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Estamos llegando a la mitad del mandato presidencial de Horacio Cartes quien fuera electo en abril del año 2013 como candidato por el Partido Colorado.

Cabe recordar que aquella elección se realizó pocos meses después de la destitución de Fernando Lugo (junio del 2012) a través de un Golpe Parlamentario que utilizó un ropaje de “seudo legalidad” apelando a la figura del “Juicio Político”. Dicha destitución, no solo terminó con un gobierno electo democráticamente en el año 2008, sino que también hizo volar por los aires la amplia plataforma política que había conseguido desplazar al Partido Colorado del gobierno después de más de 60 años de mando ininterrumpido.

La Alianza Patriótica para el Cambio “APC”, que llevó a Lugo como candidato, era una amplia, variada y heterogénea plataforma política en la que convivían desde liberales, colorados disidentes, pasando por social cristianos, sectores de centro derecha y hasta organizaciones políticas de izquierda. Dicha plataforma política también voló por los aires ese 22 de junio del 2012, fecha en la que la destitución de Fernando Lugo llegaba a su consumación. Es justo señalar que las relaciones entre los diferentes sectores de dicha Alianza nunca fueron del todo fraternas y se agudizaron más en los meses previos a la destitución. Con una Alianza fragmentada y presentada ante la población en general como un “fracaso”, volvía con fuerza el relato histórico del Partido Colorado, “sin coloradismo no hay convivencia posible, sin coloradismo en el gobierno, la anarquía reinará”.

Llegaron así las elecciones del 2013 y el Partido Colorado presentó como candidato a un “outsider”: Horacio Cartes. Un empresario multimillonario que tiene su acumulación originaria en los “negocios de frontera” y que a partir de allí incursiona en el negocio financiero, tabacalero, inmobiliario, industrial y hasta en la dirigencia del fútbol, con marcadas similitudes con el actual Presidente argentino, Mauricio Macri que los llevan a una relación de “fraternidad ideológica”.

Que no panda el cúnico! Llega el Nuevo Rumbo

Durante toda la campaña electoral “H.C.”, como lo llaman sus seguidores, se presentó como el “empresario exitoso” que surgió para “poner orden en el caos heredado” y corregir con la lógica empresarial las aventuras cuasi populistas de la malograda experiencia “no colorada”. Se presentó como el líder que llevaría nuevamente al país a la comunidad internacional, pero esta vez, a traer “inversiones económicas” y no simplemente relaciones “ideológicas”. Su “Nuevo Rumbo” se presentó como el programa de una “revolución conservadora”; un giro de timón del rumbo de navegación con el claro objetivo de evitar motines entre la tripulación y no perder nunca más la dirección y la conducción del barco, asegurándose de que la dirección del Estado quede en manos de la oligarquía y se disipen los peligros “populistas”. En este sentido, el relato Cartista se montó sobre la superioridad del mercado y la iniciativa privada por sobre la obsoleta lógica estatista que impedía el desarrollo y el bienestar.

Se impuso el viejo discurso de que la inversión privada generaría una dinámica de creación de empleos, seguido de aumento del consumo, mayor recaudación impositiva, mejores servicios públicos y así, el famoso circulo virtuoso de la lógica liberal. De este modo montó su arquitectura política sobre algunas leyes, como la llamada “Alianza Público Privada” y la de “Responsabilidad Fiscal”, entre otras. En esta lógica, Paraguay se debía mostrar desde una “seguridad jurídica” y presentar un marco institucional moderno, para que pudieran llegar las inversiones privadas internacionales y de esta forma ingresar muy pronto en una dinámica de desarrollo y prosperidad.

Recalculando…”

Habiendo llegado al fin de la primera mitad de su mandato parece ser que el “Nuevo Rumbo” de Cartes se encontró con problemas imposibles de flanquear en su camino.

En el plano económico, las inversiones privadas internacionales nunca llegaron y se empezó a recurrir al endeudamiento externo como “atajo” para acometer las inversiones públicas que en su relato anterior serían realizadas por el sector privado. De lo que se trata ahora es de contratar deuda pública para acometer aquellas inversiones que no tienen retorno lucrativo significativo, de contratar deuda pública para reestructurar la anterior deuda pública y así continuar en la lógica tautológica de auto explicación. Pero no todo es deuda contratada. También avanzan proyectos para entregar los pocos sectores de alta rentabilidad y de características monopólicas al sector privado. Allí donde el llamado capital privado no arriesga, y tiene retorno y rentabilidad aseguradas, es allí donde el “Nuevo Rumbo” invoca al discurso del emprendedurismo empresarial.

