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Si hay un liderazgo político en Colombia que refleje fielmente las tensiones existentes en la derecha política del país es el de Gina Parody. Esta política colombiana ha tenido una trayectoria que la llevó del uribismo más recalcitrante a ser la abanderada del Sí en el plebiscito de refrendación del acuerdo de paz, o sea, una ficha clave del actual Gobierno.

Gina empezó a apuntalar su carrera desde muy joven cuando comenzó como asesora en la campaña del candidato liberal Alfonso Valdivieso, en 1997 de la mano de Rafael Pardo, una primera experiencia que le serviría para ir estableciendo contacto con los liderazgos políticos más relevantes de la derecha en la próxima década. Particularmente, fue con Uribe con quien estableció unos fuertes lazos, convirtiéndose en su escudera durante su primer Gobierno.

En 2002 se lanzó a la Cámara de Representantes por Bogotá, donde con el apoyo de Uribe y de una importante inversión publicitaria (huelga decir que su padre es un magnate del transporte marítimo), se abrió espacio con una candidatura independiente, en adherencia a la de Álvaro Uribe. Desde esa palestra defendió el Estatuto Anti-terrorista de 2004, el cual posteriormente la Corte Constitucional declararía inexequible. Desde entonces, marcó una postura favorable a medidas ‘duras’ como la privación de la libertad ‘preventiva’.

Así, Gina consumó su liderazgo en torno a una posición de radical defensa de las políticas de extrema derecha de Uribe, algo que le sirvió para llegar al Senado, esta vez como figura incuestionada del Partido de la U. Desde 2006, con el desarrollo del segundo Gobierno de Álvaro Uribe, comienzan los distanciamientos entre las dos figuras; fundamentalmente debido a los cada vez más evidentes vínculos del líder político y sus allegados con el paramilitarismo, un límite que Parody no excedió, comenzando a salirse de las filas del uribismo radical de forma paulatina. Finalmente, las tensiones y su acercamiento a posiciones más cercanas a la derecha liberal precipitaron su salida del partido y de su escaño en 2009.

Fue en aquel momento, cuando la unidad que mantuvo integradas a la derecha terrateniente y la burguesía citadina comenzó a diluirse, dando lugar a un  reposicionamiento en torno a dos ejes ahora diferenciados. Santos ganó las elecciones con el apoyo de un Uribe, convencido de que quien había sido  el encargado de la cartera de Defensa iba a defender sus ideales, pero no fue así. Al poco tiempo, Juan Manuel Santos comenzó a marcar distancia de su antecesor. Gina Parody -como si adivinara el terremoto político de los siguientes años- estableció una alianza estratégica con Santos, quien la nombró en 2013 directora de Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA) y posteriormente, durante su segundo Gobierno, ministra de Educación.

La ministra Parody no sólo refleja una trayectoria de tránsito político de la extrema derecha a posiciones más progresistas, sino que es protagonista del reconocimiento de dinámicas sociales relacionadas con formas alternativas de familia, relaciones y sociedad. En particular, Parody ha sido diana de fuertes críticas por el escándalo –viralizado en  Social Media- sobre la presunta publicación por parte del ministerio a su cargo de un manual para dictar las clases de educación sexual a menores.

El debate público generado por los líderes religiosos y de la extrema derecha se centró en deslegitimar a la ministra por su condición sexual. Siendo, durante las últimas semanas, el foco de insultos de toda índole. Algo que lejos de perjudicarla políticamente, le ha servido para posicionarse cercana a colectivos y grupos con sensibilidades progresistas, a pesar de que su labor política no ha ido en ese camino.

Santos, que no está interesado en generar discordias en un momento tan importante como el actual, alejó temporalmente a la ministra de su cargo y le delegó la campaña por el Sí, una decisión estratégica más del presidente. Parody constituye, actualmente, uno de los liderazgos jóvenes con alto impacto en redes sociales y, si se quiere,  su éxito apunta a un posicionamiento a favor de valores más progresistas dentro de la derecha santista, una figura necesaria para convencer a un volátil segmento del electorado: los jóvenes.

Doctora en Ciencia Política por la Universidad de Salamanca (España) y licenciada en Comunicación y Sociología por la misma universidad.

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