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Por Esteban De Gori


El 2 de febrero se realizaron elecciones presidenciales en El Salvador y Costa Rica y en ambos casos se realizará una segunda vuelta (9 de marzo y 6 de abril de 2012 respectivamente). Los procesos electorales han arrojado diversos resultados y tendencias que deben ser destacadas. En el caso de Costa Rica, lo que debemos advertir es la capacidad de las derechas económicas y empresariales para erosionar y disciplinar a la clase política. Esta capacidad, no solo obstaculizó y deslegitimó las posibilidades de Villalta –candidato del izquierdista Frente Amplio- de quedar en la segunda vuelta, sino que estableció a futuro límites y agendas para el próximo presidente, el cual surgirá muy probablemente de las filas del Partido Acción Ciudadana. Más allá de la intención, la erosión de la candidatura de Villalta (al cual, sindicaron de “chavismo”, “comunismo”) permitió el crecimiento y afirmación del candidato Luis Guillermo Solís (PAC). 
En El Salvador, si bien el conglomerado histórico de la derecha reunido en ARENA se ha debilitado con la reciente ruptura sigue representando a sectores empresariales que han resistido las políticas públicas y fiscales progresivas planteadas por el gobierno de Mauricio Funes.

Las derechas empresariales y políticas –beneficiadas por los partidos neoconservadores en ambos países por los acuerdos comerciales y reglamentaciones fiscales- mantienen un poder significativo respecto al Estado y a los partidos políticos vencedores. Ejemplos de esto fue el disciplinamiento que éstas produjeron sobre el Partido Liberación Nacional cuando asumió Arias en el año en 2006; o bien la presión que los grupos empresariales ejercen sobre el Gobierno de Mauricio Funes para que El Salvador deje su condición de observador en la Alianza del Pacifico –propuesta de integración promovida por Estados Unidos- y se transforme en un socio pleno. Entonces, tanto el candidato presidencial del PAC costarricense, como del FMLN salvadoreño tendrán que decidir a lidiar, negociar o subordinarse –o la combinación de éstas- a los poderes económicos nacionales o transnacionales. Por lo tanto, imaginarse escenarios “a priori” teniendo en cuenta sus programas de gobierno es un poco apresurado. Ahora, como dicen algunos analistas, viene el verdadero “momento pragmático” o posideológico de la política, es decir el tiempo donde los diversos actores comienzan a presionar y a reclamar a los candidatos futuros beneficios o conservar lo logrado; como el tiempo de las alianzas.

En el caso de El Salvador, el FMLN obtuvo el 49% de los votos, pero se encontró con un electorado de derecha y centroderecha que se ha agrupado en dos partidos políticos. Hoy, si consideramos conjuntamente los votos de ARENA (38.95%), como los del Movimiento de Unidad (11%), podemos advertir que el electorado salvadoreño está dividido en “dos”, o mejor dicho la introducción del FMLN, luego de los Acuerdos de Paz en 1992, produjo una polarización dinámica y un debate intenso en la sociedad, como también la posibilidad de cambios a largo plazo. Pero pese a este análisis un tanto esquemático, el pulso de la política hoy nos habla de un posible apoyo del “saquismo” (Movimiento de Unidad dirigido por Antonio Saca) al candidato al FMLN o bien, una línea de acuerdo entre éste último y Antonio Saca.

La fórmula entre Sánchez Ceren y Ortiz (una articulación entre los ex comandantes guerrilleros y los nuevos dirigentes efemelenistas) ha realizado una gran elección obteniendo, como indicamos, un 49%. Comparando con la elección del 2009 que llevo a Funes como presidente (51.32%), esta “fórmula orgánica” del FMLN –ya que Funes era un out sider- obtuvo dos puntos menos y mantuvo una alta performance. Es decir, consolidaron la expectativa electoral que llevó a Funes a la presidencia. También superaron una importante prueba: la territorial. En 2012, si bien el FMLN perdió varios municipios significativos como San Salvador, en 2014 el FMLN triunfo en todas las provincias, excepto Cabañas, consolidándose en todo el territorio nacional. La debacle provino del histórico ARENA, el cual descendió más de 10 puntos con respecto a la elección del 2009, porcentaje que se trasladó a una nueva experiencia de las derechas salvadoreñas denominada Movimiento de Unidad, el cual había llevado como candidato al ex presidente Antonio Saca. 
La fórmula Sánchez Ceren – Ortiz se encontrara ante los dilemas que suponen la capacidad de ejercer el poder y provocar cambios. En caso de lograr la presidencia, Sánchez Ceren -después de José Mujica, Daniel Ortega y Dilma Rousseff, sería el cuarto ex guerrillero de las décadas de los 70 y 80 en acceder a la primera magistratura y, desde ya, el segundo en la región centroamericana.
En Costa Rica, la adhesión electoral al Partido de Acción Ciudadana (30.95%) y al Frente Amplio (17.10 %) superaron a los “conglomerados de derecha” (Partido Liberación Nacional – 29.59%- y Movimiento Libertario -11%-). Pero frente a este análisis estático, debemos considerar que la relación entre PAC y el Frente Amplio se desgastó cuando el primer partido aprovecho la “campaña del miedo” contra Villalta para construirse en el “progresismo confiable”. Por tanto, el PAC no buscará –teniendo en cuenta esto- establecer un pacto de gobernabilidad con el Frente Amplio, no querrá “pegarse” y volverse un “actor previsible” para los mercados y los grupos empresarios.

