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Por Agustín Lewit – Unidad de Coyuntura (CELAG)

En los últimos meses, los países ubicados en el eje posneoliberal han recibido fuertes golpes: en Argentina perdió el kirchnerismo, en Venezuela el PSUV perdió la Asamblea y en Brasil, Dilma se vio acechada por la oposición. A contrapelo de eso, Bolivia aparece como un país estable y con un liderazgo del MAS indiscutido  ¿A qué se debe eso?

Todas las encuestas de aprobación marcan alrededor del 70% de bolivianos satisfechos con la gestión del Presidente. En un gobierno que lleva 10 años en el ejercicio del poder esto es poco frecuente. Se puede decir, sin ser militante oficialista, que Evo ha hecho las cosas bien. El liderazgo del Presidente ha venido acompañado de una estabilidad social y una estabilidad económica. Estos tres factores están fuertemente relacionados y cobran, si cabe, más importancia en tiempos de crisis. Evo es seguramente el único actor en Bolivia, por ejemplo, que puede convencer a patronal y sindicatos de llegar a un acuerdo cuando parten de puntos alejados. Ahora bien, eso no significa que la derecha nacional e internacional no esté con muchas ganas de alterar este escenario. La campaña del referéndum te muestra esto de manera patente. Hay una articulación entre una caduca oposición local, la nueva derecha regional- que mientras más pasan los días tiene más de derecha que de nueva- y los EE.UU que desea intentar golpear este esquema, que ha mejorado la vida de los bolivianos sustancialmente, participando de modo activo en esta campaña.

Muchas de las críticas en contra de la repostulación ponen el acento en la necesidad de recambio en el poder y en los peligros de la perpetuidad. ¿Hay un peligro real ahí? ¿El recambio es un valor en sí mismo?

Yo creo que no. Esa defensa, curiosamente, la hacen actores políticos locales que cada vez que se presentan a las urnas vuelven a casa con una derrota. Son actores que la ciudadanía boliviana ya ha dado por amortizados. Son ellos los que hacen una defensa formal, vacía, de la alternancia. Curiosamente esta defensa de la alternancia va en contra de, y esto sí es necesario, la construcción de una alternativa política al MAS. Los defensores formales del recambio están más apurados en tener poder, de la manera que sea, que en construir políticamente otra opción distinta, y que responda mejor a la gente que el MAS. En los tiempos donde ellos gobernaban existía un recambio formal- una suerte de turnismo entre tres partidos que de algún modo terminaban siendo todos socios- y ahí si que teníamos una democracia poco digna de ese nombre.

Las encuestas de hace unos meses anticipaban que una mayoría se inclinaría por el “NO”. Sin embargo, los últimos sondeos muestran una mínima ventaja a favor de la reelección de Evo. ¿A qué se debe este cambio?

A que la gente recién le va prestando atención a la elección y a lo que allí está en juego. También a un progresivo aumento de la presencia del Presidente Evo en campaña y, con resultados diferentes, un aumento notable de la presencia opositora en la campaña del No.  La derecha local está segura de que el No obtendrá un buen resultado, en todo caso muy por encima del que todos estos señores han obtenido cuando han disputado a Evo una elección. Hay una fuerte lucha en la oposición por quedar bien situado para reclamar la paternidad de ese resultado. En realidad, si uno es un ciudadano opositor convencido de la necesidad de una alternativa contemporánea al MAS tendría que optar por el Si en el siguiente referéndum ya que es necesario jubilar de una vez a ciertos actores y ciertos discursos que impiden a la oposición mejorar.

En este sentido ¿Es más una debilidad del proceso o una fortaleza de Evo el hecho de que no surja una alternativa a su liderazgo?

Un liderazgo como el de Evo es impensable en el sentido de que estamos bastante alejados de repetir unas condiciones históricas similares a las que se dieron cuando fraguó ese liderazgo. En todo caso te diría que es tanto una fortaleza como una debilidad. Depende el tiempo y el enfoque desde el que hablemos. Una fortaleza por ese enorme poder de convocatoria y legitimidad para impulsar decisiones importantes; una debilidad para pensar una estructura más estable como organización política.

¿Cuáles son los asuntos pendientes que faltan resolver en Bolivia?

Muchos y  en diferentes campos. Sobre todo cuando tienes una sociedad que en menos de una década ha cambiado, ella y sus demandas, a una velocidad de vértigo. Falta, y mucho, mejorar la gestión pública; empezar a pensar en la importancia de políticas públicas más focalizadas; acometer una reforma profunda de la justicia.

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