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Gabriela Michetti es quizás uno de los personajes más populares de la política argentina. En el Pro la bautizaron como “la madre Teresa” a raíz de su amistad con el entonces cardenal Bergoglio -hoy Papa Francisco-, aunque no siempre ha podido defender, por impolíticas, las posturas del prelado. Su estilo carismático tiene unos orígenes que se remontan a la agrupación Democracia Cristiana, confluyendo en 2003 hacia las filas del Pro. Ese mismo año fue elegida como legisladora para la Ciudad de Buenos Aires.

Sus dotes de heroína de cuento y del favor del electorado en 2007, hicieron que sea la escogida por Macri como compañera de fórmula a la Jefatura de Gobierno de la ciudad. Michetti “sedujo” público con su relato desde el living de Susana Giménez narrando el accidente que la dejó paralítica, sus primeros entreveros sexuales y el sufrimiento que le causó el engaño de su pareja, quien mantuvo durante largo tiempo una relación paralela y un hijo “clandestino”. Su reacción ante la adversidad y su voluntad para superar el drama desataron elogios de los personajes más diversos. De hecho, en una de las páginas del sitio web del PRO hay un artículo titulado: “Me dolió más mi divorcio que el accidente”.

Su actual pareja, Juan Tonelli, se acercó al PRO como consultor externo de la Fundación Crecer y Creer, del presidente Mauricio Macri. Ellos se conocieron durante unos “encuentros litúrgicos y desayunos de oración”, aunque las relaciones con el actual gobierno van más mucho más allá, dado que Cambiemos adquirió espacio publicitario en la revista de Tonelli. Solamente tomando en cuenta lo publicado en el Boletín Oficial porteño, recibió más de dos millones de pesos por pauta publicitaria y organización de eventos como el “BAM -Buenos Aires Market”- o las “Sparkling Nights” -reuniones para catar vinos lujosos en hoteles cinco estrellas, bastante lejos del ascetismo creyente-. Los montos corresponden sólo a las contrataciones directas publicadas y serían apenas una parte de lo que efectivamente recibió a través de su empresa Tough Match y por su relación con Castropol Comunicaciones.

Michetti supo poner un manto de “sensibilidad social” al rostro de centro-derecha del Pro. De formación cristiana y oriunda de un pequeño pueblo de Buenos Aires, sus comienzos en política como experta en relaciones internacionales por la Universidad de El Salvador la encontraron junto a Carlos Auyero (Partido Demócrata Cristiano de Izquierda) y, más tarde, cercana a Graciela Fernández Meijide. Como su amiga Carrió, Michetti también habla de amor y valores. “En verdad, yo no siento que me tenga que definir así por donde en el imaginario, la centroizquierda es la dueña exclusiva de la sensibilidad, los derechos humanos y la gente pobre, y la derecha es el orden, la eficiencia”, ha manifestado.

Su historia dio un giro en el momento en que conoció a su mentor, Mauricio Macri: “en el Pro me dieron las posibilidades que no tuve en el Frente Grande”. Gabriela es un soldado, generosa en muestras de lealtad y siempre dispuesta a negar férreamente las acusaciones contra su Jefe, quien luego de la disputa con Rodríguez Larreta por la sucesión en Capital Federal la ha llevado a la Casa Rosada como su vicepresidenta.

En marzo de este año y en el cierre de la Jornada de Empleo para la Inclusión llevada a cabo en la Cámara de Senadores, Michetti anunció el armado de un Plan Nacional de discapacidad. Paradójicamente, tan sólo 3 meses más tarde su gobierno anunciaría la quita de pensiones a personas con necesidades especiales, argumentando buscar ¨transparentar¨ dichas asignaciones, poniendo fin a la ¨discrecionalidad¨ del gobierno anterior. En la misma línea, el funcionario Badino del Ministerio de Desarrollo Social sostuvo ¨una persona con síndrome de Down no es sujeto de derecho de esta pensión. Puede trabajar si lo deseara, quizás le pueda caber la Asignación Universal por Hijo¨. Sin embargo, en una muestra más de su errorismo [1] de Estado, el gobierno finalmente dio marcha atrás frente al repudio generalizado por parte del conjunto de la sociedad.

La artífice del acercamiento entre Carrió y Macri, o del radicalismo y Unión Pro, durante años fue políticamente correcta, dueña de un poder de seducción que la identificaba como buena mina de la que todas nos haríamos amigas. Sin embargo, lejos de la impoluta moral cristiana, el escándalo del novio lobista beneficiario de contratación directa y las negativas repercusiones por el fallido intento de eliminación de las pensiones por discapacidad, han mellado su imagen.

[1] En lo que lleva de gestión el gobierno de Cambiemos, Macri debió dar marcha atrás en varias ocasiones con decisiones políticas que levantaron polémica tales como el intento de nombrar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, las revisiones y correcciones a aumentos de tarifas y la quita de pensiones por discapacidad. La prensa local e internacional ha designado como “errorismo” la práctica habitual de aprobar medidas impopulares que luego son desechadas, ya que ellos mismos reconocen errar en la gestión.