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Por Esteban De Gori


 

I.
En El Salvador como en Costa Rica se realizaran próximamente elecciones para elegir presidente. En términos generales, podemos indicar que el FMLN (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional) continuará conduciendo el Estado salvadoreño, mientras que en Costa Rica se ha producido algo inusual para un sistema político signado por el conservadurismo y por el estricto control de las bases electorales por parte de los partidos tradicionales. El candidato del Frente Amplio, José María Villalta (36 años), se ha convertido en el rival de Johnny Araya, candidato a presidente por el tradicional Partido Liberación Nacional, el cual, había llevado con éxito la candidatura de Oscar Arias como la de Laura Chinchilla. En Costa Rica, un debilitado apoyo a las políticas neoliberales esta abriendo un espacio para el crecimiento e identificación de una propuesta de centroizquierda.
II
La coyuntura política en El Salvador está atravesada por la sucesión que ha fijado el propio FMLN y por las evaluaciones que se han realizado de la presidencia de Mauricio Funes. El FMLN, por primera vez, llevará a “candidatos orgánicos” (Salvador Sánchez Cerén –actual vicepresidente- y Oscar Ortiz ) ya que el propio Mauricio Funes –si bien oficiaba de opositor al partido conservador ARENA- era un out sider para la estructura efemelenista. Esta situación de out sider opositor y de periodista prestigioso que lograba atraer a una clase media que no era tradicionalmente votante de la izquierda, como el tenor de la alianza que estableció con el FMLN le otorgo a éste grados de autonomía frente a la dirigencia del efemelenista, tanto en las decisiones políticas como económicas. También esa “autonomía” estuvo caracterizada por el acuerdo que estableció Funes con un pequeño movimiento de ciudadanos (los “amigos de Funes”), la cual, estuvo siempre bajo la presión y los límites que impusieron las elites tradicionales y los grupos económicos que el Partido ARENA consolidaron desde 1989 hasta su derrota en 2009.
III.
En 2012, el FMLN pierde las elecciones en varios municipios y, principalmente, en su histórico bastión, el municipio de San Salvador. Esto condujo a un replanteamiento y evaluación de la gestión de Mauricio Funes que tuvo como resultado la exigencia de parte de la dirigencia efemelenista de reafirmar la identidad partidaria y las grandes líneas que la caracterizaron por años. Sánchez Cerén –ex guerrillero y sindicalista- es representante de la línea histórica del partido, el cual compartirá con Oscar Ortiz la fórmula presidencial. Ambos son “dirigentes orgánicos” del FMLN y expresan el equilibrio entre un dirigente histórico y otro, como Ortiz, que encarna la renovación del FMLN y que ha criticado la estructura vertical y organizacional vinculada a los comandantes surgido de la guerra civil. Entonces, la tensión que antes se producía entre el FMLN y Mauricio Funes ahora se desplazará al interior de esta organización y de sus propios dirigentes. Allí, lo estrictamente generacional, como la participación o no en la guerra civil serán dimensiones conflictivas que deberán administrar ambos candidatos y las diversas tendencias. El gobierno del FMLN, en caso de que triunfen Sánchez Cerén y Ortiz, deberá administrar las tensiones entre “ex comandantes” y “renovadores”, como sus posiciones frente a  los desafíos que se abren.
IV.
Ahora bien, el gobierno de Mauricio Funes deja establecidas algunas líneas o tendencias políticas: la primera, es la recuperación del Estado como actor político relevante en la diagramación de políticas económicas, sociales y de seguridad (Plan Quinquenal de Desarrollo), el cual se vio afectado en parte en su intento de reducir la pobreza (el 40% se destinaba este rubro) ante la negativa de los empresarios a pagar mayores impuestos. De esta manera, el Estado salvadoreño se vio menguado en sus recursos para reducir la pobreza y la desigualdad. La segunda cuestión, es la demostración –frente a los temores que construyó durante años el partido conservador ARENA- que el FMLN es en la actualidad un partido que está impulsado por la consecución de grandes reformas y que pretende realizarla en el sistema de partidos configurado luego de la guerra civil. Esto, en parte se debe, a la transformación del FMLN iniciada en los Acuerdos de Paz, a la correlación de fuerzas internas, como al contexto latinoamericano. Y tercera dimensión, Funes ha impuesto una decisión sobre alineamientos regionales. Es decir, el mandatario se resistió a participar en el ALBA y de cualquier alineamiento “ideológico”, cediendo a los reclamos y presiones de las derechas empresariales. Pese a esta controversial posición que sorprendió a los presidentes y presidentas progresistas, el gobierno de Funes se ha incorporado como observador a la estrategia de conformación de un aérea de librecomercio llevada adelante por la Alianza para el Pacifico (Chile, Colombia, Mèxico y Perú). Esto no solo es alentado y promovido por los empresarios salvadoreños, sino por los Estados Unidos que ve en esta Alianza una disputa contra el ALBA, como contra el liderazgo del MERCOSUR.
V.
