5 min. lectura

Por Esteban De Gori

I

Hoy entre los dilemas del kirchnerismo, además de la situación económica (inflación, puja distributiva, reducción de reservas, presión de los holdouts, etc.), deben considerarse las encuestas y el problema de la sucesión presidencial.

En el mes de agosto de 2014 –a un año de las elecciones primarias PASO-, las encuestadoras Aresco, Poliarquía e Isonomía entienden que la mayor intención de voto se circunscribe a tres candidatos: Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri (las cuales concentrarían el 70% de las voluntades electorales). Si bien, los últimos dos candidatos son claramente las nuevas derechas que construyó el kirchnerismo con el avance de sus políticas y los conflictos que estas implicaron, el rol y la posición de Scioli parece más controversial y ambigua. Controversial, no tanto por la discursividad de Scioli, sino por la zigzagueante relación que le propone el kirchnerismo. Es decir, el kirchnerismo ha suspendido la decisión si acordará o enfrentará a un candidato que todavía se inscribe en el mismo espacio (Frente para la Victoria) que la presidenta. El FPV todavía concentra poder estatal y electoral que le permite establecer fronteras y negociaciones. Inclusive, ha provocado en los últimos años un cierto consenso en políticas distributivas que hoy tanto Macri, como Massa no se animan a contrariar. Incluso, entienden que se pueden mantener algunas políticas y ofrecer una formula viable para los sectores empresariales. Solo un descalabro o crisis económica que erosione al kircherismo abriría la posibilidad de avanzar decididamente sobre esas fronteras.

II

Daniel Scioli mantiene una posición pendular (frente a las ideas y venidas del kirchnerismo). Se mueve entre la autonomía y la heteronomía con respecto al oficialismo, se autonomiza cuando las decisiones pueden desgastarlo (como la confrontación abierta con sectores empresariales, como aquellos del agro) y apela a la lealtad presidencial cuando entiende que, o bien puede acumular políticamente con dicha adhesión o que se encuentra en juego parte de la geometría de poder que pretende establecer en el futuro. Por ejemplo: necesita que el conflicto con los holdouts se resuelva porque esa es posibilidad de tomar deuda a bajo costo, frenar la fuga de reservas y estabilizar la situación del dólar.

Scioli, en el último tiempo, ha dejado de esperar y se ha lanzado como candidato a presidente. Casi de manera simultánea, un conjunto de ministros del gabinete actual (Randazzo y Rossi), el jefe de la Cámara de Diputados (Julián Domínguez – ex intendente de Chivilcoy) y el gobernador de Entre Ríos han construido sus candidaturas apegados directamente a la figura presidencial. A diferencia de Scioli, han “atado” su futuro al futuro del kirchnerismo y su audacia; mientras Scioli se mueve como un anfibio. Entra y sale de la toldería oficialista, sobre todo, para garantizar la gobernabilidad –presupuestaria- en la Provincia de Buenos Aires (territorio que representa el 38% del padrón nacional) y controlar las protestas que podrían originarse desde sindicatos estatales o vinculados a la educación.

III

El mosaico de candidatos pro-oficialistas se enfrenta a la imagen y construcción de Daniel Scioli. Éste, no solo ha capturado el apoyo de una masa importante de intendentes de la Provincia de Buenos Aires, como de gobernadores como Francisco Pérez (Mendoza) y José Luis Gioja (San Juan); sino que sin desmarcarse totalmente del oficialismo ha cultivado una  posición “reconciliacionista”, pos-política (tecnocratización de la gestión y expulsión del conflicto de la misma) y de extrema moderación, lo cual es un guiño a los poderes económicos que se sintieron “heridos” simbólica y materialmente estos años. Scioli es y no es –al mismo tiempo- el adversario político que el kirchnerismo construyó en el marco de sus conflictos. Scioli es una forma de superviviencia, una trayectoria controversial que instituyó el oficialismo en la lucha con diversos poderes. Para resistir y convivir con y en el kirchnerismo, Scioli se ha convertido en el “doctor jekyll y el señor hyde”. Figuras que generan incertidumbre en el kirchnersimo, ya que no saben si vendrá la moderación del sanador (incorporando al oficialismo en un esquema de gobernabilidad) o la monstruosidad que se lleva puesto todo.

A diferencia del mosaico de candidatos pro-oficialistas atados a la política de la presidenta y su suerte; su estrategia es recrear la promesa de forjar un  nuevo “pacto de rentabilidad”, y si es posible un pacto de gobernabilidad con grupos empresariales. En parte, esto se encuentra orientado en el conocimiento de que persistirá la crisis mundial y la contracción del crecimiento y distribución en la región. Por lo tanto, se presenta como un candidato moderado, para tiempos moderados.

IV

Scioli busca ser el principal sucesor. Una palabra maldita y peligrosa dentro del peronismo, sobre todo, cuando no se tiene el apoyo total de la presidencia. Por ahora ha construido alianzas territoriales (gobernadores, intendentes), empresariales; pero todavía no posee ni articula una fuerza social (movimientos sociales, sindicatos, etc.) que pueda equilibrar, limitar o disputar las apetencias de los empresarios nacionales e internacionales. Actualmente, solo el poder de los intendentes puede constituir cierto límite a dichas apetencias y garantizar el control del territorio y de la movilización. Por tanto, éstos intentarán ocupar el espacio de sindicatos, movimientos sociales y organizaciones de base que actualmente no se han pronunciado a favor del sciolismo.  La ausencia de una fuerza social movilizada, puede colocar a Scioli en el ring que elija la derecha. Una derecha que anhela el triunfo de Marina Silva en Brasil y de Capriles en Venezuela.

V

En los próximos meses, Scioli y su espacio político, se convertirán en un laboratorio de acciones que nos permitirá calibrar mejor su trayectoria de acción y de articulación con otros sectores. Scioli, el que promete ser el sucesor, está lanzado. Solo falta observar cómo va a cruzar el Rubicon.