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Reproducimos la entrevista hecha por OETEC a Sergio Martín-Carrillo

El Observatorio de la Energía, Tecnología e Infraestructura para el Desarrollo (OETEC) dialogó con el Dr. Sergio Martín Carrillo, Secretario Ejecutivo del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG), acerca del futuro argentino y latinoamericano en materia de integración regional e internacional; las características principales de los distintos Tratados de Libre Comercio que comienzan a aflorar dentro de nuestro continente; el porvenir del MERCOSUR y la UNASUR; el rol económico y político de Estados Unidos y China en relación a América Latina y las consecuencias que tendrá para la Argentina la administración de Mauricio Macri. Respecto de esto último, Sergio Martín Carrillo asegura: “Todo lo construido durante la última década y media está en disputa. Ya hemos visto que a pesar del discurso “apolítico”, de la “buena onda”, del gobernar para todos, el primer mes de gobierno de Macri ha supuesto una auténtica vuelta a las políticas del pasado. Y desgraciadamente, en tan poco tiempo vamos advirtiendo que las mismas políticas erróneas, aplicadas en diferentes momentos temporales, llevan inevitablemente a las mismas consecuencias: aumento de la pobreza y de la desigualdad”.

En 2005, liderados por la Argentina y Venezuela, importantes países de America Latina le dijeron no al ALCA en la IV Cumbre de las Américas. Sin embargo, de un tiempo a esta parte, han vuelto a resurgir en nuestra región un sinfín de Tratados de Libre Comercio (Alianza del Pacífico, TPP, TLC, etc.) ¿Por qué?

En el año 2005 se daba la coincidencia de un gran número de gobiernos progresistas o de izquierda en la región. A esto, además, habría que agregarle la fuerte reivindicación contra-hegemónica de estos gobiernos y la lucha por la construcción de soberanía. El ALCA fue tumbado en Mar del Plata. La oposición al mismo la llevaron a cabo principalmente tres presidentes que fueron los que llevaron el liderazgo en el nuevo ciclo que se comenzaba a abrir en la región: Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Lula da Silva. Dos de los mismos ya no se encuentran entre nosotros; el tercero, está volviendo a primera línea.

En este contexto, tanto los EE.UU. como los planteamientos de las derechas regionales se replegaron. Sin embargo, EE.UU. no es que dejara de pensar en la región: América Latina siempre ha sido y será el primer objetivo de la política exterior estadounidense. Lo que sí es cierto que hubo cierta “distracción” de este objetivo durante algunos años.
Todo esto motivó la aparición de procesos de integración regional a los que podemos denominar post-neoliberales, donde lo comercial quedaba claramente subordinado a lo político, lo social y lo productivo. Esto llevó a la aparición del ALBA-TCP, la UNASUR o la CELAC. Todos ellos sin la presencia de EE.UU. ni de las ideas neoliberales.

¿Qué son los Tratados de Libre Comercio como la reciente Alianza del Pacífico? ¿A qué se debe este resurgimiento? ¿Cuáles son los principales objetivos sociales, políticos y económicos de estos acuerdos?

La Alianza del Pacífico constituye el intento de EE.UU. de dividir la región desde dentro y acabar con esta nueva fase abierta en la región. Es cierto que EE.UU. no es miembro de la Alianza del Pacífico, pero sí participa activamente en ella y no olvidemos que todos los países que forman parte de la misma tienen a su vez Tratados de Libre Comercio con EE.UU.. Los Tratados de Libre Comercio bilaterales han sido el otro gran mecanismo utilizado por EE.UU. para mantener su posición dominante en la región. La crisis del multilateralismo librecambista regional con la caída del ALCA, hizo que EE.UU. adaptara su estrategia para focalizarla en la firma de Tratados de Libre Comercio con los países que aún seguían en su esfera de influencia, y de este modo, ir construyendo una zona de libre comercio país por país.

El último gran instrumento ha sido el TPP, el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica del que hablaremos más abajo. Esta vez sí dando una respuesta multilateral, pero para ello se hacía necesario ampliar el ámbito regional del acuerdo. Además de seguir manteniendo a la región latinoamericana en su esfera de influencia, el TPP persigue poner coto a la expansión del poder chino, tanto en Latinoamérica como en el propio continente asiático. No hay que olvidar que China no participa en este instrumento.

Recientemente el Presidente argentino Mauricio Macri se ha manifestado a favor de converger hacia la Alianza del Pacífico. ¿A qué responde este cambio geopolítico de Argentina? ¿Qué consecuencias podría traer para un país como la Argentina comenzar a formar parte de esta alianza? ¿Implicaría un tensionamiento de las relaciones que hasta ahora veníamos teniendo con los países del MERCOSUR y la UNASUR?

El MERCOSUR, que nacía a comienzos de la década de los 90 y con un fuerte componente neoliberal, fue adaptándose en los primeros años del siglo XXI a la nueva realidad de la región. No podemos hablar de que el MERCOSUR sea un proceso post-neoliberal, pero si que se ha nutrido mucho de estos nuevos procesos. Sí hay que destacar el fuerte componente contra-hegemónico que representa, con las dos principales economías suramericanas, Brasil y la Argentina, dentro del mismo, y las últimas incorporaciones de Venezuela y Bolivia.

Es normal que Macri apueste en lo discursivo por la Alianza del Pacífico; ya lo hizo también Horacio Cartes al llegar al poder en Paraguay. En el anterior caso, fueron los propios empresarios paraguayos los que frenaron a Cartes. Macri puede avanzar hacia la inclusión de la Argentina en la Alianza del Pacífico, pero eso en ningún momento puede suponer abandonar el MERCOSUR, pues Brasil y la Argentina están obligados a entenderse en la región y el marco que sigue suponiendo el MERCOSUR para las cuestiones económicas y comerciales es fundamental.

