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Hoy Ecuador es testigo de uno más de los procesos destituyentes que están sembrando de golpes nuestra geografía latinoamericana. En Ecuador la confrontación coloca a un lado a intereses económicos y políticos ideológicamente conservadores que tradicionalmente han dominado el país, enfrentados a un ejecutivo que acumula 8 años de gobierno y de esfuerzos por lograr una mejor distribución del ingreso. La derecha dividida encontró coherencia bajo la bandera de la rebelión contra las leyes de herencia y plusvalía inmobiliaria, pero como desaparecida la mecha, el fuego queda, juntó fuerzas para desafiar el poder político constitucional de Rafael Correa.
Se ha instalado un clima destituyente, una forma de golpismo relativamente nueva porque el mismo guion ya se ha repetido en varios escenarios latinoamericanos. Se diferencia del golpe clásico porque no recurre al uso de la violencia para interrumpir por la fuerza el orden constitucional, sino que se siembran argumentos y descontento, utilizando eficientemente las redes sociales para divulgar hasta el hartazgo mensajes directos, sencillos y falsos que se hacen verdaderos a costa de la repetición, se apoyan en los medios masivos de comunicación monopólicos, que orquestan la puesta en escena nacional e internacional para recrear este ambiente destituyente, fomentando en la ciudadanía el irrespeto por el orden constitucional basado en el derecho a rebelión de los ricos.
La atmósfera destituyente sobrevivió al disparador inicial de las leyes de herencias y plusvalías porque avanza sobre dos temas clásicos de ideología conservadora, uno de ellos el enfrentamiento de clases que se puso de manifiesto en las numerosas pancartas de la oposición contra los “nuevos ricos y los sanducheros”.
Es imposible evitar el conflicto de clases. Ecuador al igual que el resto de América Latina desde su origen ha sido una sociedad de grandes desigualdades, y cualquier esfuerzo redistributivo para corregirla, como el que ha hecho el proceso de la Revolución Ciudadana, inevitablemente desencadenará el odio visceral de las clases acomodadas, porque la mejoría de la población más pobre, cambia el statu quo y amenaza su posición y privilegio. Para ejemplificarlo al detalle, permítanme citar la brillante frase acuñada por el periodista Carlos Barragán: “Al final, si un negro vive como uno, es que uno tiene una vida de negros”.
El desprecio a los nuevos ricos plasmado en las pancartas opositoras demanda otro análisis. ¿Cómo puede despreciarse que haya nuevos ricos? Una sociedad estancada tiene los ricos de siempre, en cambio, una sociedad que genera oportunidades y crecimiento generará nuevos ricos. Los nuevos ricos son un indicador de la movilidad social de Ecuador. ¡Bienvenidos los nuevos ricos! Y si a los viejos ricos no les gustan los nuevos porque fallan en modales, no se preocupen que ya sus hijos adquirirán plenamente los refinamientos sociales que genera la riqueza. Una gran porción de los pobres de Ecuador lograron ascender a la clase media emergente, y algunos de estos han ascendido a ricos. Ecuador no propone un modelo de igualdades absolutas, sino uno de igualdad de oportunidades, y esta movilidad que demuestran las pancartas significa que la están aprovechando.
Otra manifestación de este mismo odio social es la despectiva acusación de “sanducheros” a los defensores del gobierno. Es decir, los acusan de no manifestarse “por convicción” sino “vendidos” por el interés económico. Y por un interés diminuto como el tamaño de un sánduche. Esta acusación es muy inteligente porque frente a los interesados sanducheros, la oposición ha conseguido colocarse en el extremo opuesto como desinteresada, motivada por convicciones y no por intereses. Y es claro que no es así sino al revés. Quién tiene más intereses o intereses más justos. Los sanducheros del oficialismo que se venden por un dólar de alimento (o un sueldo), o los de la oposición que se movilizan por intereses como la herencia familiar, las plusvalías inmobiliarias, contra los impuestos que pagan sus empresas etc. ¿Quién es el interesado? ¿Quién es el sanduchero?
El otro tópico que predominó en las pancartas de la oposición, fue un férreo ataque al Estado, mostrando una predilección por el Estado mínimo en las consignas que básicamente se resumían en críticas al tamaño del Estado, a su ineficacia y a los altos tributos para financiarlos. Si esta oposición consiguiera llevar a cabo su propuesta del Estado mínimo, viajaríamos en el tiempo hasta lograr una sociedad prehistórica o peor, volveríamos a los 90.
