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Elecciones en Estados Unidos y su impacto en América Latina:

Entrevista a Alexander Main, analista de Política Internacional del Centro para la Investigación Económica y Política (Washington DC)

Por Silvina M. Romano/CELAG

En su trabajo en CEPR, Alexander Main se dedica al análisis de la política exterior de Estados Unidos en América Latina y el Caribe, y mantiene contacto frecuente con los legisladores estadounidenses y grupos de la sociedad civil para aportar al debate público. Sus análisis sobre la política de Estados Unidos en las Américas han sido publicados por diversos medios de comunicación nacionales e internacionales como: New York Times, Foreign Policy, Los Angeles Times, NACLA, y le Monde Diplomatique.

El analista de Política Internacional, Alexander Main comparte en esta entrevista su agudo y crítico punto de vista respecto de la postura de candidatos Republicanos y Demócratas que disputan las elecciones primarias en Estados Unidos, sobre la “Guerra contra el Narcotráfico”; los “acuerdos de libre comercio”; la cuestión migratoria, el giro en las relaciones con Cuba, el posible devenir de las relaciones con gobiernos “no aliados” de EEUU como Bolivia y Venezuela, así como lo relativo al rol que podría adquirir el gobierno de Mauricio Macri a nivel regional. Todos aspectos de importancia crucial para el futuro de Nuestra América.

¿Habrá alguna diferencia en la “Guerra contra el narcotráfico” en caso de ganar la presidencia los Republicanos o los Demócratas? ¿Llevarían a cabo proyectos diferentes o seguirían impulsando una política de securitización/militarización como la que han aplicado los gobiernos de Bill Clinton (Plan Colombia), George Bush (Plan Colombia e Iniciativa Regional Andina) y Barack Obama (Iniciativa Mérida e Iniciativa Regional para la Seguridad de Centroamérica –más allá del esfuerzo de este gobierno por implementar medidas de poder blando como mejorar los sistemas de justicia, la asistencia para el desarrollo, etc.)?

En el establishment estadounidense hay un creciente consenso a favor de una reforma de la justicia criminal, con figuras políticas clave, tanto del partido Demócrata como el Republicano que convocan a revertir la política interna con respecto a la “guerra contra las drogas” a través de la reducción de las penas obligatorias por la posesión de drogas ilegales.  Y al mismo tiempo, cada vez más Estados están legalizando la marihuana o permitiendo su uso con fines medicinales.

Sin embargo, no hay indicios de que los principales políticos de cada partido estén contemplando una des-escalada similar con respecto a la guerra contra las drogas a nivel internacional. Por el contrario, los EEUU están invirtiendo cada vez más en programas anti-narcóticos en lugares como el Triángulo Norte de Centroamérica, incrementando el financiamiento de programas liderados por miles de militares colombianos entrenados en contrainsurgencia y tácticas anti-narcóticos bajo el Plan Colombia. La profunda influencia de la industria de defensa en los políticos, tanto Republicanos como Demócratas, es en parte responsable de la persistencia de la “guerra contra las drogas” en el exterior.

A menos que Bernie Sanders sea elegido presidente – lo que parece ahora poco probable – puede esperarse que tanto una presidencia Demócrata como Republicana continúe el tipo de programas de seguridad militarizados y de mano dura en el Hemisferio Occidental que, tras una contracción del expansionismo militar después de la guerra fría, se expandieron durante la administración de Bill Clinton. Estos programas serán examinados de verdad, cuando sectores importantes de la población nacional –por ejemplo organizaciones de las comunidades de inmigrantes latinoamericanos– comiencen a hacer una campaña en contra. La otra posibilidad de cambio es que los gobiernos latinoamericanos comiencen a rechazar la “guerra contra las drogas” y adopten políticas alternativas, y esto es difícil considerando la creciente dependencia de algunos países respecto a la asistencia militar estadounidense.

En caso de ganar los demócratas ¿podrán (finalmente) implementar una reforma migratoria como la prometida por Hillary Clinton: “una reforma integral, orientada hacia la ciudadanización”; o como Sanders dice “una política migratoria justa y humana”? Y si ganan los Republicanos, si Trump llegara a ser presidente ¿llevará a cabo sus promesas de campaña (por ejemplo “Hacer que México pague por el muro”) o se trata de retórica de campaña electoral?

