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El día martes el titular de la Secretaría mexicana de Hacienda y Crédito Público (SHCP), Luis Videgaray presentó su renuncia. Será reemplazado por José Antonio Meade, ex secretario de desarrollo social, quien a su vez será reemplazado en esa cartera por Luis Enrique Miranda. Pero más allá de nombres y funciones, este cambio de gabinete pone sobre la mesa la gran crisis política que atraviesa el presidente Enrique Peña Nieto y el partido gobernante.

Videgaray ha ocupado la SHCP desde el inicio del mandato del presidente en 2012 y hasta el momento se lo consideraba un posible presidenciable; ha sido el ideólogo de las reformas estructurales en materia económica durante la gestión Peña Nieto, estando a la cabeza del eje de gobierno “México próspero”. Sin embargo deja a su sucesor un grave problema de endeudamiento público[1]. Su dimisión es una de las consecuencias políticas que deja la visita del candidato presidencial por el Partido Republicano de los Estados Unidos Donald Trump, quien lleva adelante una xenófoba campaña en contra de los inmigrantes mexicanos, tildándolos de violadores y delincuentes, además de insistir en la idea de construir un muro en la frontera entre ambos países el cual, en palabras del candidato, deben pagar los mismos mexicanos.

Fue Videgaray quien asesoró a Peña Nieto para que Trump sea invitado, incluso ha defendido esta idea al día siguiente de la polémica visita, fundamentando que la misma era crucial para conversar sobre la importancia del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) frente a los dichos del republicano quien ha sostenido la idea de retirar a Estados Unidos del mismo, en caso de ganar las elecciones. La candidata por el Partido Demócrata, Hillary Clinton también fue convocada a reunirse con el primer mandatario mexicano, sin embargo la líder demócrata rechazó la propuesta y la foto que hubiera esperado Peña Nieto quedó trunca, dejándolo en off side.

La presencia del candidato republicano en suelo azteca ha tenido grandes repercusiones entre la clase política, pero también entre la población. Si algo necesitaba México para estar unido, Trump lo logró. Peña Nieto tenía en sus manos la posibilidad de congraciarse con el pueblo mexicano si lograba que Trump pidiera disculpas por los agravios expresados en su campaña política, sin embargo esto nunca sucedió y el republicano se fue de la tierra azteca sin una mueca de disculpas. Este escenario ha dejado al presidente en una peor posición de la que tenía hasta el momento. Si hasta entonces el 73% de la población desaprobaba su labor[2] es probable que ese número vaya en aumento.

Lo que podría haber funcionado como una oportunidad para el mandatario le ha resultado más bien en contra y ha sido fuertemente cuestionado por sus compatriotas. El Partido Autonomista Nacional (PAN), opositor al gobierno, no ha perdido la oportunidad de encabezar el enojo nacional, más empoderado que nunca luego de las recientes elecciones estatales de junio en las que ha salido como fuerza triunfante luego de ganar 7 de las 12 gobernaciones en juego. De acuerdo a una encuesta realizada en el mes de junio por la consultora Parametría[3], si las elecciones fueran hoy, el PAN lograría la presidencia con un 21% de votos, lo seguiría el PRI con 16% y pisándole los talones, MORENA sacaría el 14%.

No obstante, ni lento ni perezoso, el PRI ya ha quitado su as bajo la manga. Recientemente su presidente, Enrique Ochoa, ha publicitado un spot donde reta a duelo a Andrés Manuel López Obrador, líder de MORENA, para discutir en torno a la corrupción. De esta manera el partido gobernante apunta a quitar del escenario por un lado al PAN, su histórico contrincante y quien va puntero en las tendencias de opinión, y por otro lado al PRD, partido que disputa votos con el arco electoral de MORENA.

Aún resta un tercio de gobierno priista. De aquí en adelante cada jugada será de crucial importancia para mantenerse en la carrera presidencial. El cambio de gabinete podría ser uno de estos movimientos en los que Peña Nieto haya apuntado no solo a aceptar que hay que cambiar aunque sea al interior del espacio, sino también a “retar” a sus propias filas cuando se equivocan. Aceptar el error siempre es humano y la humanidad vende bien.

[1] http://www.proceso.com.mx/454038/cayo-luis-videgaray-hombre-fuerte-del-gabinete

[2] http://www.parametria.com.mx/carta_parametrica.php?cp=4894

[3] http://www.parametria.com.mx/carta_parametrica.php?cp=4882