6 min. lectura

El bloque de la Alianza del Pacífico (AP) emergió como una “alternativa pragmática” frente a propuestas de integración más “políticas” lideradas por Brasil y Venezuela, además de surgir como una alternativa para promover los negocios con la región del Asia Pacífico. De acuerdo con el Banco Mundial, los cuatro integrantes de la AP, Perú, Chile, México y Colombia son los países de la región con los que es más fácil “hacer negocios” [1].

Siguiendo los objetivos y misión de la AP, se busca “construir una integración profunda” ¿Qué implica esto de una alianza “profunda”? Si consideramos lo planteado en las diversas cumbres, esta profundidad implica la eliminación de las trabas al comercio, la inversión y al flujo de personas. Estas tres condiciones son comprendidas desde una perspectiva claramente neoliberal: el comercio, la inversión y el tránsito de personas son orientadas a mejorar las condiciones de los mercados de cara al comercio global. Se señala que el PIB de los países de la Alianza es el 38% del total de América Latina y el Caribe, que suman aproximadamente el 50% del comercio exterior de América Latina y que representan el 47% del total del flujo de Inversión Extranjera Directa en la región, inversión que en 2014 alcanzó los 70 millones de dólares [2].

Sin embargo, este “éxito” no se refleja necesaria ni automáticamente en las vidas cotidianas de las mayorías empobrecidas en estos países, especialmente en México que es el que alberga a la mayoría de la población. Para comprender la situación, vale comparar con el Mercosur, bloque regional con el que la AP se mostró desde su inicio como una especie de “competidora”. El nivel de pobreza a 2012 era menor en Mercosur, cuyos países miembro mostraron un gran progreso en el combate a la pobreza desde 2005. En el 2012, en el Mercosur había 57,1 millones de personas viviendo en situación de pobreza (de un total de 275 millones). En la Alianza del Pacífico viven 69,1 millones de pobres (de un total de 217 millones de habitantes). Entre 2005 y 2012, la caída de la pobreza en la AP fue menor que en el Mercosur debido al retroceso mostrado por México en esta dimensión, país que tiene la mayoría de la población del bloque [3].

Se rescata, por otro lado, como un “gran logro”, el modo en que la AP opera con “cero” burocracia [4]. Es decir, hay poca presencia de la burocracia estatal, presencia que suele identificarse con “ineficiencia”, comparada con la rapidez con la que se concreta la toma de decisión en el mundo empresarial. En efecto, un logro esperado es que se “homologuen reglas para préstamos o para levantar capital de riesgo, todo indistintamente en los cuatro países. Abrir una empresa tarda dos horas, proceso 100% digital, no importa en cuál de los países se quiera establecer” [5]. Nada se cuestiona sobre empresas de qué tipo, para beneficio de qué sectores y en virtud de qué proyecto económico-político a mediano plazo.

En cuanto al flujo de personas, se ha trabajado especialmente para facilitar el viaje de empresarios. A esto se suma la promoción de viajes de estudiantes, intercambios y becas orientados a “promover el espíritu emprendedor entre los jóvenes, con un fondo de becas que financien estudios orientados a mejorar la competitividad de Pequeñas y Medianas Empresas (Pymes)” [6]. Nada de esto incluye a la fuerza de trabajo no calificada, que es la más expuesta a la violencia en las fronteras y el abuso en las condiciones laborales, asunto clave si pensamos en México.

Por otra parte, esta integración “profunda” que se presenta como pragmática y apolítica, no puede evitar –tanto como le hubiese gustado– asumir su fase política. Así, según documento oficial, la AP busca “Convertirse en plataforma de articulación política”. Para ello se jacta de contar con el “beneficio” de que “Colombia, Chile, México y Perú tienen una estructura institucional democrática sólida, con mandatarios elegidos periódicamente, mercados dinámicos y globalizados y condiciones favorables a la inversión” [7]. Desde otra postura, es claro que México y Colombia no sólo no son democracias consolidadas, sino que se trata de países que están en guerra o intentando salir de ella en el mejor de los casos.

Las tendencias mencionadas, van adquiriendo solidez en el marco del giro a la derecha en la región y el retorno –presentado como “necesario”– a lineamientos neoliberales. Hace algunas semanas, se llevó a cabo la Tercera Cumbre Empresarial de la Alianza del Pacífico que se desarrolló en la Región de Los Lagos (Chile), donde se habló de la definición de políticas públicas, integración y promoción de comercio [8]. Los reunidos en esa ocasión, incluido el presidente Mauricio Macri, pues Argentina se sumó como miembro “observador”, celebraron que “[e]n solo cinco años la Alianza del Pacífico se ha convertido en el pivote de una nueva y pragmática América Latina” [9]. Esta América Latina parece que es solo para empresarios, pues fue el sector mayoritario en el evento. Desde su origen hasta hoy, la mención a otros sectores es prácticamente inexistente y tampoco se hace el intento de maquillar discursivamente esta ausencia. Los funcionarios presentes trabajan por y para los empresarios.

Los rumbos de la AP fueron resumidos por Macri, que propuso una convergencia entre los países de la alianza y “un Mercosur del siglo XXI”, en un proceso que termine en un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos, semejante al Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) [10].

Ante esta propuesta, es imperativo señalar que la liberalización del comercio, el libre flujo de capitales y de empresarios no conducen a economías más fuertes ni a procesos de toma de decisión autónomos. Por el contrario, tienden a profundizar la dependencia y a promover la integración no entre países sino entre los grandes grupos económicos. De acuerdo a las experiencias de integración en América Latina desde la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio, pasando por el Mercado Común Centroamericano hasta la primera etapa del Mercosur, es claro que la integración centrada en las rebajas arancelarias y la atracción de capitales extranjeros, no conducen por sí mismas al desarrollo y tampoco garantizan crecimiento económico a mediano plazo.

 

[1] Tuck, Andrew (2014) “The road to integration: the Pacific Alliance, the TPP and Latin America” National Center for  The Asia-Pacific Economic Cooperation Organization, pp. 2-4 http://www.ncapec.org/search-results.html?cs=007402476659084412747%3Alq0ch9ut32m&q=Tuck

[2] ABC de la Alianza del Pacífico, 2015 https://alianzapacifico.net/que-es-la-alianza/#valor-estrategico

[3] http://blogs.elpais.com/eco-americano/2014/03/una-comparaci%C3%B3n-social-entre-mercosur-y-alianza-del-pac%C3%ADfico.html; ver también: http://www.cepal.org/es/publicaciones/panorama-social-de-america-latina-2013

[4]http://www.elfinancierocr.com/opinion/Opinion-Alexander_Mora-Comex-Alianza_del_Pacifico-integracion-comercio_exterior_0_989901036.html

[5] Ibid.

[6] http://www.americasquarterly.org/content/regionalism-pacific-alliance

[7] ABC de la Alianza del Pacífico, 2015 https://alianzapacifico.net/que-es-la-alianza/#valor-estrategico

[8]http://www.cooperativa.cl/noticias/economia/competitividad/imagen-pais/hecho-por-chile-la-cumbre-empresarial-de-la-alianza-del-pacifico/2016-07-02/115633.html

[9] http://gestion.pe/economia/alianza-pacifico-seduce-otros-paises-america-latina-2164628

[10] http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-303131-2016-07-01.html