Más allá de la relación entre Ortiz y Villalta, lo que podemos indicar es que los resultados electorales han evidenciado una “quiebra” o “aflojamiento” del consenso establecido por los “liberacionistas” desde el gobierno de Oscar Arias (2006-2010) y afianzado por Laura Chinchilla (2010-2014). El triunfo del Partido Acción Ciudadana y la inesperada ampliación electoral del Frente Amplio dan cuenta de una reformulación del sistema político costarricense. Acción Ciudadana que llevo como candidato a Luis Guillermo Ortiz (dirigente que paso por las filas del PLN) fue fundado en 2000 y dos años más tarde “rompía” el bipartidismo entre liberacionistas y socialcristianos (Partido de Unidad Socialcristiana), inaugurado en 1983. Es decir, podría acceder a la dirección del Estado un partido que surgió en el siglo XXI y que busca articular o conjugar -paradójicamente- propuestas neoliberales y heterodoxas. Lo cual, perseguiría rearmar una alianza de gobernabilidad con ciertos grupos empresariales y, por otro, integrar a algunos sectores sociales a través del desarrollo o impulso del mercado interno. Entonces, parecería que esta “fórmula mixta y conflictiva (zonas de librecomercio y zonas de proteccion)” podría constituirse en una fórmula empírica de gobernabilidad.
En términos territoriales, Acción Ciudadana triunfó en San José y Heredia y el Frente Amplio hace gran elección, a su vez, en San José y Limón expresando el voto urbano y el de los territorios vinculados a la dinámica del comercio exterior. El Partido Liberación Nacional ha obtenido un 29.59% -un bajo rendimiento debido al desgaste propio de la gestión pública, como debido a la aplicación de políticas que acrecentaron la desigualdad, el desempleo y la precarización social-. El PLN no pudo mantener más allá de dos gestiones un “consenso de crecimiento económico” que ha implicado graves consecuencias sociales a vastos sectores de la población. El electorado ha adherido –de alguna manera- al cambio y ha indicado que no comparte las políticas neoliberales del gobierno anterior. Lo que queda por resolver para la segunda vuelta –sobre todo para el PAC- es el 31% de abstencionismo, el cual puede implicar variadas cuestiones, desde el descreimiento en la política o en sus dirigentes, como en la ausencia de alternativas reales de cambio. La misma tarea tendrá el FMLN con el 48% de electores habilitados que no participaron en la elección. El abstencionismo es lo suficientemente alto en este país como para pensar la desvinculación de la “capacidad de la político de lograr mejoras sustanciales” y el voto.

Además de pulsear con los grupos económicos costarricenses y salvadoreños –consolidados durante el gobierno del PLN y de ARENA respectivamente- para construir una agenda interna, Luis G. Ortiz y Sánchez Ceren tendrán que asumir el “capitulo” política exterior. El costarricense ya advirtió que no ingresará al ALBA, mientras que en la filas efemlenistas hay discrepancias internas entre continuar con una política pragmática –es decir, constituirse en observador de la Alianza del Pacifico y recibir la cooperación del ALBA- o alinearse definitivamente a un bloque alternativo al alentado por los Estados Unidos. A su vez, además de lidiar con los grupos empresariales tendrán que administrar las presiones del FMI y de los Estados Unidos sobre la economía y el Estado salvadoreño, cuestión que marcará el futuro económico y geopolítico de ambos gobiernos.


Publicado en TeleSur Tv

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