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Edwin Sutherland en un discurso ante la Asociación Americana de Sociología en 1939, acuñó la expresión delito de cuello blanco. Lo definió como “un crimen cometido por una persona de responsabilidad y de alto status social en el curso de su ocupación”. Dentro de su tesis se establecía que si bien los patrones de la delincuencia se adquirían por la relación con delincuentes, existía adicional un elemento estructural. El conflicto y la desorganización social son las causas subyacentes de la delincuencia, ya que determinan las formas, las aptitudes y los espacios donde las personas interactúan.

La ex funcionaria y denunciante de la Unión de Banco Suizos (UBS) Stéphanie Gibaud, fundadora de la organización “los arrepentidos”, explicó a los legisladores miembros de la comisión bicameral que investiga la fuga de capitales de Argentina, cómo la “desorganización” en los movimientos de los flujos financieros a nivel mundial permiten que se fuguen los capitales de los países sin dejar el pago de tributos a los cuales están sometidos. Además denunció la existencia de una red de intermediarios en América Latina destinada a facilitar las maniobras de evasión impositiva.

Argentina investiga una de las mayores fugas de capitales y evasión de impuestos. Se estima que estarán en la olla unos 3500 millones de dólares, que han salido del país y se encuentran en cuentas en la USB sin haber declarado impuestos.

Pero esto es solo la punta del ovillo. A nivel internacional existen casos donde el sistema financiero internacional se encuentra vinculado a nivel de grandes fraudes fiscales. El reciente caso del HSBC y de la investigación que realizó el gobierno de los Estados Unidos al JP Morgan, al City Bank y en coincidencia al UBS, son todos casos relacionados a sacar cantidades de capitales de los países mediante la evasión de impuestos y la fuga de capitales con la finalidad de conspirar contra las economías, dejándolas sin rentas para construir el acervo social que culmine en una emancipación de las clases siempre menos favorecidas.

Esta vez, el mecanismo usado eran esquemas de compensación. El dinero en efectivo no se movía físicamente. Se realizaban pagos o compras en el exterior por bancos extranjeros que luego se compensaban en cuentas establecidas en bancos locales. Pero los mecanismos son variados: en Ecuador se detectó la utilización de Fideicomisos de administración de fondos para evadir el pago de impuesto a la Herencias y Legados. El Gobierno realizó una propuesta de hacer tributar a estos fideicomisos, lo que generó una arremetida demencial de los principales grupos de poder del país al ver comprometidos sus intereses. En Honduras, el leasing internacional para ocultar el pago a cuenta del impuesto a la Renta por el 1.5% de los activos. En Venezuela, los precios de transferencias usados donde mediante compras a empresas vinculadas o en el sistema financiero exterior son formas de sacar las divisas y fingir que se realiza una transacción con precios sobrevalorados.

En suma, la evasión de impuestos se ha convertido en un auténtico delito de cuello blanco. Son exorbitantes las cifras de evasión que se mueven a nivel mundial, imposibles de ocultar. En un estudio realizado por Justice Tax se estima que alrededor de USD 160 billones se evaden anualmente a nivel mundial.

Las continuas denuncias reveladas a nivel mundial nos dejan un perfil del evasor de impuestos. Personas de altos niveles de patrimonios, con poder para influir en la construcción de los esquemas sociales y de incidir fuertemente en las decisiones de otros contribuyentes. Los mecanismos a través de los cuales los individuos arriban a sus decisiones están fuertemente influidos por el marco social donde estos operan. Por esto, este grupo de personas crean las condiciones objetivas (sociedades del temor) para que luego subjetivamente las sociedades terminen haciendo lo que los beneficia a ellos y no a las mayorías: la desorganización social.

Las teorías clásicas sobre el cumplimiento de las normas destacaron el efecto fundamental de la socialización (Parsons, 1977; Bourdieu, 1990; Merton, 1957). Sin embargo, estas teorías no han explicado cómo ocurre la socialización. Además, si la socialización es fundamental, no hay posibilidad de que las sociedades cambien, que un país con alta evasión pueda convertirse en algunos años en uno de baja evasión. ¿Estamos destinados a un callejón sin salida? Por otra parte, las teorías de la disuasión (Deterrence theory) subrayaron el efecto de la capacidad de castigo que tienen las autoridades para inducir al cumplimiento general de la norma (Paternoster et al., 1982; Cowell, 1990). Un Estado eficaz puede inducir a los contribuyentes a cumplir. Esta teoría también es limitada, ya que no explica cómo se forman las percepciones individuales de los ciudadanos-contribuyentes. Por ejemplo, la autoridad tributaria argentina ha sido históricamente tan o más competente que la chilena, sin embargo, en Chile siempre se ha cumplido más con los impuestos. Habría que trascender las capacidades reales del enforcement[1] para explicar el cumplimiento. Por último, si bien hablar de cultura de la legalidad es pertinente, estas teorías pecan por ser estáticas, ya que raramente explican las variaciones de un momento histórico a otro. Si bien en México y Argentina siempre se evadieron los impuestos, también la tasa de evasión fue altísima en Nueva York o en Suecia.

