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Gina Paola Rodríguez es Doctora en Ciencias Sociales por la UBA. Ha sido docente de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad de Buenos Aires. Se desempeña actualmente como investigadora del Instituto de Estudios de América Latina y el Caribe (IEALC-UBA).

Parte I

Es interesante reflexionar sobre los escenarios de la política colombiana una vez superado el plebiscito del 2 de octubre. ¿Qué liderazgos salen fortalecidos? ¿Cuáles son los escenarios previsibles de la derecha colombiana?

Inmediatamente después del No, Uribe salió fortalecido en el escenario político colombiano. Sin embargo, las revelaciones del jefe de la campaña por el No, referidas a las estrategias de manipulación empleadas y la dilación en las contrapropuestas de renegociación de los acuerdos hacen que el Centro Democrático aparezca como una oposición caprichosa a lo logrado en La Habana. Esto, por supuesto, no desdice el mensaje transmitido por el triunfo del no: la pervivencia de un pensamiento fundamentalmente conservador, apegado a valores como la familia, la propiedad, la tradición, la religión y la renuencia de muchos colombianos a los cambios que habrían de implementarse en un escenario de desmovilización definitiva de las FARC.

Podríamos decir que el plebiscito nos deja ante al menos tres tendencias: por un lado, un sector de ciudadanos indiferente al proceso de paz, que decidió no asistir a las urnas dando como resultado un índice de abstencionismo del 62%, en lo que parece ser ya un rasgo consustancial e histórico del régimen político colombiano. Este será un factor a tener en cuenta con miras a cualquier escenario de refrendación de los acuerdos, como puede ser una eventual Asamblea Nacional Constituyente, en un país en el que el voto no es obligatorio.

Por otro lado, la pervivencia de un sector del electorado al que se supo interpelar desde un discurso de valores ultra conservadores y antifarianos, como los lanzados por la campaña del No, y a los que fue fácil llegar con un discurso del miedo como el enarbolado por el Centro Democrático, tal como ha dado a conocer su jefe de campaña.

Finalmente, un sector que mantiene su compromiso con la paz, que entiende lo trascendental de estos acuerdos y que tras el plebiscito ha iniciado una importante movilización a nivel nacional. Las marchas que tuvieron lugar esta semana en toda Colombia, lideradas por jóvenes, estudiantes, movimientos indígenas y víctimas del conflicto armado, pueden ser el inicio de una política de ‘auto convocados’ por la paz, que ejerzan presión sobre el presidente Santos y las FARC a fin de mantener con vida el proceso.

De cara a las elecciones presidenciales de 2018 es muy probable que tengamos de vuelta al Centro Democrático en el medio de la escena, queda por ver en calidad de qué participará el expresidente Uribe. Hasta el momento están negadas las posibilidades de una tercera elección, pero no sería de extrañar que, en una eventual Asamblea Nacional Constituyente, la discusión sobre la reelección reflote, del mismo modo que cuestiones que exceden el contenido de los acuerdos con las FARC. Han aparecido dentro de las propuestas de modificación de los acuerdos lanzadas por Uribe en los últimos días, temas como la no afectación de la regla fiscal, la confianza de inversión del sector privado, la competitividad, etc., que no fueron tema de discusión en La Habana y son ahora introducidos por Uribe como materia de discusión.

Siguiendo con el tema de los liderazgos, hay que decir que otro precandidato que salió desdibujado tras el plebiscito fue el actual vicepresidente Germán Vargas Lleras. En su negativa a apoyar abiertamente el Sí a los Acuerdos de La Habana, quiso mantenerse en una cómoda zona gris frente al electorado. Valdría la pena saber, sondeo en mano, de qué manera ese tímido Sí, junto con el triunfo del No, afecta a la figura de Vargas Lleras dentro de las preferencias de los colombianos.

Respecto de otros liderazgos que en Colombia llaman de ‘centro’, pero que en realidad siguen siendo de una derecha que se presenta a sí misma como desideologizada, tecnocrática, académica, científica, es un poco prematuro predecir de qué manera se verán afectados por el destino del proceso de paz. Nos referimos a casos como el de Sergio Fajardo, ex-gobernador de Antioquia y actual precandidato presidencial, quien acompañó la campaña por el Sí a la paz, e insiste en que el triunfo del No se debió a una falta de pedagogía en la explicación de los acuerdos. Lo esperable sería que, de triunfar el proceso de paz con las FARC, la figura de Fajardo mantenga el nivel de aceptación que hasta el momento le han dado algunas encuestas.