Pero si en el plano económico las cosas no resultan como en el inicio se habían planteado, en el plano político la situación no deja de ser similar. Cuando H.C. comenzó a aparecer públicamente con pretensiones políticas -allá por el año 2010- se pronunciaba de manera clara, categórica y contundente en contra de cualquier proyecto de reelección presidencial de Lugo. Es importante señalar que la Constitución Nacional del Paraguay no permite la reelección presidencial bajo ninguna circunstancia. Declaraba Cartes que “estaba en marcha un Plan bolivariano de perpetuación en el poder por parte del populismo que quería destruir el Paraguay”, motivo por el cual el Partido Colorado y las demás fuerzas democráticas de la sociedad debían impedir que dicho plan se llegase a concretar. Tal es así que, en el año 2011, cuando desde las fuerzas de izquierda se impulsó la figura de la Enmienda Constitucional para incluir la reelección presidencial, el Congreso nacional rechazó tal iniciativa y Cartes se anotó una de sus primeras victorias políticas, sin siquiera ser todavía nada dentro de la vida orgánica del Partido.

Y, aunque Cartes es Presidente constitucional desde el 15 de Agosto del 2013, la impresión que ofrece es que gobierna desde hace mucho más tiempo. La sensación que transmite es que llegó a la cumbre del poder político del país el día 22 de junio del 2012 -fecha en la que es derrocado Fernando Lugo y cuando ocupa la presidencia su ex Vice Presidente y acérrimo enemigo, Federico Franco-, constituyéndose así en el “factótum” de la política nacional.

Gobierno Nacional, construyendo el futuro hoy”, o el arte de seguir “Recalculando”

El decreto presidencial N° 4383 del 9 de noviembre de 2015, modifica el artículo 1° del Decreto N° 500 de fecha 21 de octubre de 2013: “Por el cual se aprueba la imagen y el logotipo del Gobierno Nacional y se dispone la obligatoriedad de su uso en los organismos y entidades dependientes del Poder Ejecutivo”. Se pasa así del eslogan de “Por un Nuevo Rumbo” a “Gobierno Nacional, construyendo el futuro hoy”. Pero, dicho cambio, ¿responde simplemente a cuestión de estilo o refleja en realidad un cambio en la relectura del momento y preanuncia una perspectiva?

La economía nacional empieza a mostrar signos claros de un proceso de paralización en un contexto internacional y, en particular, regional nada favorables. Pareciera ser que la política de endeudamiento externo va a ser ahora el “comodín” al que van a seguir apelando para generar un efecto de dinámica artificial y que no se produzca un frenazo brusco de toda la máquina. De todos modos, el malestar social se empieza a incubar cada vez con mayor intensidad y la sensación de que éste es un “gobierno de los ricos, para los ricos” es cada vez más fuerte y extendida.

En el plano político, las elecciones municipales de noviembre de 2015 constituyeron un síntoma claro de desgaste y descontento con el gobierno de Cartes. El Partido Colorado perdió en varias de las ciudades más importantes del país, el área Metropolitana y la joya de la Corona, la capital Asunción. Las elecciones municipales fueron planteadas por varios dirigentes del Partido Colorado como “plebiscitarias”, aunque Cartes siempre jugó ambiguamente con un intento de distanciarse de dichas posiciones especulando con los resultados. Con más razón, cuando se consumó la derrota en la capital, rápidamente se intentó instalar el relato de que las elecciones municipales nada tenían que ver con una evaluación de la gestión del Gobierno nacional, pero difícilmente podrían separarse por completo los resultados electorales de la medición de una temperatura de malestar social, más teniendo en cuenta que en la campaña electoral el propio Jefe del Estado asumió públicamente la campaña a favor de sus candidatos y era en la capital que se desarrollaba la “madre de todas las batallas”.

