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Parece que el FMI tiene cierta admiración por algunas corrientes literarias que se pueden acercar al realismo mágico. Presenta hechos extraordinarios en un contexto de aparente realidad y que dotan de cierta magia a aquellos personajes (Estados) que desarrollan una serie de acciones que el propio autor (Fondo) considera las adecuadas (políticas de liberalización económica). En sus obras (Informes), el autor muestra a personajes reales que aparentemente tienen la capacidad de hacer cosas fantásticas (supuestamente la reducción de la pobreza y la desigualdad). El autor premia a estos personajes con unas buenas proyecciones de crecimiento del PIB. Por otro lado, en sus obras, también hay personajes oscuros que muestran el enfrentamiento social cotidiano que se vive en la realidad. Estos personajes no están ligados a la supuesta magia de sus políticas y el autor los castiga con desdicha, lo que se ve traducido en sus proyecciones de crecimiento del PIB.

A diferencia del realismo mágico, el FMI debería tratar la realidad sin toques de fantasía. El Fondo intenta dotar de elementos mágicos a sus Informes pero sin embargo, la realidad futura muestra que la magia no es posible, y que inexorablemente, sus recetas, siempre conducen a los mismos malos resultados para las mayorías sociales.

Un caso que nos muestra de forma clara este actuar del FMI lo encontramos en la República del Ecuador durante el gobierno de Rafael Correa. Antes de la llegada de Alianza País al ejecutivo, Ecuador había sido un buen alumno del FMI durante más de 10 años. El manejo económico de esa década llevó al país a una situación económica y social insostenible, que además se tradujo en la crisis de la partidocracia. En las elecciones de finales de 2006, el país experimentó un vuelco político con el acceso al gobierno del recién fundado movimiento Alianza País. Unas de las primeras medidas a nivel económico del nuevo ejecutivo fueron la de romper con el FMI y la de realizar una auditoría a la deuda externa. El buen alumno decidió emprender un nuevo rumbo alejado de los designios del FMI.

A partir de ese momento, el FMI no dudó en utilizar sus proyecciones económicas para crear de manera ficticia un clima económico más difícil de lo que la realidad reflejaba.

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En el cuadro podemos observar las diferencias que se han producido entre las proyecciones que realiza el FMI en sus Informes y los datos oficiales de crecimiento del PIB. Hemos omitido el dato del año 2007 en el cuadro, puesto que la proyección del FMI se realizó cuando las elecciones presidenciales aún no habían tenido lugar[1]. En ese momento, como buen alumno, el FMI premió las proyecciones del Ecuador otorgándole un 1% adicional. Sin embargo, para el resto de años vemos como se suceden las subestimaciones de los resultados (2008, 2010, 2011, 2012 y 2013), un año en el que la diferencia a favor de la proyección del FMI es de tan solo el 0,3% (año 2014), y dos años en los que la proyección del FMI sí muestra una sobreestimación de los resultados.

Si nos concentramos ahora en las proyecciones del FMI que muestran esta sobreestimación de los resultados, el primer año que tiene este efecto es el 2009, en el que la proyección fue publicada en octubre del año 2008, siendo el año en que se produce el crash financiero que el propio FMI se había mostrado incapaz de predecir. Es decir, el FMI hizo en este año una sobreestimación general de los resultados de crecimiento de la economía global. El Informe publicado en abril de 2008 proyectaba un crecimiento de la economía mundial para 2009 del 3,8%, ajustándolo al 3% en el Informe de Octubre. La realidad fue que la economía mundial en el año 2009 tuvo un crecimiento negativo del 0,7% según los propios datos del FMI. La sobreestimación para Ecuador fue resultado de la incapacidad de predecir la crisis financiera internacional.

El otro año para que el FMI sobreestima el crecimiento ecuatoriano es el 2015. Acá, ni el FMI ni el Gobierno, fueron capaces de anticipar la caída del precio del petróleo que afectó fuertemente a la capacidad de ingresos del Estado ecuatoriano ni la apreciación del dólar estadounidense, moneda oficial del Ecuador. Sin embargo, ante esta situación adversa, el FMI corrigió sus proyecciones y publicó en octubre de 2015 que el decrecimiento del PIB ecuatoriano para ese mismo año sería del -0,6%, volviendo a subestimar el resultado real de variación del PIB en 0,9%.

Por último, nos queda hablar de las últimas proyecciones que el FMI ha lanzado para el crecimiento de Ecuador en el año 2016, año que antecede a las elecciones presidenciales del país que se celebrarán la primera vuelta el 19 de febrero de 2017. En el informe de perspectivas económicas de abril de 2016 del FMI, las proyecciones para la región son de una contracción del PIB del 0,6%, pronóstico que viene profundizando su deterioro desde enero. En la actualización de octubre se confirma el pronóstico previo. En este contexto, es cierto que la economía ecuatoriana ha sido una de las más afectadas. Las proyecciones publicadas por el organismo internacional estimaban que la economía ecuatoriana se contraería en el año 2016 un 4,5%, agravando incluso la situación en el año 2017, donde estimaba un decrecimiento del PIB del 4,7%. Esto sembraba el caldo de cultivo idóneo para intentar cuestionar el modelo económico del gobierno ecuatoriano, teniendo en cuenta el horizonte de las elecciones presidenciales. El FMI, una vez más, sembraba tensiones y dudas infundadas cuestionando a aquellas economías que decidieron no vivir más bajo sus designios.

Más allá del error (planificado) de las proyecciones publicadas por el FMI (decrecimiento del PIB del 4,5%), al Fondo no le ha quedado más remedio que ir corrigiendo las mismas y en la última proyección publicada en septiembre de 2016, aún habiéndose producido la catástrofe del terremoto del 16 de abril, la proyección respecto al PIB muestra un decrecimiento del 2,3%, lejos ya de las primeras proyecciones, pero también con distancia de las proyecciones del ejecutivo. Veremos si una vez más, el FMI subestima los resultados económicos del Ecuador.

Vemos, por tanto, como el FMI interviene en las expectativas de la población, dibujando un panorama que no se corresponde con la realidad económica. Es indudable que la situación económica de Ecuador en el 2016 es difícil, pero si el ejecutivo hubiera hecho caso a las proyecciones lanzadas por el FMI, y hubiera emprendido una política de ajuste presupuestario mucho más drástica como demandaba el FMI, la situación de la economía ecuatoriana podría verse visto mucho más afectada. No se trata de pequeños errores, se trata de maniobras deliberadas que buscan crear un clima de inestabilidad económica mayor que el que la realidad refleja.

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[1] La primera vuelta de las elecciones realizada el 15 de octubre  las ganó Álvaro Noboa, sin embargo, la mayoría no fue suficiente y en la segunda vuelta, celebrada el 26 de noviembre, se impuso Rafael Correa con el 56,67% de los votos.