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El pasado 6 de enero tuvo lugar la primera visita oficial del presidente Enrique Peña Nieto a su homólogo estadounidense, Barack Obama. Este encuentro, cuya agenda se focalizó en la lucha contra el narcotráfico y la seguridad fronteriza y donde el presidente Obama a pesar de las incómodas referencias a Ayotzinapa ratificó su apoyo a la estrategia de “seguridad” de su aliado (cuando todavía estaban recientes las sanciones por parte de Estados Unidos a funcionarios venezolanos por “reprimir” a los “estudiantes” que se habían manifestado el año anterior), no ha sido sin embargo el primero entre ambos mandatarios.

Antes de tomar posesión como presidente, Peña Nieto viajó a Estados Unidos en noviembre de 2012 en calidad de presidente en funciones lo cual dio cuenta de la importancia dada por las autoridades mexicanas a la relación bilateral. Esta visita fue correspondida por el viaje oficial del presidente Obama a México en mayo de 2013. Cuatro meses después, los dos presidentes coincidieron y conversaron en la Cumbre del G-20, en San Petersburgo. En febrero de 2014 se produjo otro encuentro en Toluca, en el marco de la Cumbre de Líderes de América del Norte, en la que participó también el primer ministro canadiense, Stephen Harper. Así hasta sumar un mínimo de cinco encuentros presidenciales de carácter bilateral y multilateral en un lapso inferior a los tres años, saldo que se completa con mecanismos bilaterales de diálogo permanente[i]. A éstos habría que añadir otros cuyas consecuencias políticas y geopolíticas son incluso de mayor calado al comprometer asuntos tan delicados como la seguridad o la economía, como el Plan Mérida o el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

Tal proliferación de encuentros y mecanismos de cooperación entre la principal potencia mundial y el país con el que comparte una de las fronteras más conflictivas del continente, nos habla de una intensidad que evoca las “relaciones carnales” que el ex canciller argentino Guido di Tella se jactaba de tener entre la Argentina y Estados Unidos en tiempos del menemismo. En el caso de México, el término se quedaría corto pues, más bien, podríamos hablar de una integración subordinada entre ambos países, que se expresa en una relación de intercambio absolutamente desigual que el investigador John Saxe-Fernández calificó como la compra-venta de México en un libro ya clásico para comprender la naturaleza de las relaciones entre México y Estados Unidos.

No es ningún secreto que la firma del TLCAN entre México, Estados Unidos y Canadá en 1994 supuso ceder parte de la soberanía nacional mexicana a Estados Unidos por la vía de poner en un segundo plano las necesidades económicas del pueblo mexicano para satisfacer los intereses de las grandes corporaciones estadounidenses y sus aliados de clase locales, en una suerte de neocolonialismo reloaded.

Los datos que demuestran la dependencia de la economía mexicana de los intereses del gran capital estadounidense son múltiples pero los resumiremos en cifras aportadas por el propio presidente Peña Nieto en un artículo publicado en vísperas de su reciente viaje a Washington: el 80% de las exportaciones mexicanas van a parar a Estados Unidos pero “incluso las exportaciones mexicanas benefician la economía estadounidense”[ii] ya que 40% del valor de ellas contiene insumos estadounidenses, esto es, se trata de exportaciones de maquila. Las exportaciones de Estados Unidos hacia México aumentaron un 443% desde 1993 dando como resultado que México compre más bienes estadounidenses que el conjunto de los países BRICS y “casi tanto como toda la Unión Europea”[iii].

Por sólo poner un ejemplo de los estragos que la firma del TLCAN supuso y sigue suponiendo para el país, los precios del maíz, alimento básico en México, cayeron un 59% entre 1990 y 2005 lo que ha llevado a muchos campesinos a sustituir esos cultivos por los de marihuana o amapola[iv], es decir, a trabajar para el narcotráfico, una economía boyante que tiene gran demanda al otro lado de la frontera. También de ese lado de la frontera viene gran parte de las armas con las que los mexicanos se matan entre ellos en medio de la mal llamada “guerra contra el narcotráfico”, como salió a la luz con la operación Rápido y Furioso.

