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Por Ayelén Oliva (@ayelenoliva)

Basta con repasar las últimas semanas de la agenda del presidente Evo Morales y de su vice Álvaro García Linera, para notar que el oficialismo avanza con una estrategia política bien definida.  En el último mes, inmediatamente después de que se dieran a conocer los resultados de las elecciones de octubre, las máximas autoridades del gobierno boliviano optaron por recorrer algunos de los pocos territorios hostiles al oficialismo que quedan en Bolivia.  El gesto enseña un guiño de gratitud por el porcentaje alcanzado a nivel nacional, pero también esconde la intención de mantener encendidos los motores para las próximas elecciones departamentales, que tendrán lugar en marzo del año que viene.

Sobran los ejemplos de estos casos. A mediados de este mes, Evo Morales desplegó en Trinidad un listado infinito de propuestas de inversión en obra pública y desafió al gobernador opositor, Carmelo Lens, a trabajar juntos por Beni, por el único departamento donde Evo Morales perdió las elecciones. Por su parte, el vicepresidente también se mostró en  territorios hostiles al gobierno. Álvaro García Linera visitó la comunidad de Gundonovia, al noreste del territorio indígena del Parque Isiboro Sécure, más conocido como Tipnis. Si bien el Movimiento al Socialismo (MAS) ganó en esta comunidad, el Tipnis representa un mal recuerdo para el oficialismo: desde allí surgió el último gran levantamiento contra las políticas del gobierno central, en 2012, en rechazo a la construcción de una carretera que buscaba unir los puntos de Villa Tunari y San Ignacio de Moxos atravesando el parque.

Desde el triunfo del oficialismo en octubre, con más del 61 por ciento de los votos, el gobierno parece haber diseñado una agenda cuidadosa, enfocada en transformar a los viejos adversarios derrotados en nuevos aliados. Como lo hizo en Santa Cruz para las presidenciales, el MAS también busca incrementar su apoyo en las departamentales. Al tiempo que deberá cuidar de no perder su hegemonía en territorios aliados como La Paz, donde se encuentra el origen de su base electoral, junto a Cochabamba y Oruro. Según el calendario electoral, las organizaciones políticas estarán habilitadas a inscribir las listas del 23 al 29 de diciembre, aunque el oficialismo ya adelantó algunos nombres y anunció que en la primera semana de diciembre tendrá definidos a sus candidatos.

Con listas inconclusas y sin sondeos, hablar de intención de voto para las próximas elecciones suena apresurado. Sin embargo, si analizamos lo que pasó en otros años surge  un dato interesante. En las elecciones a gobernador de 2010, el MAS ganó en seis de los nueve departamentos, mientras en Pando, Santa Cruz y Beni se impusieron dirigentes de fuerzas opositoras locales. En esos mismos departamentos, el Movimiento al Socialismo había perdido con su fórmula presidencial unos meses antes. Era un momento en que el país parecía estar dividido en dos, entre un oriente blanco y un occidente campesino originario. Este año, el tablero político cambió. Esta vez el oficialismo ganó en dos de esos tres departamentos opositores y logró nacionalizar su fuerza política por primera vez en la historia. Por lo tanto, podemos deducir de esta tendencia amplía las posibilidades de un triunfo del MAS en esos territorios, sin embargo, mucho dependerá del nombre y perfil de los candidatos que lleve el oficialismo en estos Estados.

Si analizamos los actores políticos tenemos que señalar que, en las últimas elecciones, la sociedad boliviana terminó por sacar de la pista a dos jugadores importantes. Uno es el ex candidato presidencial por el Movimiento Sin Miedo (MSM), Juan del Granado, quien perdió la personería jurídica de su partido por no llegar a un tres por ciento de los votos. Su aliado, Luis Revilla, alcalde de La Paz, renunció al partido hace unos pocos días y creó la agrupación Soberanía y Libertad (Sol.bo) para terciar en los comicios programados para marzo. El MAS, por su parte,  ya definió la candidatura del actual concejal Guillermo Mendoza para competir con este último. Desde Unidad Demócrata, evalúan la posibilidad de no presentar candidato propio para no fracturar el frente opositor y evitar allanar el camino del candidato de Evo Morales.

Otro gran derrotado fue el Partido Verde, de Fernando Vargas, emergente del conflicto por la construcción de la ruta del Tipnis, que a causa del bajo porcentaje de votos también perdió su partido y ya anunció que no disputará ningún cargo en las próximas elecciones y esperará paciente hasta el 2020.

Por otra parte, el liberal Samuel Doria Medina, segundo candidato más votado (aunque 37 puntos abajo de Morales) insiste con la idea de reunir a todo el arco opositor en mismo frente bajo su conducción. Para eso, ya expresó interés en agrupar a las figuras de peso local  y se mostró cerca del gobernador de Santa Cruz, Rubén Costas.

Por su parte, el conservador Jorge Tuto Quiroga, nombrado recientemente al frente del Partido Demócrata Cristiano, en reemplazo de Jorge Suárez, está más ocupado por regularizar el sello y solucionar algunos desperfectos al interior del partido, mientras avanza con la definición de algunos candidatos municipales.

De esta manera, con dos presidenciables fuera de juego, uno a media máquina y una multiplicidad de pequeñas fuerzas locales, el éxito de la oposición para las elecciones de marzo parece depender de la fuerza que hayan sabido construir los dirigentes locales y del éxito o fracaso de la estrategia electoral  de Doria Medina en consolidar un único frente en alianza con el gobernador cruceño, Rubén Costas.  Del otro lado, el MAS avanza como una topadora hacia el oriente, suma aliados y busca construir nuevos consensos en la disputa por la construcción de un nuevo sentido político.

Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica

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