Puede haber avances en este aspecto tanto bajo una presidencia Demócrata como una Republicana debido a la importancia demográfica que han adquirido los latinos y el interés a largo plazo de cada partido de obtener el apoyo de la comunidad latina. No obstante, es probable que los legisladores Republicanos en el Congreso –cuyas bases de apoyo son en general blancos y anti-migrantes– obstruyan las iniciativas de reformas sustantivas. Si los Republicanos mantienen la mayoría en la Cámara de Diputados, que es lo más probable, hay pocas posibilidades de que aprueben una legislación que le otorgue estatus legal a una proporción significativa de los millones de migrantes indocumentados que están en EEUU.

Hillary Clinton o Bernie Sanders utilizarían indudablemente sus atribuciones presidenciales para mantener y extender decretos como el Deferred Action for Childhood Arrivals (DACA) que otorga un permiso de dos años de trabajo renovable para jóvenes migrantes indocumentados, evitando la deportación. Considerando las posturas presentadas en la campaña presidencial, Sanders estaría dispuesto a proteger un amplio grupo de inmigrantes indocumentados, comparado con lo que haría Clinton. Ambos presionarían para una reforma migratoria más inclusiva, pero una Cámara Baja con mayoría Republicana bloquearía sus esfuerzos.

Trump es una carta impredecible: su campaña, focalizada en las primarias Republicanas, actualmente apunta a un electorado blanco, anti-inmigrante del partido Republicano; pero es notable su cambio de postura cuando le resulta útil y es posible que en las elecciones generales suavice hasta cierto punto su actitud con respecto a los migrantes. Y en caso de llegar a la presidencia, es posible que ablande su postura aún más, e incluso que se muestre a favor de una amnistía para la gran cantidad de migrantes indocumentados, como ha hecho en oportunidades pasadas. Debe señalarse que, en su intento por ganar la mayor parte de la base Republicana, todos los candidatos Republicanos se han comprometido con una dura retórica anti-migrante, hasta Marco Rubio, el más pro-inmigrante de los candidatos republicanos, focalizó más en la seguridad fronteriza que en una reforma migratoria.

Entonces, la respuesta es: sí, para Trump y otros candidatos Republicanos, las afirmaciones exageradamente anti-inmigrantes responden más bien a una retórica orientada a ganar las elecciones primarias.

Los Tratados de Libre Comercio llevaron a resultados controversiales en Colombia, México y América Central (profundizaron la dependencia en las commodities y la exportación de energía y combustibles, incrementaron la dependencia financiera, la fuerza de trabajo barata, etc.) ¿Ud. nota alguna diferencia en el modo en que Hillary Clinton o Bernie Sanders manejarían esto? ¿Seguirían apoyando la Alianza para el Pacífico y firmarían el Acuerdo de la Alianza Trans-Pacífico? (considerando además las consecuencias de estos tratados en ciertos sectores de la propia economía estadounidense)

Bernie Sanders y Donald Trump se oponen fuertemente a los llamados “acuerdos de libre comercio”, que de hecho incluyen medidas proteccionistas a favor de empresas multinacionales. Mientras que la trayectoria de votaciones de Sanders sugiere que su postura es genuinamente opositora, hay buenas razones para sospechar que la postura de Trump es parte de su estrategia electoral, considerando que sus propios intereses empresariales, y de la red en la que se insertan, sacan provecho de dichos acuerdos. Por su parte, Hillary Clinton se opone oficialmente al TPP apoyado por la administración de Obama. No obstante, la credibilidad de Clinton con respecto a este asunto disminuye en la medida en que tenemos en cuenta el apoyo que dio al TPP en el pasado (que ella denominó como el “Tratado de oro”) en su gestión como Secretaria de Estado, además de su apoyo a la mayoría de las “acuerdos de libre comercio” cuando era Senadora, y el apoyo al TLCAN en su función como Primera Dama hacia finales de los ’90s.

La Alianza del Pacífico fue desarrollada con un fuerte apoyo de EEUU durante la gestión de Hillary Clinton como Secretaria de Estado. Su propósito es claramente generar divisiones en América Latina y debilitar aquellos esfuerzos de integración económica y política de los que EEUU no tiene influencia, como Mercosur y Unasur. Esto concuerda con los agresivos intentos de Clinton por marginalizar y deshacerse de los gobiernos latinoamericanos con lineamientos de izquierda, como se percibe en su hostilidad con respecto a gobiernos como Venezuela y las medidas que ella misma tomó y que permitieron el éxito del golpe de la derecha en Honduras. Si llega a la presidencia, es esperable que Clinton continúe apoyando la Alianza para el Pacífico y estrategias de ese tipo para dividir América Latina.

