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Hace unas semanas se celebró la cumbre de petróleo de Doha, en un contexto en el que viene en baja el precio del barril: entre junio de 2014 y enero de 2015 pasó de 115 a 40 dólares y en los primeros meses de 2016 decreció un 75%. Esto se debe a varias causas: desde la extracción de esquisto en EEUU, la disminución de la demanda mundial, aumento relativo de la oferta, y la especulación financiera[1]. En el escenario actual se percibe la tensión entre la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y la Agencia Internacional de Energía (AIE), recordando uno de los enfrentamientos clave durante la Guerra Fría.

A esto se suman otros indicios que nos remiten a ese escenario geopolítico como: la permanencia de la OTAN y la persistente presión para expandir su esfera de influencia para “cercar” a Rusia; las alianzas entre los “países occidentales” para intervenir en conflictos como el de Ucrania y actualmente en Siria, que se plantean en competencia con el accionar de Rusia; las estrategias de guerra económica (como la caída fatal de los precios de petróleo) para desestabilizar la economía rusa[2]; la preocupación por los avances de China en la adquisición y fabricación de armamentos, etc. En América Latina: el bloqueo económico a Cuba y la presencia de la base militar estadounidense en Guantánamo.

Quince días atrás, el vicepresidente de Venezuela mantuvo una reunión con el embajador Bielorrusia, Oleg Páferov. En ese encuentro, Páferov solicitó una reunión con el vicepresidente para el Área Económica Productiva, Miguel Pérez Abad y la Canciller Delcy Rodríguez, para trabajar en los avances de las empresas mixtas bielorrusas que desempeñan diversas actividades[3]. A su vez, a principios de abril, el canciller ruso ratificó el apoyo de su país al gobierno Venezolano[4].

Uno de los ejes de estos acercamientos y declaraciones  es el petróleo y no se reducen a una mera retórica diplomática. Precisamente, se espera para este año que Venezuela (PDVSA) y Rusia (ROSNEFT) trabajen en conjunto en proyectos de exploración y producción petrolera en Venezuela, lo que implica el incremento en un 40% de participación accionaria de la empresa rusa en la empresa mixta Petromonagas, así como también su participación en el Proyecto Mariscal Sucre (compuesto por los campos Patao, Mejillones, Río Caribe y Dragón, y cuenta con 14,3 TCF en reservas de gas). Lo anterior se suma al acuerdo firmado en mayo de 2015, por 14 mil millones de dólares, para llevar a cabo proyectos de petróleo y gas[5].

A estos avances en materia económica, debemos agregar el proyecto conjunto entre Telesur y Russia Today “Venezuela y Rusia en la mira”[6], para la difusión de contra-información sobre lo que sucede en ambos países, a modo de contrarrestar las noticias diarias de la prensa hegemónica que busca desprestigiar sistemáticamente a ambos países; además de plantear los “otros temas” en los que los medios masivos al servicio de las corporaciones prefieren no abordar.

Esto no es un asunto menor cuando el petróleo venezolano  sigue siendo objetivo de las múltiples estrategias de poder blando y poder duro implementadas por EEUU para desestabilizar al gobierno y construir y difundir un escenario de caos social incontrolable que otorgue legalidad y legitimidad a una intervención directa. En junio de 2011, el congresista estadounidense Steve Chabot advertía frente al Subcomité de Seguridad Nacional que la cercanía entre Venezuela e Irán le recordaba a los “días de Guerra Fría, cuando de repente, ya no estábamos separados de nuestros enemigos por océanos, sino que estábamos enfrentando las amenazas en nuestro patio trasero”[7]. Nótese que la alusión a Irán puede ser intercambiable con el rol de Rusia, además de la utilización de “patio trasero” para referirse a América Latina en 2011.

A su vez, el apoyo brindado por Rusia adquiere un carácter especial en un contexto en el que las derechas han encontrado diversos caminos institucionales (legales) para fortalecerse e ir ocupando la esfera política formal en América Latina. Se trata de grupos enlazados con la elite estadounidense a través de una red de poder que incluye desde corporaciones transnacionales y medios de comunicación hasta fundaciones y tanques pensantes[8]. Las alianzas geoeconómicas y geopolíticas acertadas son de una importancia crucial no solo para Venezuela sino para el escenario regional. En cualquier guerra, incluida la Guerra Fría, las guerras de “baja intensidad” y guerras psicológicas actuales, el objetivo es el mismo: el acceso a los recursos.

[1] http://www.celag.org/sobre-la-cumbre-petrolera-en-doha-por-alfredo-serrano-mancilla/

[2] http://www.globalresearch.ca/the-oil-coup/5420293

[3] http://www.vtv.gob.ve/articulos/2016/04/15/venezuela-y-bielorrusia-estrechan-relaciones-bilaterales-5607.html

[4] http://www.telesurtv.net/news/Rusia-se-opone-a-cualquier-provocacion-externa-sobre-Venezuela-20151209-0007.html

[5] http://www.eltelegrafo.com.ec/ALSur/semario/item/173-venezuela-fortaleciendo-sus-alianzas-estrategicas-con-el-mundo

[6] https://actualidad.rt.com/programas/venezuela-y-rusia-en-la-mira

[7] Comité de la Cámara de Baja sobre vigilancia y reforma gubernamental, Subcomité sobre seguridad nacional, defensa nacional y operaciones extranjeras, Comité de la Cámara Baja en Relaciones Exteriores, Subcomité sobre el Hemisferio Occidental y Subcomité sobre Medio Oriente y Asia del Sur. Los Representantes John Chafetz, Steve Chabot y Connie Mack exponen sobre las actividades sancionables de Venezuela. Washington DC, 24 Junio 2011

[8] http://www.celag.org/venezuela-segun-los-intereses-de-eeuu-think-tanks-prensa-y-gobierno-por-silvina-romano/