Ahora bien, hay que señalar que no abandonar el MERCOSUR no significará que el nuevo gobierno neoliberal de Macri intente virar el MERCOSUR hacia una inserción comercial abierta y desigual con el resto del mundo. Prueba de ello es la voluntad mostrada por Macri de retomar el acuerdo comercial entre MERCOSUR y la UE.

¿Qué es el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica? ¿Qué beneficios y desventajas acarrea para América Latina estrechar relaciones con la región Asia Pacífico?

El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica es básicamente el penúltimo movimiento de EE.UU. en el tablero de la disputa geopolítica global. Su objetivo no es más que el de presentar una nueva ofensiva de resistencia a la transición sistémica hacia un nuevo orden internacional de carácter multipolar. Hay que destacar que EE.UU. ya no es la potencia hegemónica que surgió tras el derrumbe del sistema bipolar con la caída de la URSS. Retomando a Arrighi, podemos hablar de que el liderazgo de EE.UU. sigue estando presente en el Sistema Internacional, sin embargo, este liderazgo ya no puede definirse como hegemónico, sino que nos encontramos ante un liderazgo que supone una “dominación sin hegemonía”.

El TPP, como se conoce al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, es una respuesta multilateral, para lo cual se hacía necesario ampliar el ámbito regional del acuerdo. Además de seguir manteniendo a la región latinoamericana en su esfera de influencia, el TPP persigue poner coto a la expansión del poder chino, tanto en Latinoamérica como en el propio continente asiático. No hay que olvidar que China no participa en este instrumento.

De beneficios para América Latina es difícil hablar, pues resulta poco probable que se presenten beneficios para la sociedad en general en un acuerdo que se ha llevado a cabo con un elevado nivel de secretismo y sin participación de la sociedad civil. Por el contrario, las desventajas parecen más evidentes. La entrada en vigor del TPP y el retorno a la inserción subordinada en la economía del mundo capitalista seguirá profundizando las relaciones de dependencia centro-periferia que recién comenzábamos a combatir desde algunos países de la región. La inserción subordinada acarrea un comercio desigual, donde la plusvalía viaja de los países periféricos a los centrales y se concentra en manos de unas pocas grandes compañías transnacionales. Además se genera también un comercio ecológicamente desigual, donde la periferia concentra pasivos ambientales y el centro importa las materias primas sin valor agregado necesarias para el proceso de producción capitalista.

La promoción que EE.UU. hace de los Tratados de Libre Comercio… ¿Es una respuesta al avance de los BRICS y China sobre América Latina?

Es claro que el avance de China en particular, y de los BRICS en general, inquieta a Estados Unidos. La creación del Banco de Desarrollo de los BRICS ha supuesto un guantazo a las instituciones de Bretton Woods controladas por EE.UU.. La presencia de China es cada vez mayor en los países latinoamericanos. Esto, si bien es importante pues nos permite disponer de diferentes fuentes y relaciones a nivel internacional, hay que tratarla con cuidado. No nos valdría cambiar una dependencia por otra. La relación con China debe ser estratégica. Además, la presencia de financiamiento o inversiones chinas no tiene cláusulas de condicionalidad que obligan a la aplicación de políticas neoliberales como en el caso de EE.UU. o las instituciones que ellos controlan.

América Latina fue siempre un terreno en disputa dentro del juego imperial. ¿De qué dependerá esta vez el futuro de la región? ¿De dónde venimos y hacia donde vamos?

Es mucho más fácil hablar de dónde venimos. Para ello podríamos retomar el comienzo de la excepcional obra de Eduardo Galeano. Es decir, venimos de la dependencia, de la inserción subordinada en la economía mundial capitalista, esto es, en la región nos especializamos en perder. Muchos fueron los intentos a lo largo de más de doscientos años por acabar con esta situación, pero los intentos, salvo contadas excepciones, siempre acabaron derrotados por el imperialismo, tanto de uno como de otro lado del atlántico.

Todo lo construido durante la última década y media está en disputa. Es cierto que en el ambiente se respira cierta sensación de zozobra tras las victorias de Macri en la Argentina y de la MUD en la asamblea venezolana. Centrándonos en la Argentina, ya hemos visto que a pesar del discurso “apolítico”, de la “buena onda”, del gobernar para todos, el primer mes de Gobierno de Macri ha supuesto una auténtica vuelta a las políticas del pasado. Y desgraciadamente, en tan poco tiempo vamos advirtiendo que las mismas políticas erróneas, aplicadas en diferentes momentos temporales, llevan inevitablemente a las mismas consecuencias: aumento de la pobreza y de la desigualdad.

Lo que toca ahora para seguir profundizando los procesos de transformación populares es apostar por entender la nueva realidad social, las nuevas demandas que tiene la mayoría social. Muchas de las clases populares que hasta hace pocos años vivían sin cubrir sus necesidades básicas, ahora ya las cubren gracias a las políticas aplicadas por estos gobiernos. El discurso de “no volverán” se ha mostrado inútil en los últimos procesos electorales y está claro que la derecha internacional tiene entre sus principales objetivos a América Latina. La región latinoamericana ha sido vanguardia en la aplicación de políticas que favorecían a las grandes mayorías sociales. Hoy, tanto EE.UU. como la derecha internacional se ha marcado el objetivo de que la región sea la punta de lanza para el retorno de las políticas neoliberales para que el capital transnacional siga campando a sus anchas por la región latinoamericana.

Publicado en: OETEC