3 min. lectura

El juez Bonadio diagramó el escenario para el lanzamiento de un Frente  Ciudadano. Quedará para la historia, sobre todo, si esto se vuelve realidad. Le regaló la cancha y el estadio a Cristina Fernández de Kirchner. Gratis. Con una denuncia endeble y poco judiciable, argumento que comparten mayoritariamente kirchneristas, periodistas y macristas. El poder judicial será el puntapié de un teatro de operaciones que se reveló eficaz para un kirchnerismo que desea ganar la calle e impulsar propuestas. Mostrar a la “jefa”. De hecho, fue el único actor que ocupó la calle en estos cuatro meses de gobierno de Cambiemos (habrá que observar la movilización sindical que está pensada para el 1 de mayo). Todos se retiraron al arte cortesano que imprimen las instituciones y se olvidaron de la calle.

El kichnerismo hizo un gran gesto de fuerza con el despliegue de una gran multitud. Está por verse si este “relanzamiento” se transformará en nuevas adhesiones o en “traer al redil” a electores que votaron por otros candidatos presidenciales. La presencia fue calculada. Privilegió ganar la calle con esta presentación judicial y no tanto en otras discusiones como los hold outs o los despidos en el ámbito estatal. La política es un universo de oportunidades y CFK utilizó y “rentabilizó” aquella donde lo que está en juego es su propia figura. Aglutina   la militancia, le otorga “direccionalidad” y pone en aprietos a un peronismo que se encamina a la elección del presidente del partido, como a opositores, como Massa (Frente Renovador) quien se ve a si mismo como el gran opositor en el futuro.

Existen datos políticos a considerar. Los gobernadores peronistas no se pronunciaron frente a la convocatoria judicial, ni la mayoría de los intendentes. Se mantienen como observadores no participantes, buscando así calibrar los impactos. La idea de un Frente Ciudadano es un claro mensaje al Partido Justicialista, ya que busca desbordarlo, minimizarlo e integrarlo a un gran conglomerado. El “núcleo duro” del kirchernismo se autoconvocó y su acto tendrá “rebotes” en otros espacios políticos. CFK puede ser la tercera en discordia, entre la voluntad del oficialismo y la estrategia del massismo.  Un trio.

La discursividad, es el otro dato. El sigiloso deslizamiento de la retórica del “pueblo” a la de “ciudadanos” parece un cambio de interpelación y el registro de una hipótesis de trabajo en el territorio. Apelar a “ciudadanos con derechos” que ahora se ven despojados de algunos de los mismos. Es decir, trabajar sobre cierto descontento provocado por el macrismo.

Algunos sectores del actual oficialismo han visto innecesario el montaje del escenario que propuso el Juez Bonadio, pero entienden que CFK es el adversario perfecto con el que discutir y polarizar. Otros dirigentes macristas –minoritarios-, son más radicales: el kirchnerismo debe ser reducido a su mínima expresión (por ahora, una fantasía política). Pero lo que quedó claro hoy, es que el espacio que congrega CFK posee capacidades de movilización e interpelación. Hay que “ir” por los heridos sociales que dejará Macri y por actores, como los sindicatos, que en algunos momentos se opusieron al kirchnerismo. Todo esto asume cierta intensidad en un contexto de medidas que afectan a los ciudadanos, de “paralización” de la administración estatal y ante un peronismo que no logra estabilizar una conducción.

Volvió la política (en las calles y en el mundo partidario). La vuelta de CFK, las complicaciones de Macri y un peronismo que busca rentabilizar el gesto conciliador introducen algo que todos querían esconder: la disputa. La pospolitica sirve cuando hay política y no al revés. Ahora, se abrió del todo y el macrismo tendrá que hacer cálculos de pérdidas y beneficios, ya no pensando en los actores que ha beneficiado, sino en los votos que tendrá que retener y ampliar en el 2017.

Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (Argentina).

Co Authors :