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(Informe: TeleSUR/CELAG)

El Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP, por sus siglas en inglés) avanza viento en popa. Tras extensos meses de discusión, para su entrada en vigor solo resta la ratificación de las 12 naciones que suscribieron al mismo y su firma oficial. Entre la docena de países participantes, se encuentra México, cuyo gobierno, según manifestó en diversas oportunidades, ve al pacto como “la oportunidad perfecta para completar su plan de apertura comercial”.

El TPP busca posicionarse como el tratado de libre comercio multilateral más importante del siglo veintiuno, pero también como el más peligroso. En efecto, el acuerdo -que oficialmente será firmado en febrero de 2016- permitirá, entre otras cosas, que las grandes empresas transnacionales se conviertan en las principales beneficiadas en la política de compras públicas. Al mismo tiempo, subordinará los derechos laborales a la seguridad jurídica exigida por las inversiones extranjeras, generando graves perjuicios a los sectores trabajadores. Otro punto cuestionado es que garantizará una política a favor de la propiedad intelectual, que privatizará el conocimiento en detrimento del bien común en materia de salud, generando una dependencia del conocimiento de los países centrales.

Como se dijo, entre las doce economías que integran esta alianza se encuentra México, país que se sumó al tratado como miembro pleno en octubre de 2012, tras recibir la invitación oficial por parte de Estados Unidos, el principal promotor del TPP. Desde entonces, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto ha vendido la iniciativa como una de las mayores apuestas comerciales de su sexenio, la que a su juicio –a contramarcha de lo que muchos analistas prevén- se traducirá en mayores oportunidades de inversión y empleo bien remunerado para los mexicanos.

En la actualidad, el país azteca tiene acceso preferente a 45 mercados nacionales tras suscribir unos diez TLC. Con la firma del TPP, la nación mexicana ingresará a otros seis países entre los que figuran Malasia, Vietnam y Australia. A grandes rasgos, el acuerdo supone la mayor zona de libre comercio del planeta y abarca un cuarenta por ciento de la economía mundial, pero a su vez supondrá un nuevo escenario de pérdidas para México, cuya economía se encuentra cada vez más estrecha evidenciando un sistemático y creciente déficit comercial.

Organizaciones internacionales, como la fundación alemana Bertelsmann, ya han advertido acerca de los peligros del TPP, apoyándose principalmente en la erosión preferencial. Al respecto, advierten que México, como miembro del TLCAN (acuerdo económico que reúne también a EEUU y Canadá) destina casi un 80 por ciento de sus exportaciones a EEUU. Sin embargo, si otros países más competitivos gozan de un mejor acceso al mercado de la potencia norteamericana en industrias cruciales, como por ejemplo la automotriz, podrían desplazar a los productores mexicanos y perjudicar la economía nacional. Y es que en el tema competitividad, México aparece preocupantemente relegado: de los 12 países integrantes del TPP, el país se ubica en la penúltima posición según estudios de competitividad global. Entre algunos de los factores más importantes, la fundación mencionada destaca el escaso o nulo interés que el gobierno mexicano ha mostrado hacia el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas, además de los bajos niveles de inversión en ciencia y tecnología, en especial en sectores como la industria automotriz o aeroespacial.

Las desventajas e impactos de los tratados de libre comercio en México tienen evidencias históricas. Por ejemplo, en los veintiún años que lleva el TLCAN en vigencia, el país ha registrado escasos niveles de productividad, un sostenido estancamiento económico, falta de empleo y reducción del poder adquisitivo para los trabajadores. Entre las nocivas consecuencias, el sector agrario ha recibido la peor parte: la falta de apoyo gubernamental en el campo y las desventajas de los agricultores frente a sus contrapartes estadounidenses, provocó que México pasara de producir alimentos a importarlos. De hecho, un estudio de la Universidad Autónoma de México (UNAM) determinó varias cifras preocupantes tras un balance del TLCAN: la importación de comida en el país se duplicó en dos décadas, pasando del 19 por ciento al 42 por ciento, el 72 por ciento de los agricultores se encontraban en quiebra en 2011, las familias rurales redujeron un 44 por ciento su poder adquisitivo, el 80 por ciento de la mano de obra migró hacia EEUU y la inequidad frente al régimen proteccionista de la potencia norteamericana provocó un estancamiento del sector agrícola.

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