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No ha pasado tanto tiempo desde que Ecuador constituía un singular caso político de régimen democrático con alta inestabilidad política. El tantas veces comentado ciclo histórico de 1996 al 2005, en el que ninguno de los seis presidentes pudo terminar sus plazos, solía reagrupar sus causas en cuatro tipos de circunstancias definitorias: a) protesta popular heterogénea; b) rol de las FFAA; c) rendimiento de la economía y d) escándalos políticos que involucraran al presidente.

La salida de José Serrano de la Presidencia de la Asamblea abre un panorama intranquilo desde el punto de vista institucional. Sobre todo, porque se van desdibujando las legitimidades autorizadas por la ciudadanía en la última elección, generando interrogantes sobre el significado, a día de hoy, de la coalición de personalidades políticas que asumieron, hace poco más de un año, la tarea de administrar el Gobierno del país.

La salida de Serrano inaugura un momento político de vacío de poder. Para Lenín Moreno este hecho significa perder al hombre de grandes “acuerdos”, un operador importante en su política de pactos. El ahora expresidente de la Asamblea había sabido ser fiel al poder de turno –lo que en la política de corto plazo es conveniente–. Recordemos que Serrano estuvo en momentos decisivos del ejercicio de pactos que ha tejido Moreno; con los Bucaram y con el prófugo de la Justicia, Carlos Pareja. Serrano también supo tejer acuerdos con el actual contralor, Pablo Celi, quien recibió su apoyo en momentos de pugna por la nueva cabeza de la Contraloría.

Con la salida de Serrano, la pregunta que ronda la política ecuatoriana es si la potencial nueva presidenta de la Asamblea, Elizabeth Cabezas, podrá sintonizar del todo con la Presidencia de la República, en otras palabras: ¿Moreno podrá esperar la lealtad que le prometió Serrano? Desde luego, eso es algo que está por verse. El nuevo personaje no viene de las filas de Alianza País (AP), de hecho, viene de una corriente de derecha del moribundo partido socialdemócrata, Izquierda Democrática. Con esto Lenín vuelve a dar la espalda a aquellos integrantes que estuvieron en el partido históricamente y se decanta por una figura sin duda inesperada para ocupar ese cargo.

Crisis institucional no presidencial

A diferencia de las crisis institucionales del mencionado ciclo, no estamos frente a una crisis presidencial. Lo que se potencia con la salida de José Serrano es una crisis de legitimidad del sistema de gestión, en tanto figuras centrales de la propia gestión se vuelven vulnerables –y de hecho son vulneradas– por ciertos “estados de opinión pública”, impulsados por el procesamiento mediático de imágenes o audios, directamente asociados con el vicepresidente y el presidente de la Asamblea. El lenguaje es el escándalo mediático amarillista, con una narrativa de conspiraciones políticas –adaptadas al consumo de los medios de comunicación– que se organizan a partir de alusiones directas o indirectas a terceras personas que se constituyen, para la narrativa mediática en material probatorio.

Entra en escena, además, la principal constructora latinoamericana (Odebrecht), cuyas probadas malversaciones de los dineros públicos y privados en todo el continente, prácticamente supone que las sentencias políticas ya están anunciadas. Hay una curiosidad adicional: en la mega causa originaria de la Investigación Lava Jato, por la cual la constructora comenzó a ser investigada en una decena de países, el propio Marcelo Odebrecht (el principal dueño de la empresa) ya anda libre y suelto, lo que habilita a una inferencia no tan descabellada; que las investigaciones con el sello Odebrecht sirven para “depurar” las escenas, sean éstas económicas –como es el caso dramático de Brasil, donde se han reconfigurado buena parte de los agentes económicos de peso– o sean de actores políticos, como puede ser, para el caso, lo sucedido en poco tiempo en Ecuador.

En un contexto en el que Lenín Moreno ha decidido componer una nueva base de sustentación política a su Presidencia, costurando alianzas con factores diferentes al correísmo, no resultan menores los dos espacios institucionales que han quedado vacantes. Habrá que ver si quienes van a ocupar esos lugares logran estabilizar la crisis institucional de legitimidades de gestión o, si, por el contrario, inauguran un nuevo ciclo político en el país.

Consideraciones finales

Esta pugna ha permitido entender o visibilizar cómo actúan los operadores políticos junto con el sistema de medios de comunicación. El fiscal en su última intervención ha denunciado que el juicio en su contra, auspiciado por Serrano y Carlos Polit, fue operado en primer lugar por uno de los portales de periodismo investigativo. Este portal reveló semanas antes como supuestas primicias periodísticas denuncias en contra del actual fiscal. La supuesta imparcialidad del periodista escondía en realidad, si la versión del Fiscal es cierta, un pacto por sacar al Fiscal a cambio de dejar en completa libertad a Fernando Villavicencio (el periodista que denunció). Esto pone nuevamente el papel central de los medios de comunicación como operadores políticos y la capacidad para construir una matriz de opinión, de tal forma que la justicia y el poder constituido queden de rodillas a merced del estado de opinión.

 

Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica

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