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De los tres grandes instrumentos de producción de sentido común a los que aludía Antonio Gramsci, los medios de comunicación se han convertido en los más eficaces. Sin duda, la religión y la educación siguen siendo potentísimos productores de hegemonía, pero lo comunicacional se ha impuesto por encima de ambas. La guerra política es, hoy más que nunca, una guerra comunicativa.

Latinoamérica ha sido en estas dos últimas décadas el escenario en el que se han librado las batallas más feroces de esa guerra. Los procesos de emancipación se abrieron camino a pesar del monopolio ideológico impuesto por las terminales mediáticas del neoliberalismo. La conquista de las instituciones –Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia, Paraguay…- permitió poner los cimientos de un sistema de contrainformación, también con pretensiones hegemónicas, cuyo objetivo último era desplazar de la centralidad del tablero a quien la había ocupado secularmente. Al igual que en política, economía u organización social, no se trataba de ofrecer un modelo alternativo sino antagónico, necesariamente excluyente de su contrario. Este enfrentamiento, con desiguales resultados, continúa aún.

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Latinoamerica en la encrucijada mediatica