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Por Esteban De Gori


Las elecciones presidenciales en Costa Rica poseen una nota distintiva y alentadora para los sectores políticos que promueven un proyecto alternativo al tradicional Partido Liberación Nacional. Este partido político que llevo con éxito a Oscar Arias y Laura Chinchilla a la presidencia y que logro la legitimación de propuestas neoliberales se ve ante el avance y consolidación de un liderazgo inesperado: José María Villalta. Este joven dirigente de 36 años, fundador del Frente Amplio en 2006 –un partido de izquierda con escasa representación parlamentaria- hoy se encuentra entre los favoritos a obtener la primera magistratura. Por ello, se han desatado en ese país un conjunto de estrategias mediáticas y políticas para erosionar la adhesión a su voto. Para conocer un simple ejemplo de esto, un grupo denominado Alianza Costa Rica ha enviado una carta a los empresarios para que adviertan a sus trabajadores acerca de la amenaza que implicaría un gobierno del Frente Amplio. Es decir, estas elecciones parecen marcar dos cuestiones relevantes: una, la construcción de un nuevo clima político donde se utilizan los formatos discursivos que dejo la Guerra Fría y la Doctrina de Seguridad Nacional para atacar a Villalta (hoy se ha sustituido la palabra comunista por chavista apropiándose de los “amenazas” geopolíticas establecidas desde la política norteamericana) y, dos, podemos estar ante el surgimiento de un nuevo liderazgo y espacio político con posibilidades de incorporarse a un sistema de partidos con chances de acceder al poder estatal.

Los sectores tradicionales, los empresarios que se han fortalecido con las estrategias económicas de Arias y Chinchilla y la nueva dirigencia del PLN (que promueven la candidatura presidencial de Johnny Araya) observan como una amenaza real a un dirigente que se ha fortalecido con algo inesperado para el partido de gobierno y ello es con la deslegitimación y descreimiento en las políticas económicas, culturales y sociales que ha llevado adelante. En Costa Rica los diversos reclamos, necesidades y expectativas sociales –que van desde la negativa al TLC, el reclamo por mayor empleo, como a la garantía de derecho de las diversidades sexuales- se han referenciado en una nueva dirigencia política con capacidad de acceder  al gobierno. El Partido Liberaciòn Nacional, el cual gobierna desde 2006, ha llevado adelante una propuesta política que ha “desenganchado” el régimen democrático de las resoluciones de las expectativas y necesidades sociales.  No ha establecido un proyecto inclusivo socialmente y ha relegado al Estado a la subordinación de los poderes económicos nacionales, como transnacionales. En el transcurso de los años, la promesa de bienestar iniciada por Oscar Arias en 2006 se ha dado de bruces con un aumento de la desigualdad social y de la precarización laboral. Los indicadores sociales dan cuenta de la situación: en 2013 la pobreza se ha “frenado” en un 20.70%, la pobreza extrema llega al 6.4% y la desigualdad se profundiza (tendencia de los últimos cuatro años). La cantidad de pobres es la mayor de la historia del país. Esta situación se produce en el contexto de aumento de exportaciones primarias y del flujo de inversiones extranjeras y, con una interesante paradoja, el Gobierno de Chinchilla ha aumentado la inversión social pero esta no puede contrarrestar la profundizacion de la desigualdad. Es decir, las consecuencias negativas del modelo neoliberal instaurado por Arias no puede ser contrarrestado por la intervención estatal, lo que nos habla de su debilidad o de la decisión de no intervenir ante dichas consecuencias.

Es decir,  lo que se ha quebrado es esta “promesa de bienestar”, la cual no se ha realizado para aquellos sectores sociales que habían acompañado con su voto, desde 2006, al Partido Liberación Nacional.

José María Villalta, a su vez, representa a vastos sectores juveniles, los cuales soportaron las políticas económicas que trajeron desempleo y precarización laboral. Muchos de los y las jóvenes que participan o que se identifican con Villalta se han introducido a la política, junto a este candidato, en las protestas contra el TLC que se produjeron en el 2006. Es decir, la participación contra el TLC instauro un contexto de formación de dirigentes como de jóvenes dispuestos a vincularse a la disputa política. Por lo tanto, Villalta no solo expresa diversos reclamos que buscan ampliar derechos sociales, culturales, políticos y sexuales, sino a una generación que padeció la época neoliberal y que prefiere apostar por un cambio político. Este candidato expresa una agenda moderna vinculada a la ampliciòn de derechos individuales, frente a las posiciones conservadoras del PLN, como profundamente progresista y posneoliberal. Tal vez, la frase que lo representa es aquella que indica que su propuesta va en contra de “los mismos de siempre”. En este sentido, Villalta integra la renovación política costarricense iniciada en los últimos años; es parte de la incorporación de los y las jóvenes a la política a través de los reclamos contra los TLC y, a su vez, es parte de una dirigencia que se inscribe en el universo de propuestas que llevan adelante diversos gobiernos progresistas de América Latina. Villalta es un dirigente posneoliberal que hoy expresa una voluntad colectiva de cambio, la coyuntura y su propuesta política lo han transformado en una referencia alternativa a los políticos tradicionales.

El núcleo de sus propuestas políticas puede encontrarse en su plan de gobierno denominado “Un país de oportunidades para todos y todas”. Es una reivindicación del Estado como actor relevante en la lucha por la desigualdad y en la regulación económica a través de la inversión social orientada a la reconstitución del mercado interno (construcción de viviendas, crédito y facilidades a pequeños y medianos empresarios). Sus propuestas están vinculadas a la recreación de una nueva sociabilidad política sostenida en la ampliación de la participación política, en el límite a los intereses de los grandes grupos económicos (una nueva política fiscal) y en las estrategias de integración social por parte de las instituciones estatales.

El domingo 2 de febrero veremos si Villalta será uno de los candidatos que participaran en una –por ahora- ineludible “segunda vuelta” y en el caso que resulte presidente, será el único dirigente del siglo XXI latinoamericano que proviniendo de un partido con escasa representación parlamentaria logre la primera magistratura. También observaremos si la maquinaria política del PLN ha podido resistir el surgimiento de este nuevo e inesperado candidato y como se preparará para una segunda vuelta. Hoy en Costa Rica, y eso es lo más interesante, la ecuación del poder político y representacional parece que está cambiando y ello puede observarse porque todo está en juego.


Publicado en TeleSur Tv

Fecha: 02/02/2014