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@Ava_GD

Después de un dilatado proceso de selección, en días pasados se hizo público el nombre del candidato presidencial del uribismo. Iván Duque resultó electo entre un quinteto de candidatos del partido Centro Democrático, donde se enfrentaban dos concepciones discursivas de la derecha colombiana: aquella que aboga por una imagen de renovación y cambio, frente a la que replica el enfoque más radical del líder indiscutible del partido. En la última encuesta realizada para la selección del candidato, Duque obtuvo el 29,47% frente a los otros dos precandidatos, Carlos Holmes Trujillo y Rafael Nieto, quienes obtuvieron el 20,15% y 20,06% respectivamente.

La construcción del candidato

El marketing político impulsó, como es propio, el ethos del cambio a través de un candidato formado en las filas del santismo (fue asesor de Juan Manuel Santos en el Ministerio de Hacienda), que ha explotado –mas no abusado– su perfil de tecnócrata (fue consultor del Banco Interamericano de Desarrollo), además de su cercanía al sector empresarial. Proviene de una tradición familiar vinculada al partido liberal (es hijo del exgobernador y exministro antioqueño, Iván Duque Escobar).

Duque llega en un momento de la campaña donde la moderación y las opciones programáticas intermedias parecen cobrar protagonismo sobre las limitaciones de un discurso bipolar, basado únicamente en el Sí o el No al proceso de paz. El candidato uribista no necesita referirse a ese asunto, ya que su adscripción partidaria lo define como un acólito opositor al acuerdo, impugnado por su partido.

Consciente del panorama, el candidato del Centro Democrático tiene una oportunidad discursiva relativamente cómoda: no se tiene que enlodar en el discurso de la paz y puede establecer nuevos marcos, basándose en el descontento social hacia el Gobierno de Santos, tal como viene haciendo desde que se desempeña como senador y se cultiva para presidente.

En el Senado focalizó su trabajo en la crítica a las políticas económicas del oficialismo. Emprendió una serie de foros denominados “Construyendo País”, a través de los cuales se fue dando a conocer en el nivel territorial. En este contexto presentó las líneas programáticas que, a su juicio, podrían solucionar los problemas de diferentes comunidades a lo largo y ancho del país.

En la actualidad maneja los siguientes ejes programáticos: seguridad y justicia, austeridad en la administración del Estado y “economía dinámica” con racionalización del gasto público[i]. Además, al igual que su mentor, ha llevado a cabo acciones contra el gobierno venezolano, denunciándolo ante la Corte Penal Internacional en 2017, con el apoyo de varios congresistas[ii], algo que le permitió aprovechar el período álgido de protestas en el país vecino para ganar repercusión mediática.

El padre y el hijo

Iván Duque, que hasta ahora se mantiene con un perfil bajo en las encuestas, puede subir fácilmente en un escenario de alta volatilidad como el colombiano y tras haber recibido el aval de Uribe. Su imagen de primerizo no parece restarle votos a su candidatura. Contrario a ello, puede servirle para diferenciarse del resto de propuestas  –tanto de izquierda como de derecha–, dado que ninguna de las opciones presenta un candidato nouvelle.

A pesar de ello, Uribe es consciente de que la juventud y el bajo nivel de conocimiento pueden alimentar ciertas críticas hacia su elegido, bajo el pretexto de la falta de experiencia, matiz alegado por diversos barones críticos al interior del Centro Democrático. Por ello, Uribe está necesitando implicarse directamente y, como un padre presentando a su heredero, ha emprendido una gira por diferentes territorios del país, tratando de contrarrestar este factor, arropándolo con su experiencia y bendición.

La fórmula presidente-vicepresidente se terminará de conocer en los próximos días, cuando se haga público quién será la figura vicepresidencial, en el marco de la alianza Uribe-Pastrana con sectores del conservadurismo (Alejandro Ordóñez y Marta Lucía Ramírez). Iván Duque ya ha expresado su intención de ir con “una mujer” en su fórmula. Y es probable, ante el rechazo que puede generar Ordóñez por sus posturas extremistas, que la exministra de Defensa de Uribe sea la designada para acompañar a Duque.

El escenario

Es previsible que Iván Duque comience a apelar a un electorado joven que hasta ahora el uribismo no ha sido capaz de capturar, catapultando un discurso de derecha tamizado por un marketing político ‘new age’. Es decir, viejas fórmulas (seguridad, austeridad y racionalización del gasto público), dentro de un marco discursivo más amigable (innovación social, emprendimiento y sostenibilidad ambiental, entre otros).

La tardía revelación del candidato y, sobre todo, los titubeos del uribismo con la selección de uno de ‘la vieja guardia uribista’, fue un movimiento estratégico que coge desprevenidas a otras fuerzas políticas que mantuvieron candidatos relacionados con ‘la vieja política’: Humberto de la Calle, Sergio Fajardo, Germán Vargas Lleras o Gustavo Petro, entre otros.

El escenario es cambiante y seguramente hasta las legislativas de marzo de 2018 no va a estar más clara la liza. Al uribismo le queda una campaña cómoda y corta, con un candidato afable, capaz de ocultar la cara más cruda de su formación política. Paradójicamente, los más retardatarios en términos de propuestas políticas resultaron ser los más audaces en la selección de su candidato, elemento que, explotado adecuadamente en un clima de hastío generalizado hacia el sistema político y sus protagonistas actuales, probablemente les pueda generar ventaja en la campaña electoral.

[i]https://d3n8a8pro7vhmx.cloudfront.net/construyendopais/pages/351/attachments/original/1508533978/FOLLETO_PROPUESTAS.pdf?1508533978%20

[ii] http://www.eltiempo.com/politica/partidos-politicos/ivan-duque-denuncia-a-maduro-ante-la-corte-penal-internacional-110242