Otro resultado que también arrojan las elecciones municipales es que, paradójicamente, la derrota del Partido Colorado en varias ciudades importantes también significó la derrota de los grandes caudillos territoriales que siempre constituyeron una amenaza velada para el liderazgo del propio Cartes. Pierde el Vice Presidente Juan Afara en su principal feudo Itapúa, frontera con la Argentina; pierde la Presidenta del Partido, Lilian Samaniego en la Capital del país; queda sumamente debilitado Javier Zacarías, quien hasta las elecciones municipales era el caudillo indiscutido en la zona este del país frontera con el Brasil.

Es así que en el oficialismo cada vez son más las voces de preocupación que miran las próximas elecciones presidenciales de 2018 con incertidumbre y no dudan en agitar nuevamente la posibilidad de reformar la Constitución para incluir la figura de la reelección presidencial. El cálculo es el mismo de siempre: control del aparato del Estado, la ingente fortuna de Cartes y una oposición sin liderazgos claros, podría ser la ecuación que intentan construir desde el oficialismo. Las posiciones “claras, firmes y contundentes” contrarias a la reelección ya pasaron al olvido y esperamos para este año un despliegue de gran envergadura que busque modificar la Constitución e introducir la figura de la reelección, para así poder jugar la carta de que “H.C. necesita seguir, para seguir construyendo el futuro”.

Y por la Oposición ¿cómo andamos?

Si la clave de la victoria opositora en el 2008 fue una amplia alianza para enfrentar al Partido Colorado, la clave de su derrota en el 2013 fue su dispersión.

En el 2013, se presenta por un lado Horacio Cartes (Partido Colorado) que termina triunfando, por el otro Efraín Alegre (Partido Liberal con el apoyo de un par de organizaciones de centro derecha menores) que termina en segundo lugar con poco más de 10 puntos de diferencia. Por el lado de la izquierda y los sectores progresistas se presentan 3 candidaturas diferentes: Mario Ferreiro por la plataforma Avanza País que termina en un lejano tercer lugar, por otro lado Anibal Carrillo, apoyado por Fernando Lugo que termina en cuarto lugar y, finalmente, la candidatura de Lilian Soto impulsada por la plataforma política “Kuña Pyrendá” que colocaba en el centro su planteamiento la reivindicación de posiciones feministas.

La división de la izquierda que se produce a finales del 2012, meses después de la destitución de Fernando Lugo, continúa casi inalterable, incluso con las elecciones municipales pasadas. Aunque el proceso de reaproximación entre el Partido Liberal y las diferentes fracciones de la izquierda se da de manera desigual, ocurre de forma muy extendida a lo largo del territorio nacional. En el caso de Asunción, Mario Ferreiro -que termina triunfando en las elecciones de noviembre- se impone al candidato del Partido Colorado por más de 10 puntos de diferencia con poco más del 50% de los votos, pero también se impone al candidato de Fernando Lugo, que queda en un lejano tercer puesto con alrededor del 5% de los votos. Mientras en la capital, el Partido Liberal apoya la candidatura de Mario Ferreiro juntamente con el sector de izquierda al cual él estuvo históricamente vinculado, y el sector de Lugo decide oponérsele, en el interior del país se dan múltiples alianzas entre el sector vinculado a Lugo y el Partido Liberal.

En el campo matemático la conclusión es clara: las fuerzas opositoras sumadas superan al Partido Colorado, pero en el campo de la articulación política la cosa no resulta tan sencilla.

Síganme los Buenos! o la lógica de ¿todos contra el Partido Colorado?

Si para el año 2008 la clave de la victoria fue juntar a todo el arco opositor al Partido Colorado en una colocación casi maniquea de “buenos (los no colorados) contra malos (los colorados)”, es claro que para las elecciones del 2018 esa contradicción no consigue articular a la oposición, sobre todo teniendo en cuenta la experiencia fracasada de la llamada Alianza Patriótica para el Cambio.

¿Cuál sería el Programa unificador de cara a las próximas elecciones nacionales? Por supuesto, un elemento importante es oponerse a esa tradición que representa el Partido Colorado como baluarte de la élite más conservadora del país -gran parte de la cual se forjó al amparo de la dictadura de Stroessner- pero también es claro que esa motivación ya no basta, fundamentalmente pensando en las generaciones que crecieron posteriormente a la caída de la dictadura.