De llegar a la presidencia, es esperable que Clinton persista en el apoyo de la agenda del “libre comercio”, aunque su oposición al TPP en sus promesas de campaña le generará un dilema si el Congreso no aprueba la ratificación del Tratado antes de finalizar el 2016. Si el TPP es votado por el Congreso de EEUU en el 2017, que es lo más probable, Clinton podría estar obligada a oponerse públicamente al tratado, evitando a la vez cualquier acción que impida su aprobación por parte del Congreso.

¿En qué medida influyen las grandes corporaciones en la toma de decisión en política exterior con respecto a países que no son aliados a EEUU, como Bolivia y Venezuela? ¿Ud. considera que habrá alguna diferencia en caso de que se instale un gobierno republicano o uno demócrata?

Los lobbies corporativos han tenido un rol principal en el diseño de la llamada agenda de “libre comercio” que ha sido promovida de igual modo por Republicanos y Demócratas. El primer acuerdo importante de comercio apoyado por corporaciones fue posterior a la Segunda Guerra Mundial, la Ronda Kennedy de negociaciones en el marco del GATT, iniciado por Kennedy y continuado por Johnson, ambos Demócratas. La Ronda Uruguay de negociaciones en el marco del GATT, iniciada por el gobierno Republicano de Ronald Reagan y concluida bajo la presidencia del Demócrata Clinton, llevó a la creación de la Organización Mundial de Comercio, una entidad cuyas reglas han sido en gran medida diseñadas por las corporaciones. El Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que fue una bendición para las manufacturas y los agro-negocios estadounidenses, que a la vez condujo a la baja de salarios y la desaparición de las fuentes de trabajo de cientos de miles de trabajadores en EEUU, fue primero firmado por el presidente republicano George Herbert Bush y luego impulsado por el presidente Clinton, que además lanzó las negociaciones para el Acuerdo de Libre Comercio con Centroamérica y Colombia; mientras que el presidente Obama presionó en el Congreso para la aprobación del Acuerdo de Libre Comercio con Colombia y lanzó negociaciones para concretar el Acuerdo del TPP, que fue definido por un sindicalista como “un enorme regalo para los intereses especiales de las corporaciones”

Esto es simplemente para ilustrar la profunda influencia que tienen los lobbies corporativos en los gobiernos estadounidenses, sean Demócratas o Republicanos. Las corporaciones y bancos estadounidenses se involucran cada vez con mayor profundidad en los procesos de elaboración de los acuerdos de comercio, mientras que al público en general e incluso a miembros del Congreso, no se le permite observar el borrador de los acuerdos hasta la última hora. Del mismo modo, las grandes corporaciones y bancos son en parte responsables del impulso desde EEUU de medidas neoliberales (privatización de servicios públicos, la reducción del sector público, desregulación del mercado laboral, etc.) en el extranjero; por ejemplo, por medio de los condicionamientos incluidos en los préstamos multilaterales, y por medio de los programas de “asistencia” para el desarrollo cuyo objetivo es lograr que los países sean más atractivos para los inversores extranjeros.

Cuando los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Venezuela rechazan la agenda de libre comercio de EEUU y la imposición de políticas neoliberales, el establishment de política exterior estadounidense los percibe rápidamente como problemáticos, establishment que está profundamente vinculado a las corporaciones y al sector financiero, así como a agencias del gobierno como el Departamento de Estado y el Departamento del Tesoro. Por lo tanto, los gobiernos con tendencias de izquierda de estos países han encontrado hostilidad tanto por parte de gobiernos Republicanos como Demócratas.

El nivel de hostilidad y las tácticas desarrolladas para socavar o derribar estos gobiernos, sí varía en alguna medida entre gobiernos Republicanos y Demócratas y es influenciada por otros actores provenientes de la burocracia gubernamental –por ejemplo, agresivos “Guerreros Fríos” que todavía pueden encontrarse en el Departamento de Estado; y grupos de presión ultra conservadoras como los grupos de Cubano-Americanos en Florida y New Jersey, y algunos grupos de apoyo a Israel. Estos sectores tienden a ejercer una influencia más significativa en gobiernos Republicanos, lo que explica hasta cierto punto por qué fue tan fuerte el apoyo de la administración Bush al golpe en Venezuela

¿Cuál es el futuro más probable de las relaciones entre Cuba y EEUU?

