanos deben tener un papel activo y central en la conducción del desarrollo económico.

(II) La otra idea fundacional de este pensamiento es que el sistema económico mundial está construido en una relación específica: centro y periferia. Los países centrales se caracterizan por un alto grado de diversificación económica y la homogeneidad de la estructura productiva; mientras que los países periféricos, se distinguen por su especialización en la producción de productos primarios y la heterogeneidad que se evidencia en la coexistencia de sectores de alta productividad del trabajo con otros más rezagados (Sztulwark, 2005). Esta arquitectura internacional “condicionaba el tipo de intercambio comercial y de transferencia tecnológica en la economía mundial”.

(III) Economías basadas en el sector primario exportador; disparidad de productividad entre dos sectores; una estructura institucional poco orientada a la inversión y al progreso técnico y la restricción externa como condición monetaria fundamental que limita la cantidad de divisas necesarias para financiar la transformación. El camino hacia al desarrollo, desde la perspectiva cepalina, requiere de un cambio estructural que consiga aumentar la productividad y lograr el tránsito de los trabajadores hacia esos nuevos sectores. En este enfoque, el Estado adquiere un papel fundamental como ordenador del desarrollo económico, dado que asume que la estructura productiva no mejora de manera espontánea sino que requiere de una fuerte conducción estatal.

Estos aportes son recogidos en una versión moderna denotada como neoestructuralismo, que, sin abandonar la idea de cambio estructural, establece que la incorporación del progreso técnico debe ir acompañada de la consecución de una sociedad más equitativa y enfatiza en la articulación entre el sector industrial con las explotaciones primarias (Sztulwark, 2005). Vuelta de tuerca que da cabida al análisis de la contribución de un sector primario al desarrollo económico.

Las transformaciones que ha suscitado la globalización durante el siglo XXI, corroboraron que la producción de bienes industriales no es siempre señal de cambio estructural y a su vez que los productos primarios pueden ser descomoditizables. En coherencia, el cambio estructural no depende del tipo de bien, sino que su esencia remite a la forma en que se producen. Tras esta constatación, se incorpora a las actividades basadas en recursos naturales dentro de la estrategia de desarrollo sin desplazar la importancia de la conducta tecnológica de innovación. De esta manera, concibe la posibilidad de desarrollar complejos productivos en torno a los recursos naturales.

Resumiendo, tenemos que en el pensamiento neoestructuralista se articulan tres ideas fuerza: la complejización de la estructura productiva y tecnológica; el rol del Estado en el desarrollo económico y la transformación social que debe estar aparejada a cualquier estrategia desarrollista.

Escuela post-keynesiana

Es imprescindible la consideración de numerosos elementos importantes de la escuela post-keynesiana, como el papel que juega el conflicto de clases; el poder de mercado y la necesidad imperante de su inclusión en el análisis económico; la teoría de la endogeneidad del dinero como elemento fundamental en el estudio de los sistemas financieros y la política monetaria; así como las importantes aportaciones para estudios rigurosos e integrales sobre la inflación a través de elementos como la concentración de poder, las estructuras de costes y el conflicto. Debe enfatizarse en este punto, la importancia del papel del Estado y de la política económica en los procesos de democratización de la economía, rechazando el papel del sector público como facilitador de los negocios del gran capital.

De esta manera, la Escuela post-keynesiana realiza una observación crítica de las fluctuaciones cíclicas en contextos políticos, pretéritos y actuales, fuertemente desregulados, poniendo en evidencia la incapacidad de auto-regulación del sistema económico dominante en el mundo actual. Por esto, enfatiza en la necesidad de regulaciones que minimicen la intensidad de esas fluctuaciones y estimulen niveles crecientes de producción y empleo. Las variaciones cíclicas por cambios en las preferencias por la liquidez, determinadas por la incertidumbre inherente al sistema capitalista y la posibilidad de definir un equilibrio con subempleo, justifican la intervención de un agente con estrategias regulatorias que estabilicen, o amplíen, el proceso productivo para alcanzar el uso pleno de los recursos disponibles.

En tal sentido, ofrece un conjunto de categorías analíticas y relaciones útiles para comprender la dinámica del sistema económico actual, generando la posibilidad de diseñar dispositivos regulatorios con pertinencia y efectividad en la búsqueda de un resultado más eficiente, en términos de provisión de bienes y servicios, y equitativo, en términos de una distribución menos desigual del resultado del esfuerzo individual y colectivo.

