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 Desde que los pueblos comenzaron a soñar la idea de que podían elegir los gobiernos para servir sus intereses, la democracia fue desafiada de todas las formas posibles. Todo se ha intentado para que la democracia no represente los intereses de la mayoría, y en todas las sociedades se libra una batalla solapada entre los intereses democráticos y los de quienes buscan hacer servir la democracia a sus intereses particulares. Algunos instrumentos de esta lucha son ilegales, como los golpes de Estado, las campañas sucias y la financiación corporativa a los partidos políticos (legal en EEUU y en Brasil hasta hace pocas semanas atrás), mientras que otras son ilegítimas pero legales, como el lobbismo, las mentiras de campaña y la concentración de los medios de comunicación. Con la irrupción masiva de las imágenes en los medios de comunicación, hicieron su aparición nuevos instrumentos, como el marketing y la psicología política, que se apoyan en técnicas de manipulación colectiva para intentar modificar las preferencias de los votantes. Todas estas estrategias tienen el objetivo de que la democracia deje de representar a las mayorías y logran que su desempeño se parezca mas al de una plutocracia.

El macrismo ha recurrido a casi todos estos instrumentos, desde las campañas sucias de Durán Barba, pasando por los medios de comunicacion monopólicos amigos, las mentiras de campaña y el marketing de la buena onda sin contenido, hasta  la financiacion corporativa (que difícilmente no cuente con el aporte buitre). Pero esto no fue suficiente. Macri es ideológicamente fuerte en el bastión mas conservador y antiperonista de Argentina, la Capital Federal, y sin embargo, en las pasadas elecciones de julio el Macrismo estuvo  a punto de perderlo frente a un  candidato apenas conocido, Martin Lousteau. Algo ha pasado y merece una explicación, porque tan solo 3 meses después Macri ha logrado entrar al balotaje dispuntándole al oficialismo su carácter de favorito.

Si algo realmente ha cambiado en la nueva Alianza Cambiemos que propone a Macri como presidente, es su nueva estrategia electoral, la estrategia del Tordo Renegrido. Esta especie de Tordo americano es muy particular, porque en lugar de hacer sus nidos, empollar sus huevos y alimentar sus pichones, prefiere disfrazar sus huevos y ponerlos en el nido de otra especie para ahorrarse todo ese esfuerzo. ¡Es un parásito! En nuestro caso electoral, la nueva Alianza Cambiemos adoptó la estrategia del Tordo, porque en lugar de anidarse en su propia ideologia y hacer campaña basándose en su propia experiencia de gestión, han recurrido al sencillo truco de disfrazarse de peronistas. La instrumentacion es muy simple, Macri y Cambiemos pueden definirse como peronistas, siempre y cuando hagan lo que todo buen disfraz tiene que hacer, que es ocultar la verdadera identidad. Se requiere un apoyo acrítico o idiotizante de los medios y una imagen amigable y despojada de todo atisbo de conflictividad generada por el marketing de la buena onda. Porque nadie debe enterarse que Cambiemos es una especie de Frankenstein, una Alianza similar a la que llevó a De la Rúa a la presidencia en 1999[1] y que está formada por lo más conservador del radicalismo, por la agitadora profesional Elisa Carrió y por el Macri que prefiere la educacion privada, pagar a los fondos buitres y no le gustan las universidades ni los hospitales públicos, ni el plan Procrear, ni el Progresar, ni la Asignacion Universal por Hijo, ni la proteccion frente a la competencia externa, ni la tecnología made in Argentina, ni la Unasur etc, etc.

A pesar de todo este esfuerzo por bastardear la democracia Argentina, en la primera vuelta esta nueva versión de la Alianza perdió quedando 2,5 puntos por debajo del FPV, un resultado que a primera vista pareció inesperado y fue interpretado rápidamente como un anticipo del triunfo irreversible de Cambiemos en la segunda vuelta. Sin embargo, el resultado no es inesperado si partimos del hecho de que todas las encuestas indicaban que el Kirchnerismo podía ganar en la primera vuelta. Los votantes que querían el cambio a cualquier costa actuaron estratégicamente y votaron a la Alianza Cambiemos. La inexactitud de las encuestas hizo que todos los que podían digerir a Macri adelantaran su voto a él sin importar su filiación partidaria. Esto indica que el resultado alcanzado por Macri está mucho más cerca de su techo potencial de lo que está el resultado de Scioli.

Porque los candidatos del Massismo (UNA) de Buenos Aires y Córdoba que estaban dispuestos a votar a Macri ya lo hicieron en su gran mayoría en la primera vuelta. Porque los votantes del socialismo santafesino que estaban dispuestos a votar a Macri ya lo hicieron en la primera vuelta. Porque los Barones del conurbano que en la primera vuelta traicionaron a Aníbal y Scioli, cambiarán esta decisión porque no es lo mismo digerir a una gobernadora del PRO que de una presidencia de cuyos fondos son dependientes (aunque esto puede depender de cual sea el mejor postor). Porque el aparato clientelar territorial que el radicalismo puso al servicio de la nueva Alianza Cambiemos obtuvo ya el máximo provecho posible en la primera vuelta. Porque muchos de los kirchneristas que no votaron a Scioli no solo votarán, sino que militarán por Scioli siguiendo instrucciones de la presidenta y del propio instinto de supervivencia.

Porque a pesar de su juventud, nuestra joven democracia ya ha aprendido lo que significa el neoliberalismo, y también, lo que significan los mounstruos creados con propósitos electorales como esta nueva versión de la Alianza. La amenaza del retorno neoliberal y las consecuencias que tendría sobre Argentina y sobre los países progresistas de la región, son elementos de una peli de terror que sin duda evaluarán los electores el próximo 22. Nada se ilumina más que el cuarto oscuro cuando se tratan asuntos de tanto futuro y de tanto pasado, por lo que a la hora de definir el voto, nadie dejará de contrapesar en la balanza los riesgos que significa esta nueva Alianza neoliberal. En ese instante, es muy posible que las diferencias reales y saludables que existen entre Scioli y el resto del Kirchnerismo sea para ellos, el cambio que están buscando.

[1]   Cuyo gobierno derivó en el estallido de la mayor crisis económica y política de la historia argentina a fines de 2001.

Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Autónoma de Barcelona.

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