En el seno del Partido Liberal, aunque es mayoritariamente conservador, conviven sectores de base con una tradición de lucha y resistencia con posiciones políticas más próximas a las de la izquierda que a las de su propia dirigencia nacional. Pero esto no anula que la principal motivación de parte de la dirigencia de dicho partido en derrotar al coloradismo, sea simplemente la de cambiar de “gerente de la máquina” sin la más mínima intención de confrontar con el modelo oligárquico dependiente de las relaciones de subordinación al capital transnacional.

Y si es cierto que sin el Partido Liberal es imposible derrotar al Partido Colorado, tampoco es menos cierto que el Partido Liberal solo, tiene ninguna chance de ganar unas elecciones, con el agravante que después de la experiencia de “Federico el Breve” como Presidente pos Juicio Político, el desprestigio de la organización llegó a tal punto, que hoy no cuenta con ningún líder nacional capaz de transversalizar su liderazgo y encabezar una amplia alianza opositora.

En el otro polo de la ecuación opositora, la izquierda y los sectores progresistas, se encuentran dos liderazgos que no consiguen establecerse como alternativa clara para el 2018. Por un lado Fernando Lugo, continúa gozando de una popularidad importante, pero no la suficiente como para constituir un liderazgo claro e inapelable -además de una resistencia muy arraigada en muchos sectores medios- sumado a la limitación estructural de que la figura de la reelección no está permitida en la Constitución Nacional.

Por otro lado, la figura emergente del actual Intendente capitalino, Mario Ferreiro que tiene en su haber positivo -además de su alta popularidad- el liderazgo de una alianza reconstituida con el Partido Liberal que le sirvió de importante estructura electoral para enfrentar al oficialismo. Pero a dos meses de su gestión al frente del municipio se encuentra con una máquina administrada en los últimos 15 años por el coloradismo y que tiene la típica desfiguración paquidermica, obsoleta y organizada para garantizar la funcionalidad a la corporación clientelar, pero que es casi inservible para atender a las grandes masas. Su gran popularidad y la enorme expectativa que generó su victoria, podría ser también aquello que le condene al fracaso. Y es que si no rompe con la lógica del administrativismo burocrático tan típico del relato “técnico”, será rehén de la máquina que terminará por devorarlo.

Y ahora, ¿quién podrá defendernos?

Las próximas elecciones presidenciales están a 25 meses de distancia, que es un poco más de dos años, aunque las candidaturas y sus respectivos proyectos ya empezaron a pergeñarse con cierta intensidad desde hace un par de meses. Después de las elecciones municipales, al día de hoy, solo las preguntas aparecen como respuestas y las únicas certeza son las incertidumbres.

¿Se conseguirá modificar la Constitución Nacional para incluir la figura de la reelección presidencial y permitir así las candidaturas de Horacio Cartes y Fernando Lugo? En caso de permitirse la reelección ¿reaparecerá en escena el ex Presidente de la República Nicanor Duarte Frutos? Y … ¿conseguirá este imponerse a H.C.? Ante el escenario de la habilitación para la reelección ¿conseguirá la oposición constituir una amplia alianza unitaria para enfrentar al Partido Colorado? ¿Cuál será el Programa y la Agenda política de esa nueva Alianza? ¿Hay algo más allá de la llamada “alternancia”? ¿Podrá Fernando Lugo imponer su liderazgo al Partido Liberal y demás sectores de izquierda para que acepten nuevamente su candidatura? O a pesar de eso ¿la oposición irá igualmente dividida?

En el posible escenario de no habilitarse la reelección presidencial ¿Conseguirá el Partido Colorado elegir a un candidato sin que eso represente una nueva fractura interna? ¿Aceptará el Partido Liberal formar parte de una alianza política en la que el candidato a Presidente sea alguien ajeno a su organización? ¿Se podrá incluir en una misma alianza a las fuerza políticas lideradas por Fernando Lugo y Mario Ferreiro? ¿Podrá Mario Ferreiro ir más allá de las fronteras de la Capital?

Como vemos en el panorama actual, lo único claro son las incógnitas. Por eso, en momentos de incertidumbre y de búsqueda de respuestas es fundamental que a la hora de caminar hacia ellas, hagamos como el Chapulín y que “las antenitas de vinil detecten la presencia del enemigo”!