Desde el trabajo seminal de Becker (1968) ha fluido una gran cantidad de literatura acerca de los determinantes individuales del cumplimiento con las normas generales y con las tributarias en particular. Y también acerca de los mecanismos por los cuales aquellos que ostentan poder dentro de los esquemas sociales moldean las reglas y condiciones del juego económico de manera que terminan operando en su provecho. El paradigma básico del cumplimiento se forjó alrededor del principio de maximización de la utilidad personal como lo definían los materialistas, o aquellos que Adam Smith definía “los más fuertes” son los promotores del sistema, aquellos que tienen poder pondrán las reglas del Juego en la economía[2].

No es solo el capital, en el sentido estrictamente económico, el que está sometido a la apropiación, manipulación y explotación, sino también el capital cultural-social, entendido como el conjunto de sistemas simbólicos que permiten al hombre extender y cambiar los límites de su experiencia. Por eso, cuando se levanta la tapa de la olla dentro del sistema financiero y se dan a conocer estos actos delictivos se evidencia la doble moral del Capital. Por un lado se exige mayor libertad y menos intromisión dentro del “mercado” pero por otro lado esa llamada “libertad” conspira contra el mismo crecimiento económico equilibrado, sostenido[3] y contra cualquier proceso solidario entre el Estado y sociedad de mejora permanente del bienestar.

La erosión de los ingresos fiscales a causa de la evasión y el fraude fiscal traen dificultades al Estado para ejecutar una política social eficiente. Se estima que cada año se pierden cerca de 160 billones de dólares por impuestos no pagados a lo largo del planeta, por falsificación de facturas y alteración de los precios de transferencia entre partes relacionadas. Por otro lado, si consideramos que el presupuesto destinado a la ayuda de los países desarrollados hacia los países pobres es de 103 billones de dólares y si se controlara la evasión, se podría cubrir más de 1.5 veces ese presupuesto (Murphy et. al, 2007).

Así, la evasión fiscal limita el desarrollo de las economías, en especial de aquellas que no tienen un sistema tributario fuerte. Según Martens (2007), esta práctica será responsable de la muerte de 5.6 millones de niños en el periodo 2000-2015, lo que significa 1.000 niños por día.

La evasión afecta al bienestar social porque rompe tanto la equidad vertical como la horizontal.[4] En el caso de la equidad vertical, puede ocurrir que el tipo impositivo efectivo[5] de dos individuos con ingresos diferentes sea el mismo porque uno de ellos utiliza mecanismos para reducir su pago. De la misma forma dos individuos que son iguales en ingreso pueden ser sometidos a un tipo impositivo diferente, violando la equidad horizontal del sistema tributario.

Además, la evasión genera daños en el crecimiento económico. Aquellas personas o empresas que evaden sus responsabilidades fiscales tienen ventajas sobre aquellas que sí cumplen, con lo cual se limita el crecimiento de las economías afectadas. Inclusive, la asimetría que existe entre sectores productivos (monopolios) en los países en desarrollo, ocasiona que los montos de evasión se concentren a su vez sobre las grandes corporaciones. Esto genera incentivos para capturar los espacios políticos de poder logrando que se establezcan incentivos tributarios, industriales o de política exterior, legalizando así la evasión y provocando que el crecimiento se concentre sobre los grupos económicos tradicionales (Prats y Macias-Aymar , 2008).

Las prácticas evasivas de grandes corporaciones junto con gobiernos institucionalmente débiles generan que el crecimiento, producto de la explotación de recursos naturales, se concentre sobre los sectores de exportación o simplemente salga hacia las economías del primer mundo. Un ejemplo es la República Democrática del Congo, que en el 2006 recibió el insignificante valor de 86.000 dólares por derechos de explotación minera. Tanzania es otra muestra de esta problemática, pues tiene las reservas más grandes de oro del continente después de Sudáfrica, y recibe tan solo el 3% del valor de las exportaciones totales de este mineral. Las empresas extractoras de oro en algunos países de África tienen exoneración total de IVA para importaciones y compras locales de bienes y servicios. Por último, según el PNUD en el Sudeste asiático la agricultura representa más del 30% del PIB, y contribuye con menos del 6% de los ingresos estatales.

En definitiva, los problemas que genera la evasión sobre el crecimiento económico y el bienestar social tienen repercusiones en términos económico-políticos. La evasión debilita la confianza de la sociedad en el Estado y deslegitima su accionar. Esta deslegitimación, junto con la elevada desigualdad social, orquestada por los de cuello blanco, pretende inmovilizarnos para que el sistema dominante de inequidades siga alimentando las grandes fortunas mal habidas. ¿Esto es lo que queremos?

 

[1] Utilizaremos el término enforcement con la definición ejecución.

[2] Ver La Riqueza de la Naciones.

[3] Equilibrado, porque el crecimiento puede generar mayores asimetrías de la distribución del ingreso, por ende se deben imponer mecanismo para que esto no suceda. Y sostenible, porque debe trata de minimizar las fluctuaciones de los ciclots económicos en el tiempo.

[4] La equidad vertical se refiere al tratamiento igual de los iguales, mientras que la equidad horizontal es el tratamiento desigual de los desiguales.

[5] El tipo impositivo efectivo se define como la relación entre el impuesto causado sobre el ingreso del individuo. Este indicador muestra cul es grado relativo de cumplimiento tributario que tiene la sociedad.