2 min. lectura

Descargar PDF

El tema de los precios se sitúa en un lugar estratégico de la arquitectura del modelo económico vigente. La lógica neoliberal, que domina la gestión de los gobiernos de la mayor parte del mundo, señala que la distribución de la riqueza debe realizarse por medio del funcionamiento libre del mercado, porque tiene mecanismos que aseguran que los precios se fijen de tal manera que se garantice una distribución eficiente de los recursos de una economía. Estos mecanismos del mercado, actúan como una “mano invisible” que asegura la optimización de la distribución de la riqueza, y se basan en la libre interacción entre oferta y demanda que determina los precios de mercado de bienes y servicios producidos en la economía.

Para que esta “mano invisible” opere adecuadamente, una condición básica es el funcionamiento libre del mercado es o, lo que es lo mismo, la no intervención o regulación del Estado en los mercados.

El mercado es el espacio determinante para el funcionamiento del modelo capitalista y, dentro del mercado, la formación o determinación de los precios es un elemento central. La determinación de los precios se encuentra, pues, en el centro de la lógica distributiva del capitalismo. De aquí que las propuestas de la economía neoclásica se focalicen en liberar al mercado de todo tipo de regulación, control o intervención estatal.

Contrariamente a esta lógica, las políticas económicas de los gobiernos progresistas de América Latina, que se proponen combatir -como mínimo- las peores manifestaciones del sistema capitalista, han establecido sistemas de regulación de precios. Estos gobiernos han tomado acciones de intervención en el mercado dado que parten de la convicción de que el funcionamiento de la “mano invisible” del mercado hasta ahora vigente ha generado una lógica distributiva inequitativa e injusta, y ha polarizado tanto la riqueza material de bienes de consumo y de servicios básicos, como la distribución de la propiedad de los medios de producción entendidos convencionalmente como bienes de capital. Es evidente que en esos países -y en todo el mundo- el funcionamiento libre del mercado, hasta ahora, ha concentrado la propiedad de todos los bienes generando una opulencia ya grosera en pequeños sectores de la población, a costa del hambre y la miseria en la gran mayoría.

En ese marco, estos gobiernos han implantado mecanismos de regulación de mercados y de precios que intentan revertir los resultados perversos del funcionamiento del mercado liberado a sus fuerzas en la distribución y en las propias condiciones del crecimiento económico de estos países.

Seguir leyendo…