El abandono del campo mexicano es otra de las consecuencias. Muchos campesinos han optado por separarse de sus familias y arriesgar la vida cruzando a Estados Unidos, uniéndose a la comunidad de mexicanos ya existente. Hoy viven casi 23 millones de mexicanos en dicho país, muchos de ellos indocumentados, lo que convierte al tema migratorio en uno de los puntos siempre presentes en la agenda bilateral aunque las visiones e intereses en este tema suelan diferir.

La profundización de esta política entreguista se expresa de manera elocuente en las once reformas estructurales aprobadas en este sexenio y que implican la liberalización de distintos sectores de la economía mexicana. La joya de la corona, Petróleos Mexicanos (Pemex), empresa estatal creada en 1938 por el general Lázaro Cárdenas en un acto histórico de defensa de la soberanía nacional, ha sido puesta en bandeja al capital foráneo. Si antes de su privatización México vendía petróleo a Estados Unidos y le compraba la gasolina, ahora México se prepara para importar petróleo de Estados Unidos a pesar de haber sido tradicionalmente el tercer surtidor de petróleo a dicho país, después de Canadá y Arabia Saudí.

Pareciera que esta imbricación económica viene acompañada, además, de un encuadramiento político que separa a México de lo que fue su tradicional política exterior de principios; una política exterior propia y relativamente independiente que dio paso, con los primeros gobiernos neoliberales del PRI en los ochenta, a un economicismo que puso al desarrollo como eje de la agenda internacional. México quiso entrar al “grupo de los ganadores” y dejó de lado los principios que habían sido su razón de ser internacional, incomodando a los sectores del cuerpo diplomático herederos del nacionalismo revolucionario. Pero incluso en esos tiempos de incipientes gobiernos neoliberales, México consideraba a América Latina una prioridad aunque Estados Unidos fuera lo más importante.

Es difícil pensar que América Latina sigue siendo hoy una prioridad para la política exterior mexicana con un México liderando la Alianza del Pacífico, negociando el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TTP) con Estados Unidos de espaldas a su pueblo o cancelando la participación de Peña Nieto en la III Cumbre de la CELAC que se está celebrando estos días en Costa Rica. Es cierto que el gobierno de Peña Nieto condonó el 70% de la deuda a Cuba, también que ha tratado de llegar a un entendimiento con el de Venezuela, a pesar de las maltrechas relaciones que le heredaron. Pero también permite que Felipe Calderón, el hombre que llegó a la presidencia en medio de denuncias de fraude y que arrastra 120.000 muertos a sus espaldas, vaya a Venezuela a dar lecciones de respeto a los derechos humanos y la democracia en un ejercicio de cinismo absoluto. Con estos hechos, el gobierno de Peña Nieto demuestra estar tan alineado en materia internacional con Estados Unidos como lo estuvieron los gobiernos del PAN.

Sorprende, en definitiva, que a pesar de haber visto coartada su soberanía nacional por Estados Unidos a lo largo de la historia, de haber padecido una guerra, perdido la mitad de su territorio original, sufrido intervenciones militares estadounidenses y una penetración económica de gran magnitud, el gobierno de México siga mirando al norte. Más preocupante sería, en todo caso, que el pueblo mexicano mire también en esa dirección…

[i] Tales como el Diálogo Económico de Alto Nivel (DEAN); el Consejo Mexicano-Estadounidense para el Emprendimiento y la Innovación (MUSEIC); el Foro Bilateral sobre Educación Superior, Innovación e Investigación (FOBESII) o el Plan de Acción para la Administración de la Frontera del Siglo XXI de 2014.

[ii] Véase “Por qué es importante la relación Estados Unidos-México” en http://www.presidencia.gob.mx/por-que-es-importante-la-relacion-estados-unidos-mexico/

[iii] Ibid.

[iv] Claudia Schatan, “Ahora es cuando: encuentro de presidentes Obama y Peña Nieto” en http://www.elfinanciero.com.mx/opinion/ahora-es-cuando-encuentro-de-presidentes-obama-y-pena-nieto.html

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