El gobierno de Obama ha mostrado un giro significativo –de una política de no reconocimiento al gobierno cubano y a los esfuerzos por alcanzar un cambio de régimen por medio del aislamiento diplomático, un bloqueo económico y esfuerzos descarados de subvertir las instituciones cubanas, a una política de normalización diplomática y económica, y de compromiso político. No obstante, el gobierno estadounidense no vacila en su meta de lograr un cambio de régimen; simplemente espera alcanzarlo promoviendo el liberalismo económico en la isla y buscando desgastar el apoyo de la población al gobierno cubano.

El gobierno cubano parece conocer bien las intenciones de EEUU, y está procediendo con cautela y deliberadamente en el proceso de acercamiento económico y político al gobierno y la comunidad empresarial estadounidense. Si bien la economía cubana podría beneficiarse en gran medida a partir de un mayor intercambio y de la recepción de capitales estadounidenses, los líderes cubanos conocen los peligros implicados en un crecimiento desigual en la isla, donde ciertos sectores privilegiados vinculados a fuentes de capital Cubano-Americanas, pueden tener el potencial de capturar una mayor cantidad del ingreso nacional a comparación de otros sectores. Si no se establecen mecanismos de redistribución equitativa del ingreso sólidos, existe un importante riesgo de que aquellos cubanos que más se han beneficiado de la Revolución Cubana y que conforman los sectores más sólidos de apoyo al gobierno, rápidamente muestren su descontento, lo que implica un desafío aún mayor para la sustentabilidad del actual régimen socialista.

¿Qué rol podría jugar la Argentina de Macri en la estrategia hemisférica de EEUU?

Alexander: La victoria de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales del año pasado es tal vez la derrota más importante para la izquierda latinoamericana en los últimos 15 años, y el gobierno estadounidense no ha tardado en capitalizarla. En primer lugar, brindando apoyo financiero y político al gobierno de Macri y promoviendo acuerdos rápidos entre corporaciones estadounidenses y empresas argentinas (la visita reciente de Obama coincidió con una conferencia que agrupó a más de 800 CEOs argentinos y estadounidenses). En segundo lugar, impulsando al nuevo gobierno argentino como líder regional con una agenda claramente pro-estadounidense, pro neoliberal y anti izquierdista. Las recientes declaraciones de Obama sobre el presidente argentino nos pueden dar una idea de las expectativas que el gobierno de EEUU tiene en la administración de Macri:

Argentina está asumiendo nuevamente su liderazgo tradicional en la región y a nivel mundial. Discutimos las maneras en las que EEUU y Argentina, en una serie de áreas, pueden ser aliados globales para promover los valores universales y los intereses compartidos.

Concretamente, a EEUU le gustaría que el gobierno de Macri rediseñe y reoriente el bloque del Mercosur, que ha incorporado recientemente a Venezuela –país al que EEUU tiene la clara intención de aislar– y se viene focalizando en consolidar un proceso de integración regional que no incluye a los EEUU. La ministra de relaciones exteriores de Argentina, Susana Malcorra, ha deslizado que Argentina buscará abrir el Mercosur hacia un tratado de comercio con EEUU, mientras que Macri atacó al gobierno de Venezuela durante la reunión del Mercosur el año pasado. En un encuentro reciente con Malcorra, el Secretario de Estado John Kerry, apoyó públicamente las agresivas declaraciones de Macri sobre Venezuela

Esperamos avanzar hoy en las conversaciones sobre el modo en que podemos enfocarnos de manera conjunta en una serie de asuntos (…) en algunos de los desafíos regionales, particularmente, por ejemplo, Venezuela, asunto sobre el que Argentina ya ha realizado una importante contribución.

Es claro que EEUU espera dar un nuevo comienzo a una alianza fuerte con el gobierno argentino, recordando el profundo vínculo que existió durante la presidencia de Carlos Menem.

Si es elegido un presidente demócrata, ¿cuán probable es que se focalice en asuntos internos en lugar de las relaciones exteriores (tal como lo plantea la tradición de ese partido)? Y si gana un republicano, ¿en qué medida se focalizará en la política exterior a los fines de cumplir con el proyecto de “hacer a América grande de  nuevo”?

A estas alturas, el escenario más probable es que un Demócrata llegue a la presidencia, y es altamente probable que ese Demócrata sea Hillary Clinton. Si bien la crítica de Sanders a la influencia de las corporaciones en el sistema político estadounidense y el apoyo decisivo a una agenda social-demócrata ha ayudado a galvanizar una campaña “insurgente” sumamente exitosa, Hillary Clinton posee una ventaja inconfundible gracias al apoyo del establishment demócrata y al de votantes más viejos (que son los de mayor participación en elecciones primarias). Y los sondeos sugieren que en una carrera mano a mano con el candidato republicano Trump, tanto Clinton como Sanders ganarían categóricamente.