Sobre las enseñanzas keynesianas relacionadas con las teorías de la determinación de la renta, de la inversión y de la tasa de interés, enfatizan sobre las condiciones de incertidumbre en que se desarrolla la producción en una economía monetaria. En condiciones de incertidumbre sobre el valor futuro de los activos físicos y financieros, el dinero representa un activo con características especiales que lo hacen único en su condición de depósito de valor. Atacando de esta forma el axioma de la sustitución bruta, central en la teoría ortodoxa en sus diferentes variantes, que postula la existencia de un sustituto para cada bien o recurso. La especificidad del dinero, a diferencia del mundo teórico convencional, lo convierten en un activo irremplazable y las variaciones en su demanda son fuente de inestabilidad en la definición y materialización de planes de producción, empleo, ahorro e inversión, definiendo su condición de no neutralidad.

La economía monetaria ha ido observando un creciente nivel de contractualización con el objeto de definir precios futuros en contextos de impredecibilidad y, con ello, construyendo una institucionalidad que legitimara el conjunto de contratos. En el pasado reciente, esa institucionalidad descansaba sobre organizaciones políticas: en el ámbito nacional, los tres poderes del Estado de las democracias burguesas y; en plano internacional, organismos supranacionales como la Organización de Naciones Unidas (ONU), el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) o la Organización Mundial del Comercio (hoy OMC, cuyo embrión fue el antiguo GATT).

En la actualidad, con la creciente concentración de capital y el cambio en su fracción dominante, el capital financiero, la legitimación del sistema se ha desplazado al ámbito privado, donde las calificadoras de riesgo están jugando un papel central con las consecuencias visibles de debilitamiento de las instancias políticas de regulación, en particular las nacionales y subnacionales. Igualmente se expresa en el debilitamiento de la dinámica productiva expresada en la tasa de crecimiento; la creciente inestabilidad cíclica identificada en la variación de esas tasas; y la creciente resolución de problemas económicos con alternativas de no mercado, con creciente incidencia de la generación y gestión de rentas que se realiza intra-corporaciones a escala planetaria.

En cuanto a la comprensión de uno de los problemas económicos de mayor calado, la formación de precios, la teoría post-keynesiana realiza dos aportes significativos para los éxitos y fracasos observados en América Latina. Por una parte, discute su naturaleza no monetaria y, por otra, destaca el papel de los precios como escenario de la disputa distributiva. Sin embargo, el proceso de desmonetización en el mediano y largo plazo afecta el nivel de producción y el empleo.

Escuela marxista

El paradigma marxiano nos ofrece un análisis radical de las causas inherentes al sistema económico de las crisis, nos ayuda a entender el papel del dinero, del capital financiero, del crédito y de la deuda en la economía. Además, aporta elementos muy valiosos para el estudio de la inflación y los conflictos que subyacen del modelo socioeconómico. A través del análisis del metabolismo económico-social obtenemos un enfoque integral de las relaciones socioeconómicas de las poblaciones y entre éstas y el medio natural.

Especial interés suscita la potencialidad del paradigma marxista para la comprensión e interpretación de las crisis recurrentes. El capitalismo, y especialmente su fase neoliberal globalizada, no solo genera crecientes sufrimientos populares, sino que su lógica de funcionamiento desencadena crisis periódicas, tanto localizadas geográficamente como globales. Un rápido vistazo a las últimas décadas nos permite observar la enorme cantidad de crisis que ha habido hasta la gran crisis global que se inició en 2008. La gran mayoría de estas crisis tienen un detonante financiero que puede alejarnos de una comprensión radical y sistémica de sus causas. A través del análisis marxista, obtendremos elementos imprescindibles para comprender las contradicciones inherentes al sistema capitalista que nos permiten indagar en los mecanismos de las crisis y que nos llevan irremediablemente al análisis de la lógica de funcionamiento de la economía real: la producción y la teoría del valor trabajo.

En este sentido, la expansión y las transformaciones ocurridas en el ámbito financiero en las últimas décadas, lo que sería la superficie del sistema, derivan de las contradicciones y reestructuraciones que se suceden en el ámbito real, en las placas tectónicas del sistema. El instrumento financiero permite, por un lado, “salvar” temporalmente las contradicciones inherentes a la lógica del capital y aplazar (incrementando su potencialidad) las crisis. Pero, por otro lado, es un mecanismo muy eficiente para recomponer la tasa de ganancia que ha podido perderse en la producción.

Es en este paradigma donde puede estudiarse la función de desposesión que tiene el dinero-deuda, constituyendo un mecanismo de transferencia de renta de los de abajo hacia los de arriba y, simultáneamente, siendo un instrumento realmente poderoso para condicionar e imponer a los países políticas económicas de corte neoliberal, sobre las cuales América Latina tiene una amplia experiencia. Como vemos, para esto es necesario un riguroso análisis del papel y funciones del dinero y sus transformaciones determinadas por la dinámica de acumulación, la competencia y la plusvalía. Un análisis olvidado por la teoría ortodoxa y que sobrepasa lo económico y requiere de un enfoque interdisciplinar con la política, la sociología y la antropología.

