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Este domingo se llevaron a cabo las elecciones primarias del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) para elegir a los candidatos que se presentarán en las elecciones legislativas del 6 de diciembre, en las cuales se renovará la totalidad de los miembros (165) de la Asamblea Nacional.

A poco más de un mes de haberse celebrado las controvertidas internas de la oposición en las que la Mesa de Unidad Democrática (MUD) sometió a votación la elección de una porción mínima de sus candidatos (solo 33 de las 87 circunscripciones electorales, alcanzando una participación de apenas 540.000 electores), el chavismo está llevando a cabo un proceso inédito de participación popular como muestra de su capacidad de movilización y organización de sus bases sociales. Las primarias del PSUV se celebraron en la totalidad de las circunscripciones electorales del país y, al igual que las de la oposición, fue una elección interna abierta a toda la población, independientemente de su afiliación partidaria. El primer dato significativo es la participación en los comicios internos de 3.160.400 electores.

Como viene sucediendo desde el inicio de la Revolución, las citas electorales constituyen un mecanismo de activación de la soberanía popular en el que el proceso político se va consolidando al incorporar cada vez más componentes de la democracia participativa y protagónica. En un escenario de ataque sistemático por parte de los centros de poder estadounidenses y europeos, y sus voceros mediáticos, no está de mas volver a repetir que el chavismo ganó en los últimos dieciséis años 18 de las 19 elecciones celebradas, nacionales, municipales, legislativas y referéndums. Y que además todas ellas fueron avaladas por observadores internacionales de todo el espectro ideológico. Frente a esta realidad, el argumento de que en Venezuela gobierna una dictadura dista mucho de ser creíble, tanto afuera como adentro. Más bien, la Revolución Bolivariana cumple al pie de la letra el imperativo de la democracia liberal de validarse en las urnas.

Pero no solo eso. En el caso del chavismo la profundización de la democracia va mucho más allá de triunfar en las urnas. No se trata sólo de ganar, sino de cómo se gana. Y ese “cómo” en Venezuela es lo que marca la densidad democrática del proceso revolucionario. En los últimos años está en marcha un proceso de democratización de la cultura política que constituye uno de los mayores legados políticos de Chávez. No se equivocaba el líder bolivariano cuando tomó la decisión certera e irrevocable de transferirle poder al pueblo mediante la Ley de Comunas y poder popular de 2009. “El socialismo no se decreta, hay que crearlo desde las bases”, solía decir el Presidente. Las primarias de PSUV son una muestra elocuente de que ese proceso está empezando a dar sus frutos. ¿Por qué?

En primer lugar, porque por primera vez los candidatos fueron postulados por las bases en asambleas populares realizadas por las Unidades de Batalla Bolívar Chávez (UBCHs).

Segundo, en esas asambleas fueron postulados 1.162 candidatos de los cuales se eligieron ayer 98 candidatos que representarán al PSUV en las elecciones legislativas de diciembre. Esto representa más de la mitad de los candidatos que el partido presentará en dichas elecciones. En otras palabras, alrededor del 60% de los candidatos a ocupar un escaño en la Asamblea Nacional no fueron elegidos por los órganos del partido sino mediante asambleas. Con lo cual por primera vez en la historia política de Venezuela representantes del poder popular elegidos por las bases van a llegar a ocupar un escaño parlamentario.

En tercer lugar, hay un dato de enorme significación política que no debe pasarse por alto. Para la postulación de esos 1.162 candidatos se estableció como precondición interna que el 50% fueran mujeres; y el 50% jóvenes de entre 21 y 30 años. La misma proporción “mitad mujeres mitad jóvenes” deberá ser tenida en cuenta por la dirección del PSUV en la definición de las candidaturas restantes, garantizando niveles de participación femenina y juvenil inéditos en la mayor parte de los sistemas políticos del mundo. Finalmente alrededor del 30% de los candidatos que resultaron electos el día de ayer son mujeres.

Desde su irrupción, el chavismo fue conformando un nuevo sentido común de época que transformó los horizontes de ideas en torno a la participación política, la historia, los símbolos, las fuerzas armadas, la soberanía, y las aspiraciones sociales de los sectores populares. La equidad de género y, sobre todo, la participación juvenil son reivindicaciones novedosas en esta etapa del relato construido por el chavismo. Con ellas, la Revolución Bolivariana muestra que tiene la iniciativa política, en tanto es capaz de erigir como propios conceptos del campo popular que nadie veía como demandas o territorios de lucha para resignificarlos e incorporarlos a la disputa política. Esa capacidad de ir actualizando el propio relato haciendo coincidir el horizonte de la sociedad venezolana con el avance de la democracia en los sectores populares es una muestra de que el chavismo, además de ser la fuerza mayoritaria, es también la identidad política hegemónica en Venezuela. Lo es porque es capaz de establecer las condiciones de juego en el campo político tanto para los propios como para sus detractores. Esto se traduce en que de aquí en adelante, cualquier proyecto político que busque ganar elecciones con apoyo popular deberá tomar en cuenta la equidad de género y la participación juvenil que son ahora reivindicaciones y aspiraciones sociales que se integran al consenso de ideas que cohesiona a la mayoría venezolana. Estos dos elementos sumados a la efectiva democratización de la cultura política dan cuenta de que el chavismo sigue teniendo la capacidad de definir los horizontes de lo posible y las aspiraciones del pueblo. En términos de Gramsci, es la única fuerza política con capacidad de llevar la dirección moral e intelectual de la sociedad.

En definitiva, estas elecciones primarias demuestran que el poder popular en Venezuela no es una abstracción, ni un lindo slogan colocado para adornar el membrete de los Ministerios. Es para el pueblo la mayor herramienta para el resguardo de las conquistas alcanzadas, así como para continuar conquistando derechos. Pero sobre todo es una nueva institucionalidad en proceso de consolidación creciente que fortalece la democracia en Revolución. Tal vez por la dificultad de tomar teóricamente un proceso en marcha, o por su complejidad en apariencia caótica, el poder popular aparece pocas veces en los análisis políticos sobre Venezuela. Pero es un punto central a considerar, sobre todo en el contexto de adversidad actual, abierto tanto por las condiciones externas como por las propias dificultades internas en la gestión de la economía. Este nivel de politización y organización popular es lo que mantiene al pueblo resteado con la Revolución y en estado de movilización permanente. Pero, si bien esta expansión de la soberanía popular es hoy por hoy un importante punto de apoyo frente a los permanentes intentos destituyentes, internos y externos, de ello no debe traducirse que es de por sí una garantía de irreversibilidad para la revolución. La realidad social está en continua transformación, por ello la construcción de un nuevo sentido común como tal es una batalla cultural permanente, escenario inevitablemente conflictivo. No obstante, en esa disputa, lejos del “fin del chavismo” que los coros mediáticos mundiales vienen pregonando desde marzo de 2013, el chavismo sin Chávez, y con el liderazgo de Nicolás Maduro, sigue demostrando una enorme vitalidad política.