Ahora, hay que ver de qué manera va a sortear el uribismo este proceso de renegociación. Los cinco puntos presentados por Uribe son materia de muy serio análisis y, buena parte de ellos, como la limitación de la participación política de los guerrilleros y la aplicación de la Ley de Justicia y paz, son directamente inviables.

Por la envergadura de las propuestas hechas por Uribe, el proceso no podrá más que dilatarse si la expectativa es lograr acuerdos que sean del agrado del Centro Democrático. Vamos a ver cómo van a interactuar un Santos, fortalecido ahora con el espaldarazo internacional que supone ganar un Nobel de Paz, con un Uribe que sigue siendo la cabeza de las fuerzas de oposición.

Eso es lo que podemos ver a la luz de la coyuntura, pero, como pudimos notar en esta semana tan vertiginosa, los escenarios pueden variar. Colombia es un país donde la política está cada vez más mediada por cuestiones acontecimentales, de manera que lo único que parece ser persistente es la no participación y los valores ultra tradicionales a los que nos referimos anteriormente.

Tanto la derecha santista como la uribista se encuentran ante un escenario que no habían planificado. ¿Cuáles son los caminos que se pueden tomar a partir de ahora?

Cada día parece tener una salida distinta: el lunes en la mañana, después de escuchar a Piedad Córdoba y escuchar a las propias FARC, se pensaba en un escenario de Asamblea Nacional Constituyente. Lo de Asamblea Nacional Constituyente es digamos un escenario omni-abarcativo que implicaría poner en cuestión no únicamente los puntos acordados en La Habana. ¿Cuáles serían los riesgos de una Asamblea Nacional constituyente?

Estos se definen a través de varios cuestionamientos ¿de qué va a ir la Asamblea Nacional constituyente? ¿sólo va a ser respecto de estos seis puntos de La Habana? o ¿se va a hacer como en el año 91 donde se redefinió todo? El segundo peligro es que, si se redefine todo, se puede correr el riesgo de que, como en el año 91, se metan ‘de contrabando’ otros temas (en ese entonces fue el ajuste neoliberal).

Considero un peligro muy grande pecar de maximalistas y pensar que para refrendar un acuerdo con las FARC se puedan abrir vías de discusión para interpelar todo el ordenamiento constitucional. Y el problema ya no tiene que ver solo con la cuestión de fondos sino de la forma; una Asamblea Constituyente implica, primero, que se reúna un apoyo popular superior a estos 12 y tantos millones de la votación del plebiscito, que se haga el llamado a la formación de una Asamblea Nacional Constituyente. Segundo, a la aprobación de una ley del Congreso. Tercero, un llamado a las urnas para la elección de los constituyentes. Y, cuarto, la garantía que dentro de ese llamado de elecciones estén efectivamente representadas las FARC, es decir, ir a ese escenario es llegar al 2018 y estar con el acuerdo sin resolver.

Otro escenario posible sería que se maneje en el nivel de la política y de los líderes políticos, valga la redundancia. Ver qué se puede hacer con Uribe y ver de qué manera se puede lograr un acuerdo que acerque de algún modo a quienes votaron No. Esta salida deja a las FARC en una situación muy vulnerable porque justamente los puntos de los que habla Uribe a rediscutir son (1) el tema de la participación política de las FARC y (2) el tema de la cárcel para todos los guerrilleros. Ahora, esto lo dice el día antes de la votación del No y el día lunes ofrece una amnistía generalizada para guerrilleros, acá tenemos entonces un problema relacionado con las inconsistencias del propio Uribe que no parece tener demasiada coherencia en cuanto a sus planteamientos.

El tercer escenario sería que el presidente Santos, como parte de sus facultades presidenciales, decida darle continuidad al cese al fuego y a la implementación de los acuerdos más allá del 31 de octubre. Algunos analistas han interpretado el llamado al plebiscito con un intento fallido de Santos por recuperar apoyo popular o ponerse a prueba en las urnas, que resultó en una clara manifestación en contra de su gestión. No hay que perder de vista que muchos electores castigaron a Santos con su voto. En definitiva, un tercer escenario sería que el presidente Santos, apoyado por la comunidad internacional y los votantes del Sí, decida continuar el proceso y llevarlo a buen término. Por supuesto esta es una decisión que no toma en consideración el costo político de desconocer lo ocurrido en el plebiscito. Cualquiera de los tres escenarios, como vemos, es complicado, pero son los únicos tres previsibles hasta ahora.