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En abril de 2018 Mario Abdo Benítez se impuso en las elecciones presidenciales de Paraguay. Así, el Partido Colorado logró mantenerse en la presidencia tras los cinco años de gobierno de Horacio Cartes. El recambio presidencial amerita un análisis del modelo económico paraguayo y sus perspectivas.

En los últimos años, Paraguay ha sido el segundo país con mayor crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), tan sólo superado por Bolivia. En un contexto de desaceleración de la mayoría de las economías de Sudamérica, la economía paraguaya no ha entrado en recesión y en los últimos 5 años (2013-2017) ha conseguido mantener una tasa de crecimiento promedio del 5,1% anual, según el Banco Central de Paraguay. Durante el primer trimestre de 2018 el buen ritmo se mantuvo y la actividad económica se incrementó un 4,1%.

Sin embargo, este crecimiento no se tradujo en mejoras sociales. En los últimos 5 años el salario mínimo legal en lugar de expandirse se redujo 0,7% en términos reales, según datos oficiales. La tasa de desempleo que se encontraba en 4,7% en 2012, paradójicamente aumentó a 5,7% tras los años de crecimiento. El coeficiente de Gini (indicador de desigualdad en los ingresos) se incrementó de 0,476 a 0,479.[1] En este proceso la pobreza apenas bajó de 31,4% a 28,9% y en particular en 2017 se incrementó en relación a 2016 (26,6%). Por otro lado, Paraguay continúa teniendo la peor tasa de chicos y chicas en edad escolar que asisten a la escuela secundaria (66,5%) y el segundo peor ratio de mortalidad infantil de la región (18,7 por cada 1.000 nacidos vivos).

¿Qué explica el contraste entre crecimiento económico y mejoras sociales?

El factor clave es que el modelo económico estuvo basado en los sectores exportadores de materias primas. Se trata de sectores productivos que demandan poca mano de obra y que no dependen del consumo interno para crecer (por ende, los salarios son meramente un costo y no un factor de demanda). Asimismo, se trata de un sector muy concentrado, ya que tan sólo 12.000 grandes propietarios poseen el 90% de las tierras, mientras que 280.000 se reparten el 10% restante. La peor distribución de tierras del mundo, según OXFAM.

Al analizar el mencionado periodo se observa que las exportaciones totales crecieron un 49,3% y esta suba estuvo explicada, fundamentalmente, por la soja y sus derivados (granos, aceite y harinas). En conjunto, estos productos se expandieron un 140,9%, es decir, más que se duplicaron. Como el modelo económico se basó fundamentalmente en este cultivo, hoy la economía depende más que nunca del mismo. Para tomar dimensión del fenómeno se puede apreciar que en 2012 las exportaciones de estos productos representaban el 38,8% del total exportado, mientras que hoy esa participación asciende a un 65,5%. Es decir, que 2 de cada 3 dólares que entran a Paraguay en concepto de ventas al exterior se deben a la soja. 

Gráfico 1: Participación de exportaciones de soja y derivados sobre total exportado. En dólares.

Fuente: elaboración propia en base a Banco Central de Paraguay

El año pasado el Congreso de la Nación impulsó una ley para comenzar a corregir esta situación. Se trataba de la aplicación de un impuesto a la exportación de soja del 10%, que hubiese implicado un aumento de la recaudación de aproximadamente 200 millones de dólares al año. Esta medida permitiría reorientar los ingresos derivados de la venta de este cultivo a mejoras sociales y desarrollo productivo. A la vez, favorecería la producción de otros cultivos que hoy han sido desplazados por la oleaginosa. Sin embargo, tras su aprobación, el presidente Cartes la vetó y no fue aplicada.

La era Abdo, una continuación

¿Qué esperar de su sucesor? Mario Abdo Benítez ya se expresó sobre este tema en campaña electoral y fue contundente: “Si nosotros subimos los impuestos podemos perder competitividad y atractivo al capital nacional y extranjero. No considero que un impuesto a la exportación convenga a la producción[2]. En sus declaraciones, Abdo no parece tomar nota de que la producción de soja ha demostrado ser ultracompetitiva a nivel internacional, tal como demuestra el crecimiento vertiginoso de las exportaciones y cómo desplazó a otros cultivos.

El nuevo presidente reconoció que la economía crece pero la pobreza no baja y se propuso reducirla durante su mandato. Sus propuestas económicas apuntan fundamentalmente a mantener la estabilidad macroeconómica, pero ya quedó demostrado que con la macroeconomía sola no alcanza para hacer de Paraguay un país más justo y diversificado productivamente. Difícilmente un Gobierno que se niegue a actuar sobre los pilares del modelo económico vigente podrá resolver los problemas. Mientras esta estructura económica y este esquema de distribución del ingreso se mantengan sólo se podrá esperar un crecimiento empobrecedor.

 

 

[1] Dato disponible hasta 2016 (Banco Mundial).

[2] https://lta.reuters.com/article/domesticNews/idLTAKCN1GR302-OUSLD

Licenciado en Economía por la Universidad de Buenos Aires.

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