8 min. lectura

El PT no sólo afronta una parálisis de la economía brasileña, también se encuentra inmerso en una crisis política e ideológica

El partido que elevó a Brasil a potencia emergente, a actor clave en el escenario internacional y que logró sacar de la pobreza a millones de brasileños durante la última década, vive sus horas más bajas. La desaceleración económica brasileña en 2014 por poco le costó la reelección presidencial a Dilma Rousseff y al bloque del Partido dos Trabalhadores. Desde que estrenó su nuevo mandato este año, esas dificultades económicas han derivado, además, en una importante crisis política y en una pérdida de rumbo de las líneas ideológicas petistas.

El aumento de la inflación al 6,4% en enero, el estancamiento en el crecimiento del PIB, la reducción de la producción industrial, el saldo negativo de la balanza comercial del país (90,9 mil millones de dólares) y la bajada de los precios de los commodities vaticinan un cambio de ciclo económico prolongado para el país. El caso Lava Jato en Petrobras, entidad estratégica en los designios políticos brasileños, recuerda a los peores años del Mensalão de 2005. La firma petrolera se halla inmersa en casos de pérdidas millonarias por gestiones deficientes, casos de corrupción de sus más altos directivos, con decenas de políticos de diferentes partidos involucrados e incluso se sospecha de financiación ilegal de la campaña petista, cuestión última que salpica directamente a Rousseff y que le obligó a destituir a la presidenta de la entidad durante los últimos tres años y persona de confianza, Graça Foster.

Esa desaceleración económica y los escándalos en la mayor compañía brasileira son el punto de partida de la desorientación ideológica del PT. El devenir de los acontecimientos en las últimas semanas y las primeras reacciones del gobierno y del legislativo han decepcionado a muchos votantes. Son varios los factores políticos e ideológicos que han hecho levantar ampollas entre los propios miembros del partido y entre los grupos opositores:

– Lula y Dilma consiguieron salir indemnes de los mayores casos de corrupción que enfrentó su partido hasta ahora. Dilma ha hecho bandera todo este tiempo de ser implacable ante cualquier acción irregular por parte de sus correligionarios. La Operación Lava Jato, sin embargo, no solo pone en peligro la estabilidad del gobierno, sino que cuestiona la propia capacidad del PT de acabar con el lastre de la corrupción en las instituciones brasileñas. La semana pasada, el relator del caso en el Tribunal Supremo Federal hizo pública la lista de los principales políticos que están siendo investigados, incluyendo a los actuales presidentes del Congreso y del Senado. Por si fuera poco, este caso da alas a quienes pregonan la conveniencia de privatizar por completo el modelo mixto de gestión de Petrobras.

– La dependencia brasileira actual al precio de los commodities pone en evidencia la robustez de su economía. ¿Perdió el PT una oportunidad durante estos últimos once años para impulsar la industria y las exportaciones manufactureras en detrimento de las volátiles materias primas?

– La denominación de Joaquim Levy como Ministro de Economía, de corte neoliberal y ex-miembro del gobierno de Henrique Cardoso, creó un gran desconcierto entre los simpatizantes del PT. Los recortes anunciados a principios del nuevo mandato no hicieron sino confirmar la intencionalidad de Dilma de llevar a cabo políticas de austeridad y de control de la inflación. Mientras muchos economistas apuntan que la subida de la inflación es inevitable ante la subida de salarios mínimos y que estas políticas solo contendrán el crecimiento económico, los recortes afectan a prestaciones fundamentales como las de los trabajadores y pensionistas. En un país que ya cuenta con un sistema impositivo claramente regresivo, estas medidas han hecho encender la llama de las bases operarias, que se manifestaron en varias ocasiones durante las últimas semanas contra el gobierno de Rousseff.

– La debilidad de la coalición parlamentaria mayoritaria, que sustentaba el dominio petista en los dos poderes, se hizo patente a principios de febrero cuando el candidato del PMDB, Eduardo Cunha, ganó la disputa a la presidencia del Congreso frente al candidato del PT. El elegido, en plena proyección política (si bien recientemente imputado en el Lava Jato), desafía ahora al gobierno con una autonomía mayor que le permite ser un auténtico poder en la sobra, legitimado por el fuerte apoyo a su partido en las últimas elecciones legislativas (66 escaños) y el gobierno de siete estados. Esa pérdida, unido a la preeminencia actual de tendencias conservadoras en la Cámara baja, dificultará aún más el avance de muchas políticas sociales pendientes que le serían propias a un proyecto progresista como el del PT: despenalización del aborto, reconocimiento legal de los matrimonios entre personas del mismo sexo, la legalización de la marihuana o la reforma agraria.

