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El escenario pre electoral en Nicaragua ya está definido, aunque en la política lo imprevisible es siempre una posibilidad. Sin embargo, de cara a las próximas elecciones presidenciales y legislativas de noviembre la suerte de los partidos y candidatos parece estar echada. Hasta el momento, dos hechos relevantes están caracterizando el proceso pre-electoral: la designación de Rosario Murillo como compañera de fórmula del actual mandatario, Daniel Ortega, y la fragmentación y debilidad de la oposición.

Rosario Murillo, doble compañera

Uno de los hechos más sobresalientes del escenario pre-electoral fue la nominación de Rosario Murillo -esposa del actual mandatario Daniel Ortega y Coordinadora del Consejo de Comunicación y Ciudadanía del gobierno- como candidata a la Vicepresidencia, compartiendo fórmula con Ortega.  La “compañera Rosario”, como se la conoce en Nicaragua, venía sonando fuerte y desde mucho tiempo atrás como la opción más adecuada para integrar la fórmula presidencial por el sandinismo que disputará las elecciones el próximo noviembre, en tanto posee un alto nivel de popularidad en dicho país. Según recientes sondeos de opinión realizados por M&R, Murillo goza de la simpatía del 72,2% de los votantes, en tanto Ortega tiene la aprobación del 79,3%.

La candidata a la Vicepresidencia por el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), además de ser la compañera sentimental y de militancia de Daniel Ortega por más de 40 años, ha conseguido en la última década construir un liderazgo y espacio propios en la política nicaragüense. Si bien formalmente su papel es el de coordinar la política comunicacional del Gobierno, lo cierto es que tiene un rol decisivo en la entera gestión gubernamental, al punto de que Ortega ha afirmado públicamente que ella representa el 50% de su gobierno. Frente a todos estos hechos, su nominación como candidata a la Vicepresidencia no ha sorprendido a sandinistas ni a opositores.

Rosario Murillo ha tomado gran visibilidad en la gestión de gobierno desde que Ortega asumiera como presidente en 2007. Al momento de analizar la alta aceptación social de ambos dirigentes asumen un carácter de gran significación algunos resultados de las políticas impulsadas en los últimos años. Los objetivos de gobierno fueron varios, pero el que se ha destacado fue la implementación de diversos programas sociales para disminuir los niveles pobreza, ya que su alto índice colocaban a Nicaragua en un lugar destacado a nivel mundial. Se destacan:  “Hambre Cero”, “Plan Techo”, “Usura Cero”, “Merienda Escolar”, “Bono Productivo” y “Casas para el Pueblo”.  Como resultado de estas políticas, según datos del Banco Mundial la pobreza se ha reducido notablemente en el país: para el período 2009 a 2014 la pobreza nacional disminuyó de 42.5 a 29.6%, mientras que la pobreza extrema se redujo 6 puntos porcentuales bajando de 14.6 a 8.3% [1].

En términos de política internacional, Nicaragua se diferencia del resto de los países de la región por su política de integración orientada a convenios binacionales con la República Bolivariana de Venezuela y Cuba.

Una oposición que no consigue serlo

El segundo hecho destacado del escenario pre-electoral nicaragüense es la fragmentación de la oposición al gobierno de Ortega, que no consigue siquiera capitalizar el apoyo que le brinda la prensa hegemónica -especialmente el influyente diario La Prensa, propiedad de la familia Chamorro- ni un contexto político regional refractario al sandinismo.

Cinco son las listas que se presentan a la contienda electoral para disputarle el poder al FSLN en el Ejecutivo y en el Legislativo: la Alianza Liberal Nicaragüense, el Partido Conservador, Alianza por la República, Partido Liberal Constitucionalista (PLC) y el Partido Liberal Independiente. Ninguno de estos partidos consigue una intención de voto que supere el 5%, según recientes estudios de M&R. Puntualmente, el PLC es el partido que está en segundo lugar con el 4,7% de intención de voto, seguido del PLI con 3,9%. El resto de los partidos no superan el 1,5%. Según la misma encuestadora, la intención de voto por el sandinismo es del 62,8%. Además de Ortega, que busca su cuarto mandato -y tercero consecutivo-, los candidatos para disputar la presidencia son Maximino Rodríguez, ex insurgente de la “contra” por el PLC, el abogado Erick Antonio Cabezas (Partido Conservador), el empresario Carlos Canales, de la Alianza por la República, el cura Saturnino Serrato (Alianza Liberal Nicaragüense), y Pedro Reyes por el PLI.

Sin embargo, el panorama pre-electoral de hoy dista bastante del que dominaba meses atrás. Particularmente, hasta el 8 de junio pasado. Por entonces, el PLI era el partido que  disputaba el segundo lugar en intención de voto, aunque bien lejos del FSLN. Sin embargo, la conducción del PLI sufrió un importante golpe cuando la Sala Constitucional de la Corte Suprema de Justicia quitó la representación legal de la sigla al Diputado opositor Eduardo Montealegre -ex Ministro de los Presidentes Alemán y Bolaños-  para otorgársela a Pedro Reyes, hoy candidato presidencial por dicho partido. El fallo se dio tras varios años de demandas presentadas por otras facciones internas del PLI, e intentos de conciliación por parte de la Sala. Según el fallo, la conducción del PLI habría incumplido aspectos fundamentales de los propios estatutos del Partido y constatado  “abuso” de poder por parte de Montealegre para asumir la representación de la sigla.  Si bien Montealegre reconoció la sentencia y entregó públicamente a Reyes la presidencia del PLI, buena parte del arco opositor cuestionó el fallo señalando que la Corte es “orteguista” y que, en realidad, buscaba colocar a un representante afín al gobierno y minar la capacidad del PLI para hacerle frente a Ortega en las elecciones de noviembre. El problema se agudizó cuando, poco tiempo después, el Consejo Supremo Electoral removió de sus cargos a 28 diputados (16 titulares y 12 suplentes) de una coalición encabezada por el PLI por negarse a obedecer Reyes, siendo que sus estatutos establecen la subordinación de los Diputados a las autoridades y directrices del Partido.

Este giro en el panorama electoral ha conducido a que hoy, paradójicamente, varios de los partidos opositores que se presentan a las elecciones -junto con algunos sectores de la Iglesia católica- proclamen el desconocimiento de los resultados electorales, ya que entienden que el proceso es fraudulento. La estrategia que se espera es la movilización en las calles y el llamado al “voto blanco”, además del reclamo para se habilite la participación de observadores electorales internacionales.

A tan sólo tres meses de la contienda electoral, la disputa pareciera no centrarse en los programas y propuestas de cada partido de la oposición, sino en instalar una idea central, el fraude electoral. Idea fuerza que no ha logrado aglutinar a toda la oposición, sino que ha fortalecido las candidaturas del FSLN, las cuales cuentan con un alto respaldo de la ciudadanía nicaragüense.

 

[1]Según la Encuesta de Medición de Nivel de Vida 2014 del Instituto Nacional de Información de Desarrollo, datos disponibles en: http://www.bancomundial.org/es/country/nicaragua/overview

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