En el caso de triunfar la fórmula Sánchez Cerén-Ortiz, tendrán como desafío negociar, reducir o limitar el poder de los empresarios salvadoreños, lo cuales hasta ahora no solo han presionado para pagar menos impuestos destinados a políticas inclusivas, sino que han reclamado el ingreso de El Salvador a modelos de integración que se sostienen sobre el librecomercio, las políticas neoliberales y que traen como consecuencia un mayor aumento de la desocupación, precarización, inmigración y pobreza.  Ante el triunfo electoral, tendrán que asumir las tensiones y contradicciones que dejará el gobierno de Funes y lidiar con ellas. También tendrán desafíos políticos prioritarios al interior del FMLN vinculados a la renovación del partido, como la necesidad de recuperar municipios, ampliar el número de parlamentarios y recuperar bases electorales.
VI.
En Costa Rica se ha producido una situación inédita para las derechas y para el partido oficial. El candidato del Frente Amplio –Jose Maria Villalta- se ha transformado en uno de los candidatos favoritos frente a la maquinaria política del oficialista Partido Liberación Nacional. El partido de Oscar Arias y Laura Chinchilla –que lleva como candidato a Johnny Araya- se ha encontrado frente a una opción de izquierda que concentra las adhesiones y apoyos electorales de vastos sectores de la población. Esto, en parte, se debe a las tragedias sociales que han provocado las políticas neoliberales y conservadoras impulsadas por  Arias y Chinchilla, y a la erosión del PLN debida a su incapacidad para resolver las demandas sociales. En este sentido, la desarticulación de lealtades del PLN, el descreimiento de su eficacia gubernamental para resolver demandas sociales y los magros resultados económicos para la mayoría de la población abrieron un espacio para el crecimiento de la izquierda, como también de la derecha (a la disputa entre Villalta y Araya los sigue Otto Guevara del Movimiento Libertario).
VIII.
Villalta se ha presentado como un político alternativo al partido oficial (PLN), se ha manifestado a favor del aborto con fines terapéuticos y, tal vez, su mayor logro es haberse referenciado con una propuesta que busca terminar con “los mismos de siempre” en el poder político. Es decir, Villalta –y esto es lo más sugerente- que proviene de un partido que no ha puesto más que un diputado en el Congreso hoy ha suscitado el apoyo de aquellos y aquellas que desean un cambio y que ya no creen en la viabilidad de un nuevo gobierno del Partido Liberación Nacional. A su vez, posee una propuesta política y económica que a diferencia de los gobernantes anteriores busca resituar al Estado costarricense como actor clave en el proceso de desarrollo y en la lucha contra la desigualdad. La misma, pretende promover el control de precios para los alimentos de la canasta básica y de las medicinas, establecer mayores impuestos para los ricos, garantizar la vivienda y, por último, suspender las negociaciones del Tratado Transpacífico y otros tratados de libre comercio que ha firmado Costa Rica –especialmente- con Estados Unidos y que solo han profundizado las asimetrías y las desigualdades en Costa Rica. Este plan de gobierno, denominado “Un país de oportunidades para todos y todas” tiene como propósito central construir otro vínculo entre la ciudadanía y el ejercicio democrático (mayor participación y repolitización de la vida pública), ampliar los derechos individuales de gays, lesbianas, intersexuales, bisexuales, transgero y transexuales y establecer políticas económicas que alienten el mercado interno y el empleo.
IX.
En Costa Rica, el Partido Liberación Nacional y su candidato Araya –pese a sus diferencias con Chinchilla- apuestan al continuismo de las políticas iniciadas por Oscar Arias y refrendadas por el último gobierno y a mantener el statu quo configurado por años de propuestas neoliberales. Araya busca ampliar –luego, de varios años de gestión y de desgaste de su partido en el gobierno- sus posibilidades frente a un espacio político que promueve y promete el cambio. La guerra mediática articulada desde el PLN, como de los medios de comunicación ha pretendido erosionar a Villalta –hasta ahora- con poco éxito y pueden esperarse algunas sorpresas.
X.
Estamos ante una nueva coyuntura donde la renovación y cambio pueden ser los signos políticos para El Salvador y Costa Rica y con estos países de la región misma. En el primer caso, la renovación puede venir desde el interior mismo del FMLN conformando una nueva dirigencia para los próximos años y en el segundo (cuestión que ser mas reñida), puede producirse un cambio a partir de la disolución de la credibilidad en el tradicional Partido Liberación Nacional. Lo que sí parece claro, es que el Partido Libre en Honduras y el Frente Amplio de Costa Rica se han convertido en alternativas sólidas frente a las propuestas tradicionales, neoliberales y conservadoras. También se han convertido, conjuntamente con el FMLN, en espacios donde pueden establecerse renovaciones y nuevas dirigencias políticas.
Centroamérica se encuentra ante una coyuntura interesante, una “coyuntura movida y disputada”, sus derechas han empezado a observar el surgimiento de fuerzas políticas progresistas que se consolidan, que suscitan adhesiones, que logran cargos parlamentarios y que pueden disputar en las elecciones presidenciales. Centroamérica está en movimiento y en proceso de nuevas configuraciones.


Publicado en TeleSur Tv
Fecha: 09/01/2014