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Por Esteban De Gori


El 9 de marzo observábamos como el FMLN lograba –en una elección dramática- mantenerse en el poder estatal por cuatro años más. Su candidato presidencial –Salvador Sánchez Cerén- triunfaba por más de 6000 votos en una elección en la que participaron un poco menos de 3.000.000 de votantes y en la que se abstuvieron más de 2.000.000 de ciudadanos habilitados. La fórmula Sánchez Cerén – Ortiz (FMLN)   obtuvo –según el TSE- el 50.11%, mientras que la integrada por Quijano – Portillo (ARENA) cosecho el 49.89% de los votos1. Una elección ajustada, pero con graves consecuencias políticas para este “frágil” y discutido ganador:

Primero, porque esta elección advierte –a pesar de encuestas que indicaban una victoria contundente del FMLN- que en la segunda vuelta un sector importante del electorado optó por una propuesta neoconservadora. Es decir, ARENA logró movilizar al electorado y reunificar los votos de una derecha que en primera vuelta se había presentado dividida, es decir, las representadas por Norman Quijano y por Antonio Saca –ex ARENA- y hora dirigente máximo de Movimiento de Unidad. De esta manera, ARENA se afirmó como posible freno a los propósitos efemelenistas y como impugnador de las elecciones, intentando así restar legitimidad a Sánchez Cerén. Por tanto, el FMLN debe reconstruir una gobernabilidad estable y desarticular las practicas que buscan erosionar al gobierno.

Segundo, porque ante contexto de cierta debilidad ARENA se apropió de las diversas estrategias de la derecha venezolana para deslegitimar al FMLN y logró –de alguna manera- expresarlas en la calle. Es decir, las derechas venezolanas han ofrecido un “menú” de prácticas desestabilizadoras que otras derechas recuperaron para “frenar” gobiernos orientados a reparar e incluir a los sectores más vulnerables.

Tercero, porque pese a los programas sociales innovadores e inclusivos que llevó adelante Mauricio Funes (FMLN) durante su gobierno (2010 – 2014), la propuesta de Sánchez Cerén no pudo superar el 51.32% que obtuvo el mismo Funes en 2009. Por lo tanto, esto indica que el FMLN desde el Estado no logró ampliar sus adhesiones electorales ni expandir su control territorial. Su incorporación al sistema político –después de los Acuerdos de Paz de 1992- le ha imprimido una lógica de “partidización”2 en detrimento de la creación de actores o del establecimiento de vínculos con organizaciones sociales que les permita presionar sobre las derechas y sumar voluntades.

Cuarto, porque pese a la presión de las derechas y de grupos económicos decididos a resistir la regulación estatal y fiscal , los resultados políticos del gobierno de Funes fueron relativos, tan relativos que el FMLN no pudo construir una geometría de fuerzas orientada a la instalación de un escenario posneoliberal. Según una encuesta realizada por el IUDOP  (http://www.uca.edu.sv/publica/iudop/archivos/boletin1_2013.pdf) en 2013, el cambio más positivo que logró Funes estuvo vinculado a mejoras en la educación (37.60%), política que dirigió Sánchez Cerén en su doble cargo de Vicepresidente y de Ministro de Educación y, que en parte, esto podría explicar su participación en la fórmula presidencial. A su vez, esta misma investigación indicaba que los principales problemas lo constituían la delincuencia (40.7%) y luego la situación económica (22.4%). Por otro lado, el 39.1% de los encuestados advertía que el gobierno había escuchado poco las demandas sociales y cuando se consultaba sobre si el país está igual, mejor o peor; se podía observar que la mayoría (39%) consideraba que se estaba igual; tan solo mejor un 32% y peor un 28.2%. Es decir, podemos dar cuenta de la existencia de un imaginario que advierte sobre cierta continuidad o un imaginario que si bien reconoce las variaciones considera que éstas no han reconfigurado el panorama político y económico. Para decirlo en otros términos, el FMLN es y ha obrado en relación con la disputa que le propone la derecha y sus aliados empresariales. Sus límites deben entenderse en un contexto de dependencia de las remesas y de sus impactos, de la gran concentración empresarial provocada por las políticas neoconservadoras de ARENA y por los acuerdos geopolíticos que esta fuerza estableció con los tratados de libre comercio. El FMLN estuvo “cercado” política y económicamente desde el primer momento; las grandes empresas salvadoreñas y transnacionales presionaron para mantener un régimen económico neoliberal y, además, lograron conservar su predominancia ideológica sobre vastos sectores de la sociedad.

A su vez, el FMLN estuvo atravesado por límites internos, producto de la “partidización” –como dijimos-, por la imposibilidad de ampliar sus fronteras organizativas,  como por la incapacidad de reencantar a la sociedad y a gran parte de ese electorado que se abstiene de ejercer su derecho al voto. En este sentido, sucede algo interesante, se produce una oferta electoral con partidos con historias y signos contrarios pero sin lograr la politización de la sociedad, lo cual nos lleva a preguntarnos si esto no se debe a que existen algunas características comunes que se han mantenido entre los gobiernos de ARENA y el gobierno de Mauricio Funes. Entonces, podemos advertir que existe una mayor comunidad de prácticas políticas y económicas entre el FMLN y ARENA que lo que sucede entre el oficialismo y la oposición en países como Argentina o Venezuela. Mauricio Funes construyó una fórmula de equilibrio entre políticas ortodoxas y heterodoxas, que se transformó en una propuesta de gobernabilidad. Es decir, si bien su gobierno incorporó programas sociales no suscitó un enfrentamiento abierto con los grupos empresariales y con su opción neoliberal.

Lo mismo sucedió con la política exterior, mientras recibía la cooperación del ALBA (petróleo, alimentos y medicamentos) no dejo de vincularse a los alineamientos hegemónicos promovidos por el Norte –se incorporó como miembro observador de la Alianza del Pacifico-.

Quinto, porque el nuevo presidente encontrará un Estado con escasos recursos (balanza comercial negativa, alta deuda pública), con un creciente déficit fiscal, con una reducida acumulación económica y política del mismo y, sobre todo, con capacidades exiguas para la intervención en la economía, lo que supone que el FMLN será la conducción de un “Estado débil” y desregulado. Sexto, porque persisten imaginarios hegemónicos neoconservadores y temores construidos por las derechas que son introducidos ante cada coyuntura. Por ello, no podemos olvidar el uso que hizo ARENA en la segunda vuelta sobre la situación venezolana para advertir que ese “camino” seria continuado por el FMLN. Esta utilización tuvo tal contundencia que le valió –en este contexto de victoria ajustada y discutida- la respuesta de Sánchez Cerén: “nuestro modelo es el modelo salvadoreño”.

En este sentido, el nuevo presidente se encontrará con este escenario complejo, el cual se asemeja a la conformación de una gobernabilidad asediada. Es decir, asediada por una derecha fortalecida en las urnas y con intenciones de “marcar y embarrar la cancha” al FMLN –la cual, no tiene empacho de apelar al fraude y a las fuerzas armadas- y por la propuesta de gobernabilidad que construyó o pudo construir Mauricio Funes en los últimos cuatro años. En estos días y ante el no reconocimiento de ARENA, el FMLN tendrá que buscar diversas vías para la relegitimación de su elección y, tal vez, en esa búsqueda puedan vislumbrarse algunas de alianzas y acuerdos que limitarán o potenciarán el futuro de su gobierno.


Publicado en TeleSur Tv

Fecha: 18/03/2014