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Las elecciones de este domingo dieron muchas sorpresas. Por lo mismo, cuesta saber por dónde comenzar. Tal vez por aquello que más sintetiza las sensaciones que esta elección deja: la izquierda emerge y la derecha fue frenada.

Efectivamente, a pesar de que ninguna encuesta lo predijo, el Frente Amplio (FA), liderado por Beatriz Sánchez, obtuvo el 20,7% de los votos. Las encuestas nunca le dieron más del 10, incluso la más prestigiosa de todas, la del Centro de Estudios Públicos (CEP) -que los medios y políticos usan de oráculo- habló de un 9%. Se dobló esa cifra. Eso no es todo. El Frente Amplio pasó de 3 diputados a 20. Es decir, a una bancada parlamentaria fuerte que puede incidir en un gobierno, cualquiera que fuere, y ya lo sabemos, la política es fuerza, no sólo ideas y discurso.

En su alocución al final del día Beatriz Sánchez lo dijo: “quiero mañana una explicación de las encuestadoras y los medios, si hubieran dicho la verdad tal vez estaríamos en segunda vuelta”. Faltó poco. Alejandro Guillier, el candidato del oficialismo sacó 1.3 por ciento más y pasa a segunda vuelta, junto con Piñera.

El panorama es incierto. Piñera, que ya daba por descontado su triunfo -incluso en primera vuelta según algunos vaticinios- no llegó ni al 40%. Logró un 36.6% que lo deja en una posición incierta de cara a la segunda vuelta, a realizarse el 17 de diciembre.

Todos los ojos están puestos en el Frente Amplio y en Beatriz Sánchez. El debate estos días se traslada al FA y a la decisión que se tome -apoyar o no a Guillier en diciembre-. Beatriz en su discurso habló de Asamblea Constituyente, el fin a la privatización del agua y el sistema privado de pensiones. Serán estos, seguramente, los puntos que se discutirán con Guillier.

Lo que hasta ahora queda claro es que esta elección significó un viraje a la izquierda y no a la derecha como todos pronosticaban. Es interesante que eso ocurra justamente en Chile, el país más neoliberal del continente, y en medio de una ola reaccionaria restauradora en América Latina. Se abre nuevamente una panorama electoral de tres fuerzas, rompiendo el cerco neoliberal del bi-coalicionismo.

La otra gran sorpresa fue el derrumbe de la Democracia Cristiana. Esta optó por ir sola a la primera vuelta y su candidata, la senadora Carolina Goic, llegó quinta con el 5.8%. El pinochetista declarado José Antonio Kast le ganó con su 7.9%. Marco Enríquez Ominami casi empata con Goic con un 5.7%.

Este dato es de alto impacto. El centro político era el lugar natural que hegemonizaba la Democracia Cristiana en Chile, desde 1960. Hoy ese lugar está siendo ocupado por otros actores, más laicos y progresistas en lo valorico – cultural.

Será un mes intenso, todo puede ocurrir, nada está escrito, al igual que lo fueron estas elecciones. Si Piñera gana en segunda vuelta está en juego quien encabezará la oposición a su gobierno: si la izquierda con el FA o los neoliberales progres con Guillier. Si, por el contrario, Guillier logra imponerse en segunda vuelta, solo será porque el FA le dio el apoyo. Habrá que ver a cambio de qué se hizo eso.