En pleno proceso de revolución digital es imprescindible un marco analítico que nos permita estudiar las relaciones entre el cambio tecnológico y el trabajo y su organización, las condiciones de vida, la desigualdad, en definitiva, el desarrollo económico y social. El objetivo de la incorporación de las innovaciones en los procesos productivos es el incremento de la tasa de plusvalía, concretamente, la tasa de plusvalía relativa. Aunque de forma temporal surge la llamada plusvalía extraordinaria para el capitalista innovador que puede aprovechar las ventajas de una mayor productividad. El cambio tecnológico incentivado por un mayor lucro y poder desemboca en una competencia feroz que se convierte en una palanca para la sobreproducción y una tendencia al desempleo, desestabilizando la acumulación y potencializando las crisis.

El paradigma marxista es muy útil para analizar la lógica de la relación centro-periferia subyacente en la actual economía-mundo capitalista. Entendiéndolo como un proceso dialéctico, lleno de contradicciones, entre las fuerzas productivas capitalistas en expansión y las dinámicas que retroalimentan la situación de dependencia en la cadena de valor global y las fracturas centro-periferia. Este análisis dialéctico que reconoce la variedad del desarrollo histórico, permite evaluar la dinámica de procesos de crecimiento como el de China y que rompen con las tesis estructurales clásicas del centro-periferia.

Aunque es cierto que el centro del análisis de la teoría marxista se sitúa en el ámbito de la producción y el trabajo, no toda la acumulación y reproducción del capital se produce en este ámbito. En este punto resulta de enorme utilidad la categoría de acumulación por desposesión[1] basada en la teoría de la acumulación originaria de Marx.

En la actualidad, el sistema capitalista tiene distintos mecanismos de apropiarse de la riqueza generada, mecanismos que son complementarios a la explotación del trabajo asalariado. Con el objetivo de recuperar y aumentar la tasa de ganancia, el poder de las oligarquías y el dominio en el campo ideológico, el sistema genera toda una serie de procesos que tratan de garantizar su reproducción material y de clase. En cada economía, y en distintos momentos históricos, los mecanismos de desposesión utilizados con más intensidad varían, por lo que es necesario analizarlos y sacarlos a la luz. Las formas de desposesión son múltiples y cada una puede tener distintos actores y procedimientos. El aumento inducido de los precios de los productos necesarios para la vida, los procesos de mercantilización y privatización de servicios públicos universales como la salud y la educación, los sistemas impositivos regresivos e injustos, los intereses de la deuda pública y privada, el control sobre los medios de comunicación y la cultura, son ejemplos de estos mecanismos de desposesión sobre los distintos espacios de nuestra vida personal y colectiva, tanto en el ámbito material como en el político e ideológico.

Conclusiones

Se han presentado tres escuelas de pensamiento económico que forman parte de la caja de herramientas teóricas del CELAG para comprender e interpretar la economía mundo capitalista y desarrollar alternativas que permitan avanzar hacia un modelo de desarrollo económico más justo y equitativo. Sin embargo, es necesario remarcar que las herramientas para combatir el pensamiento económico neoclásico que constituyente de la ortodoxia, no queda circunscrito a estas tres Escuelas de pensamiento económico, sino que en la caja de herramientas del CELAG tienen cabida las interpretaciones realizadas desde otras escuelas y teorías como la Economía Institucional, la Economía Ecológica, las tesis de Financiarización… De esta forma, consideramos evidenciar la imperante necesidad de la complementariedad en el uso de las distintas teorías heterodoxas para el análisis de una realidad compleja y cambiante, huyendo de la tesis de que un paradigma teórico pueda explicarlo todo, como sí tratan de hacerlo desde el paradigma neoclásico.

La complejidad de los problemas analizados y las carencias evidentes de la monoeconomía imperante para su explicación, exigen la amplitud de los análisis, huyendo del encasillamiento teórico y abordando las diferentes problemáticas desde la transdisciplinariedad. Esto permitirá abordar los problemas reales de las grandes mayorías, y que el sustento teórico bien fundamentado permita el desarrollo efectivo, a través del diseño de la política pública, de soluciones a los problemas reales que presenta el modelo socioeconómico imperante.

Bibliografía.

OXFAM (2016). Una economía para el 99%. Acabar con los privilegios y la concentración de poder para frenar la desigualdad extrema.

Sztulwark, S. (2005). El estructuralismo latinoamericano: fundamentos y transformaciones del pensamiento económico de la periferia. Buenos Aires: Prometeo.

[1] El geógrafo David Harvey lo ha denominado como la etapa de la desposesión, entendida como una situación en la que se intensifican los mecanismos a través de los cuales se expolia al trabajador del excedente que ha logrado retener mediante su salario. Así, el capital logra recuperar en el ámbito de la circulación parte de lo que se le ha escapado en el ámbito de la producción, que es donde se reparte el excedente.

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