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Final abierto. Así están las elecciones en Argentina. Faltan algunas semanas para el comicio electoral (25/10) y observando las encuestas podemos decir que los candidatos poco han logrado superar los números que obtuvieron en las elecciones primarias La fotografía, paradójicamente, se mantiene. Daniel Scioli, candidato oficialista, concentra una intención de voto que oscila entre 38 y 41%, el principal opositor, Mauricio Macri, entre 29 y 31% y Sergio Massa entre un 19 y 21%.

Si el candidato por el kirchnerismo supera el 40%, y el segundo está por debajo en 10 puntos, Scioli sería el nuevo presidente argentino. No obstante, nadie puede asegurar si habrá o no segunda vuelta. Pese a variados pronósticos, en este momento la lógica del voto útil no ha funcionado: Macri no logró hacerse de los votos del otro opositor, Sergio Massa, ni Massa logró beneficiarse de una posible “fuga” de votos de Macri, sobre todo cuando se presentó una encuesta que indicaba que solo en segunda vuelta Scioli podría ser derrotado por Massa.

La tarea de los candidatos está centrada en la construcción de propuestas y discursos que logren seducir votantes y ampliar sus posibilidades. Scioli, quien busca alejarse de lo que considera un “estilo confrontativo”, ha incorporado a su mujer -Karina Rabolini- a la campaña, como así también al economista Miguel Bein. Los “buenos modales” y la moderación parecen que han sido útiles para lograr la atención de algunos sectores medios. Macri, en estos últimos días, también ha incorporado a su mujer a la campaña y ha exhibido una alianza con un sector de los sindicatos conducidos por el camionero Hugo Moyano, tratando de suscitar apoyos entre los “sectores peronistas” más tradicionales y opositores al gobierno nacional. Massa, en cambio, es el candidato mas débil a la hora de mostrar alianzas sociales y partidarias que lo impulsen en las elecciones. Hoy solo posee el decidido apoyo del gobernador de la provincia de Córdoba, Juan Manuel De la Sota.

A menos de un mes de los comicios, estamos ante un momento de la diferenciación, sobre todo si tenemos en cuenta un inicio de campaña donde persistía una comunidad de temas, percepciones y problemas entre los presidenciables. Como ha sucedido en otras campañas electorales, el tema económico parece ser el punto central de discusión, fundamentalmente ante el contexto de crisis en Brasil, de la reducción de precios de las materias primas, del triunfo en la Unión Industrial Argentina de los grupos más concentrados y de ciertos problemas que ya acarrea la propia economía argentina (déficit en la cuenta corriente, escaso crecimiento económico, exigua inversión extranjera). En ese sentido, existe una presión creciente por hacer del futuro económico la clave del debate electoral en el marco general de unas elecciones poco entusiastas. A esto se le añade un problema para los opositores, y es que la mayoría de la ciudadanía no padece grandes problemas económicos (se mantienen a grandes rasgos el empleo, la inversión pública y las tasas de consumo) que los lleve a preguntarse por su futuro reciente.

Hasta ahora, la estrategia de los grupos mediáticos de erosionar a Scioli no ha funcionado (la “construcción” del fraude en la provincia de Tucumán no fue eficaz; como tampoco, la idea de plantear que será un presidente de “transición”). Ni siquiera han impactado negativamente las denuncias de corrupción de los propios opositores. Para decirlo rápidamente, es una campaña electoral sin grandes debates y temas. Por momentos se discuten temas de gestión y por otros cuestiones que parecen tener cierta lejanía de las preocupaciones ciudadanas.

El oficialismo es quien más pone en juego en estas elecciones en relación a la continuidad en el poder. En caso de perder, el peronismo tiene capacidades relativamente rápidas de reconstituirse. Gobierna en la mayoría de las provincias e intendencias y será la primera minoría en ambas cámaras. En términos existenciales, los opositores son los que luchan, ya no solo por la continuidad como dirigentes, sino por el destino de sus espacios políticos. La representación de las derechas políticas con bases populares es un fenómeno novedoso de las últimas décadas en Argentina, y la derrota de Macri y Massa abre algunos interrogantes sobre las mismas. Hoy pivotean entre la aceptación de un orden político que ha colocado al Estado en un lugar central de la economía y de la redistribución (una gran maquinaria de legitimidad) y practicas ortodoxas decididas a recortar inversiones públicas. En este sentido, buscan colocar su centro de críticas a las maneras de ejercer el poder del kirchnerismo y su relación con otros poderes.

Pese a las diferencias, lo que es compartido entre todos los candidatos es el vínculo entre la inversión pública y la exportación de materias primas. La discusión estará centrada en la retención por parte del Estado y las formas de utilización de dicho presupuesto. Inclusive doce años de kirchnerismo han consolidado al actor Estado como un espacio de negociación, habilitación y limites a otros poderes. A su vez, se han consolidado algunas políticas publicas difíciles de “desarmar” sin una fuerza social mayoritaria (cuestión que por ahora no pueden suscitar los partidos opositores) o que posean mayoritaria legitimidad entre los ciudadanos. Es decir, todos los candidatos –inclusive Scioli- se incluyen en una campaña donde existen fronteras ideológicas e institucionales. Fronteras que guían y condicionan -de alguna manera- las tres campañas.

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (Argentina).

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