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Durante las últimas semanas, la oposición argentina comenzó a mostrar algunos signos de lo que será su estrategia electoral en los próximos meses. El resultado de las PASO del último 9 de agosto dejó un arco opositor dividido pero con importantes caudales de voto: Cambiemos (Macri) en torno al 30% y UNA (Massa) alrededor de 20%. El apremio por un acuerdo opositor comenzó a tomar mucha fuerza en las últimas semanas. El poder mediático y el económico están poniendo todo su empeño para que ello ocurra. Creen que es factible sumar ambos porcentajes (30 más 20) para así lograr la ansiada derrota del oficialismo en las presidenciales de octubre.
Pero en política, uno más uno casi nunca suma dos. Lo cierto es que en un escenario en el que el candidato del Frente para la Victoria (FPV) se perfila como seguro ganador de la primera vuelta, y donde la incógnita es si logrará o no evitar el balotaje, la oposición tiene muy claro que su única oportunidad estará en esa hipotética segunda vuelta.
La estrategia para alcanzar esa meta empezó a rodar en estos últimos días con la insólita denuncia de fraude y la propuesta de reformar el sistema electoral a raíz de la cual dirigentes opositores comenzaron a mostrar gestos de unidad, cuestión central si lo que se busca es ir preparando el terreno en el que intentar aglutinar todo el voto no oficialista de cara al balotaje. La foto de Massa y Macri juntos, que hasta hace poco parecía imposible, finalmente llegó. Un acuerdo entre ambos espacios sigue siendo rechazado enfáticamente por sus principales dirigentes, pero en la era de la política televisada, una imagen vale más que mil palabras.
¿Cómo mostrar unidad sin erosionar la “identidad” de cada espacio político, y sin parecer incoherentes con lo que se venía rechazando desde hace meses? Esta parece haber sido la pregunta de quienes abogan -tal vez retomando la experiencia de la Mesa Unidad Democrática (MUD) venezolana- por un acuerdo amplio del arco opositor. La “defensa de la democracia” frente a un gobierno “populista”, que consigue los votos de manera “clientelar” es hasta el momento la respuesta encontrada.
La operación política para deslegitimar el proyecto político del FPV se puso en marcha con la amplificación de los medios de comunicación opositores. Son éstos los mismos medios que venían insistiendo vehementemente en que la única manera de sacar del poder al FPV era generar un acuerdo opositor. Por rencillas internas y por la evidente ausencia de un proyecto de país claro que los unifique, la alianza de facto que ahora se vislumbra no se materializó formalmente en el plazo establecido por la ley.
La estrategia actual del reclamo de “fraude” permitió comenzar a mostrar cierta unidad para ir tejiendo un frente común para la segunda vuelta. Pero además tiene como estrategia otros efectos no desdeñables. Uno, en lugar de mostrarse unidos por la negativa (lo que los une es un antikirchnerismo acérrimo), les permite mostrar unidad en positivo, “en defensa de la democracia y la república” frente al gobierno “populista de los K”. Y dos, les permite ganar tiempo de los dos meses de campaña, instalándose en los medios de comunicación sin dar explicaciones a la sociedad acerca de las propuestas programáticas que pretenden llevar a cabo de llegar a la presidencia. Permite así desplazar el eje de la campaña de ambos candidatos: Macri de su propuestas económicas de dólar libre y devaluación, y Massa, de su añadido agresivo en lo punitivo. Centrar la campaña en esos ejes económicos conduciría a un fracaso electoral seguro, y lo saben. Porque, como dijo la presidenta Cristina, la gente no vota para atrás. Con lo cual, las propuestas reales quedan en manos de los equipos que las detallan sin pelos en la lengua frente a los interlocutores precisos en los escenarios precisos. Mientras tanto, los medios de comunicación aliados las silencian para poner en el centro de la escena la “defensa de la democracia”.
Este nuevo capítulo en la estrategia opositora para instalar un clima hostil al gobierno se suma a una larga lista que abarca también otros intentos por la vía jurídica, mediática y económica. Seguramente vendrán muchos más de acá en adelante, tal como viene alertando la Presidenta en sus últimas intervenciones públicas.
La oposición política y la mediática apostaba a disputar la presidencia en un contexto de adversidad y crisis económica, con un dólar ilegal por las nubes y caos en los indicadores macroeconómicos y sociales, pero ese escenario por el momento no se materializa. Por eso el foco se desplazó desde lo económico a lo político, donde sin embargo siguen teniendo las de perder, pues el oponente es un oficialismo cuyo programa de gobierno es un sólido proyecto de país, transformador, probado frente a infinidad de embates, que tiene todavía múltiples desafíos por acometer, pero que sin duda quedará en la historia como el que marcó una ruptura con las décadas neoliberales, recuperando la soberanía del Estado y ampliando derechos en beneficio de la mayoría social.
Frente a ello, la oposición política continúa sin encontrar dónde hacer pie, atrapada en el dilema que le plantea la necesidad de ganar elecciones sin propuestas concretas. ¿Cómo ampliar entonces el caudal electoral? Ante esta dificultad lo que les queda parece estar siendo, más que la vía propositiva, “embarrar la cancha” y ganar tiempo apostando a erosionar la legitimidad del oficialismo para que pierda -o no sume- votos, e intentar arañar algunos que les permitan crecer cual aves de rapiña electorales, una suerte de buitres políticos para los cuales cualquier mecanismo es válido para ganar. Esa es la deriva de la oposición argentina.