– Los problemas de abastecimiento de energía hidroeléctrica, provocados por las sequías de los últimos meses y las deficiencias en infraestructuras, si bien atañen principalmente a los estados federales, también afectan al gobierno del Planalto, que tiene responsabilidad en sus líneas estratégicas. Existe un silencio al respecto que parece continuar en la línea de desapego hacia los temas ambientales en un país donde el ritmo de deforestación de la Amazonía viene aumentando desde el 2012.

– El mundial de fútbol causó un fuerte revuelo de protestas. Las olimpiadas de Rio auguran reacciones más intensas. En una ciudad con condiciones de desigualdad extremas y donde las fuerzas de seguridad continúan haciendo uso excesivo de la violencia, la población no verá con buenos ojos un costoso acontecimiento deportivo que además está acondicionándose en el barrio más pudiente de la ciudad, por lo que difícilmente provocará un enriquecimiento o una revitalización de sus áreas marginales.

– Por último, también de cara al exterior el PT parece haber perdido fuelle ideológico. La timidez con la que Dilma maneja los asuntos internacionales contrasta con el ímpetu de Lula durante su mandato. Brasil pasó a un segundo plano en foros e iniciativas en las que antes era protagonista: en la integración continental, en el desarrollo de alternativas al neoliberalismo en la región, en el fortalecimiento del poder de negociación del G-20 y de los BRICS o potenciando las relaciones con países africanos y asiáticos. El acuerdo de libre comercio entre Mercosur y la UE parece copar ahora los principales esfuerzos del cuerpo diplomático del Itamaraty.

A la vista de este raquitismo en las líneas ideológicas del PT en los últimos tiempos, podría apelarse a la máxima en estrategia política por la cual las medidas impopulares hay que tomarlas durante el primer año de mandato. Eso parecía dejar entrever la Presidenta Rousseff en su último discurso público, cuando pidió paciencia a los ciudadanos brasileños.  ¿Sobrevivirá el PT a esa estrategia o morirá en el intento? ¿Será este desbarajuste político temporal o entrará Dilma y el PT en una espiral de recortes y medidas impopulares a costa de reducir la inflación? ¿Puede permitirse esto un país que todavía cuenta con 16 millones de personas viviendo en situación de pobreza?

La oposición y el ala más conservador del poder legislativo aprovechan esta debilidad para atacar al gobierno con una fuerte radicalización y con el apoyo de los grandes poderes mediáticos del país. En su discurso incluyen la posibilidad de llevar a cabo un impeachment “a la paraguaya” contra la Presidenta, lo que refleja el cauce oportunista y poco democrático que una buena parte de la derecha política está desarrollando ante esta crisis económica y política. Más aún cuando esa política de recortes es afín a sus propuestas y dado que los casos de corrupción de Petrobras están salpicando por igual a la mayoría de los partidos.

En la calle, esta polarización ideológica está más presente que nunca. En uno de los países donde el uso de las redes sociales es más prolífico, no se han hecho esperar las convocatorias populares y las concentraciones de varias organizaciones sociales para posicionarse en una u otra dirección. Este viernes se prevén manifestaciones en varias ciudades del país de las bases petistas a favor de Petrobras y en contra de los ataques que la entidad está recibiendo, incluyendo los que promueven su privatización. Fueron convocadas por la Central Única dos Trabalhadores (CUT) y será apoyada por otras organizaciones como el Movimento dos Trabalhadores Rurais Sem Terra (MST). El domingo tendrán lugar concentraciones en contra del gobierno de Dilma. Impulsadas principalmente en las redes, pedirán también el impeachment de la Presidenta. El principal partido opositor, el PSDB y su líder Aécio Neves, que se desmarcan de forma ambigua de ese proceso, han hecho público su apoyo y confirmado su presencia en las manifestaciones.

Estas demostraciones populares y los ataques políticos que piden la destitución de la Presidenta acontecen, paradójicamente, pocos meses después del triunfo de Rousseff en las elecciones presidenciales. Es de esperar, por ello, un largo y áspero mandato del PT en los próximos tiempos.

 

 

 

AUTORES