El ataque al Estado solo puede obedecer a dos razones: o es fruto del interés corporativo o de la ignorancia. Fruto de la ignorancia porque todo el conocimiento histórico disponible confirma que sencillamente “no es posible” desarrollarse sin una participación muy activa del Estado, sobre todo en los países que llegamos tardíamente al desarrollo. Y fruto de intereses corporativos porque el subdesarrollo de nuestros países es conveniente para más de uno. Muchos sectores privilegiados obtienen ganancias y una posición relativa que puede verse amenazada con el desarrollo del conjunto. Ejemplo de ello son los importadores y los comercializadores de importaciones, los exportadores de productos primarios, los ejecutivos y profesionales vinculados a estos intereses y por supuesto, las empresas extranjeras de los países beneficiados por el estatus actual y sus embajadas. A todos ellos les conviene una economía subdesarrollada, y terminan promoviendo políticas antinacionales como la del Estado mínimo. Como decía Federico List, una vez que los países alcanzan el desarrollo, patean la escalera por la que subieron para que el resto no siga su camino. Esto es así porque cualquier esfuerzo industrialista debería avanzar al menos protegiendo y financiando algunos sectores industriales, lo que demanda Estado e impuestos. En definitiva, existen grupos corporativos cuyos intereses están alineados con la oposición al gobierno.
El mismo proceso que estos días atraviesa Ecuador lo sufrieron otros países de nuestra región, como Argentina, Venezuela y Brasil. El libreto es repetido y consiste básicamente en utilizar como detonante cualquier excusa tributaria. Un impuesto a las exportaciones primarias en Argentina, los precios del transporte en Brasil y la modificación a los impuestos a la herencia y las plusvalías aquí. Se agita un proceso inicial de rebelión fiscal que termina mudando a rebelión total contra el gobierno. La oposición suma a la clase media y acomodada que cortan calles, organizan cacelorazos, caravanas o bocinazos para contribuir a la atmosfera destituyente. Los medios de comunicación difunden un mensaje que contribuye a la inestabilidad y se utilizan extensivamente las redes sociales con consignas falsas que sobre todo acusan al gobierno de corrupción o directamente criminalidad. Existen equipos contratados que activan las redes para que los mensajes desestabilizadores circulen con eficacia. Participan las embajadas extranjeras y los medios extranjeros articulan con el mismo mensaje. Todo combinado con servicios secretos infiltrados e intentos por crear un muerto para echarle encima el cadáver al gobierno. La apuesta es total y a corto y mediano plazo, porque a largo plazo la verdad siempre cunde y termina actuando como boomerang perjudicando a quienes lanzaron las falsedades.
En Ecuador el ataque recién comienza pero está siguiendo el guion. Es necesario actuar rápido siguiendo los aprendizajes de las otras experiencias latinoamericanas. Deben redoblarse los esfuerzos por informar más y mejor, denunciar las mentiras y falsedades, recurrir a las redes sociales, organizar un apoyo de intelectuales, artistas y académicos que, correistas o no, estén a favor de la democracia. Ysobre todo, “lanzar muchas iniciativas de política” progresistas. El gobierno tiene que aprovechar esta coyuntura desfavorable para salir por la delantera, para ir por más, para retomar la iniciativa en lugar de seguir la agenda de la oposición. En el ejemplo de Argentina, tras el intento destituyente se lanzó el programa de la Asignación Universal por Hijo, la recuperación Aerolíneas Argentinas y la renacionalización de la empresa nacional de hidrocarburos YPF entre muchas medidas muy efectivas. Aprovecho este medio para ser constructivo, para pedirle al gobierno que modifique la política de subsidios a los combustibles, buscando una propuesta energéticamente racional y respetuosa con el medio ambiente, porque una cosa que demostraron las caravanas de cochazos opositores que embanderados de negro circulaban bocinando por la ciudad, es que no tiene sentido que paguen el mismo precio subsidiado por el diesel o por la gasolina que las empresas de transporte, que el taxista, que el pobre de siempre o que el nuevo señor de clase media que tiene un auto de cilindrada media.
Por más que tengamos muy, poco o nada en acuerdo o desacuerdo con el proceso de la Revolución Ciudadana, que valoremos más sus contradicciones que sus aciertos, lo cierto es que los demócratas de muy heterogéneos pareceres estamos de acuerdo en que debemos apoyar al gobierno en contra de quienes pretenden domesticarlo o derrocarlo por medios ilegítimos sembrando desinformación, apoyados en intereses extranjeros, campañas sucias y falsedades difundidas por la prensa monopólica nacional e internacional. No basta con denunciar este intento destituyente, los demócratas e intelectuales en Ecuador no pueden permanecer indolentes, deben contribuir activamente a evitarlo porque conocemos bien que después de cada golpe, el que siempre sale golpeado, es el pueblo.