En el caso poco probable de que gane Sanders las primarias del partido Demócrata, puede esperarse que lleve a cabo una importante disminución en la intervención extranjera de EEUU, manteniendo su postura anti-intervencionista, en congruencia con su trayectoria política previa. A menos que se genere un escenario crítico en política exterior (por ejemplo, un ataque terrorista importante en los EEUU) indudablemente se focalizará en asuntos domésticos y buscará conducir nuevamente la agenda de asuntos internos hacia la expansión del bienestar social que prevaleció durante décadas (desde mediados de los ’30 hasta mediados de los ’70). Puede esperarse que reduzca de modo significativo el presupuesto militar estadounidenses y que encuentre una fuerte resistencia en el Congreso por parte de Republicanos y de los principales Demócratas.

De nuevo, es probable que Hillary sea la próxima que ocupe la Casa Blanca y puede esperarse que reniegue rápidamente sus posturas progresistas que ha defendido durante la campaña de las elecciones primarias (por ejemplo, oposición al TPP, medidas para regular la especulación en Wall Street, aumento del salario mínimo, etc.); que ponga en práctica sus posiciones de halcón en materia de política exterior, que busque expandir la intervención en el extranjero y que implemente políticas de “contención” más agresivas contra los llamados Estados enemigos, como Irán y Venezuela. No obstante, queda la duda de que, en caso de que Hillary Clinton gane las primarias, Bernie Sanders busque movilizar las bases que lo han apoyado, a los fines de forzar a Hillary a que lleve a cabo una agenda más progresista. Por ejemplo, condicionando el apoyo de Sanders a la candidatura de ella, con el compromiso de que acate una agenda progresista.

Desafortunadamente, las bases de Sanders y Sanders mismo se han focalizado en una agenda de política interna en lugar de política exterior, entonces es probable que la presión para que ella se aleje de posturas de halcón sea bastante débil, salvo que se desarrolle un movimiento en oposición a la guerra más organizado y fuerte.

En caso de que Trump sea presidente –un escenario poco probable– es posible que sea menos halcón que Clinton en materia de política exterior. Su lema “Hacer América grande otra vez” está de hecho más enfocado en cuestiones de renovación de la política económica nacional, que en una política exterior musculosa. Trump puede estar haciendo comentarios xenófobos indignantes –orientados especialmente a los musulmanes en EEUU y en el extranjero– y puede ser que hable de reforzar la militarización y el bombardeo hasta liquidar el ISIS, pero en general se ha pronunciado en contra de la expansión del intervencionismo estadounidense y ha defendido medidas poco ortodoxas, por ejemplo, criticando el apoyo de EEUU a Arabia Saudita y convocando a la neutralidad en el proceso de mediación entre Israel y Palestina (aunque a la vez se presentó el mismo como el principal partidario de Israel). Su persistente oposición al TPP también lo distingue en el campo de los Republicanos, que tiende a estar ampliamente a favor del “libre comercio”.

Por supuesto que las posturas de Trump han sido fluctuantes en muchas cuestiones y parece que su principal preocupación es galvanizar la base republicana desencantada, que –como la gran parte de la gente en EEUU– no apoya las proyecciones imperiales de EEUU en el extranjero y se preocupa porque considera que estas empeoran las condiciones de la economía doméstica. Si Trump buscará mantener el apoyo de estas bases una vez en la presidencia, o si reconsiderará sus posiciones para aplacar el liderazgo republicano, es una pregunta que queda abierta.

Aunque Trump ha obtenido una fuerte ventaja en las primarias republicanas, los líderes Republicanos parecen estar a punto de tomar medidas, por medio de maniobras técnicas en la Convención Republicana de Julio, para tratar de evitar que Trump gane las primarias. En caso de que lo hagan y que la maniobra sea exitosa, probablemente el candidato presidenciable del partido será el Senador por Texas, Ted Cruz, que es poco popular en el establishment republicano, pero que es considerado más controlable que Trump –en parte porque no goza de la misma autonomía financiera en su campaña.

Puede esperarse que una presidencia de Cruz sea agresivamente intervencionista y que lleve a cabo una expansión en la “guerra contra el terrorismo”. Cruz es un militante pro-Israel y como resultado, es probable que lleve a cabo su promesa de “desgarrar” el acuerdo nuclear con Irán y poner a EEUU en el camino hacia una intervención militar contra Irán. Puede esperarse también, que intervenga de modo más agresivo en contra de gobiernos y movimientos de izquierda en América Latina.