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Nicolás Oliva

Mg. en Economía

Después de casi una década ganada, Ecuador enfrenta un doble reto en materia económica. El primero es cómo sortear una crisis internacional producto de la caída del precio petróleo sin soberanía monetaria. El segundo reto es epistemológico, en la medida en que los académicos y asesores cerca y lejos del gobierno, aquellos que han nacido en una nueva episteme económica y aquellos que comprobaron que otra economía era posible, hoy tienen el reto de jugar a contra corriente y demostrar que una economía alejada del neoliberalismo y sus recetas puede sortear la crisis internacional.

Hay que comenzar reconociendo que la tarea no es fácil. El miedo a fastidiar la situación construye, como es natural, una parálisis para tomar medidas que son vistas como riesgosas, aún cuando éstas apunten a cambios estructurales. Por esta razón, es más que normal que los fantasmas de la teorías convencionales comiencen a sonar plausibles, no porque tengan evidencia de su efectividad, sino por el dominio que ha tenido el pensamiento dominante en la formación de los profesionales de este país. Hasta los confesos heterodoxos  estarán preguntándose si tomar el camino contrario.

A este dilema hay que sumar un ingrediente: los espíritus rentistas que demandan garantizar su cuota de ganancia, los cuales bajo el chantaje de la destrucción de empleo colocan al Estado en una encrucijada. La situación no es sencilla para Ecuador: dolarización, restricción externa, ataque permanente al modelo social de gasto y espíritus rentistas que asechan al Estado. Ante esta situación creemos que es importante discutir algunos principio básicos ya aplicados por la Revolución Ciudadana pero que, con el paso de los años y la prisas, pueden haber sido olvidados, lo cual dejaría el camino libre para que el neoliberalismo vuelva a entrar por la puerta grande.

El Estado de Confianza

El éxito de la política macroeconómica, en resumen, es garantizar el pleno empleo y la estabilidad de precios. En una economía capitalista un factor determinante para aquello, además del Gobierno, son las expectativas de los empresarios (y trabajadores) sobre las ganancias (salarios) futuros o lo incierto de sus previsiones. Es lo que Keynes denominó el “Estado de Confianza, (..) asunto al que los hombres prácticos le conceden la atención más estrecha y preocupada. Pero los economistas no la han analizado cuidadosamente (…) y se han conformado con estudiar de forma general” (página 158 de la Teoría General). El estado de confianza es el canal por el cual la demanda agregada se efectiviza arrastrando el empleo, la inversión, la generación de ingreso y consumo de los hogares. Por lo tanto ¿Cómo se puede fortalecer el Estado de Confianza en momento de expectativas inciertas? No existe una receta, pero es fundamental que el gobierno dedique una gran parte de su tiempo a crear las señales correctas para tranquilizar las expectativas de la gente. La Revolución Ciudadana, mejor que nadie, puede hacerlo. Los niveles de aceptación del presidente aún son los más altos de la región lo cual indica que el músculo político puede trasmitir la confianza necesaria para que el país pueda superar esta crisis. Esa es una tarea pendiente que debe ser discutida a detalle. Ahora, las señales claras sirven solamente en la medida en que la gente no perciba que la actividad económica se está deprimiendo sin ningún indicio de recuperación. Cuando las personas no sientan seguridad de mantener su empleo el mes que viene reducirán su consumo; una vez que las empresas sientan una disminución de ventas recortarán su consumo intermedio, el empleo y descartarán las inversiones futuras. Y así el ciclo se repetirá generando desempleo, menos ventas de las empresas y la economía se hundirá hasta el fondo. Esta espiral de recesión económica tiene una razón fundamental: la demanda agregada de la economía dejó de estar presente.

Si dejamos de precautelar la demanda agregada, habremos perdido el timón del barco y la económica tarde o temprano naufragará hacia el desempleo. Cuando la demanda se deprime arrastra consigo el estado de confianza de la sociedad y, una vez que éste se ha perdido, cuesta mucho recuperarlo; es difícil devolver a los trabajadores la confianza de que no perderán su empleo y a los empresarios de que venderán sus productos en un mercado sin demanda. Por lo tanto, los trabajadores no consumen y a su vez las empresas no venden, dando como resultado una reducción del ingreso nacional. Por esto, la forma más certera de recuperar el Estado de Confianza y volver al auge económico es a través de políticas que conserven la demanda agregada.

Cómo proteger la demanda agregada

En momentos de desaceleración y falta de confianza no es simple cuidar la demanda agregada. Porque al igual que otros fenómenos económicos, la demanda agregada sufre de una “paradoja de agregados“: el comportamiento individual que puede ser beneficioso para un agente, cuando es replicado por todos los agentes de la economía, resulta perjudicial para el colectivo. Por ejemplo, la paradoja Keynesiana del ahorro es especialmente sugestiva: siempre será deseable que los individuos ahorren porque esto genera el capital suficiente para que la inversión se dinamice y se desarrolle la producción. No obstante, si todos los agentes en la sociedad deciden adoptar ese comportamiento entonces el exceso de ahorro deprimirá el consumo y por lo tanto las ventas de las empresas y el empleo, con lo cual el ingreso de los hogares se reducirá, dando como resultado un nivel de ahorro agregado menor al que inicialmente los individuos deseaban. De la misma forma, en momentos de crisis de demanda, como explica Krugman, es prudente que un agente sea más precavido en momentos de inestabilidad económica y reduzca su consumo e inversión. El problema surge cuando todos los agentes hacen lo mismo lo cual repercutirá en que nadie consuma, las empresas no vendad, no inviertan y por lo tanto el ingreso y el consumo nacional disminuya. Entonces surge la pregunta ¿cómo romper con la paradoja para que la demanda agregada no se deprima? Como señalan autores como Krugman, la única forma es que alguno de los agentes haga exactamente lo contrario a todos los demás, es decir, se necesita que alguien se endeude, consuma e invierta de tal forma que rompa el circulo vicioso y recupere la confianza de la economía. El único agente que lo puede hacer es el Estado a través del gasto público.

Hemos intentando ser sucintos y relevar la importancia de la demanda agregada y el gasto público como elementos claves de la estabilidad económica; si claudicamos en la guerra conceptual y permitimos que las políticas neoliberales que descuidan la demanda agregada y desmantelan al Estado se instalen, habremos perdido el timón del modelo que tanto éxito ha tenido en los últimos 8 años. La receta neoliberal exigirá exactamente lo contrario.