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Por Esteban De Gori :: @edegori 

I

Estas semanas serán recordadas por el Partido Popular como las peores desde el inicio de su gestión. La impericia para manejar el contagio de ébola, los escándalos de corrupción que envuelven al partido de Mariano Rajoy y la publicidad de la encuesta de El País que habla de la primacía de PODEMOS y de la consideración positiva del liderazgo de Pablo Iglesias, como la publicación de la realizada por el CSIC (octubre, 2014) que advierten que PODEMOS es la tercera fuerza política (22.5%) muy cerca del PSOE (23.9%) y del PP (27.5%)- y con mayor intención directa de voto han develado la erosión del sistema político y la crisis de aquellos partidos tradicionales y actores (como, la Casa de los Borbones) que lo organizaron las últimas décadas. También será recordada por los historiadores, sociólogos y politólogos, ya que el bipartisdismo de la “transición democrática” está acabado. Acabado y con nuevo liderazgo –legitimado por su propias bases- que no para de crecer y posicionarse.

Las políticas económicas del PP y del PSOE –las cuales, no revistieron grandes diferencias en las últimas décadas- desestructuraron apoyos propios y condujeron a vastos sectores de la sociedad a soportar la carestía de lo público (ajuste, privatización y corrupción), el desempleo, la crisis sanitaria y los desalojos. De esta manera, ambos partidos, la Corona y algunos empresarios contribuyeron a provocar y legitimar una crisis social que permitió el surgimiento y consolidación de PODEMOS.

La organización de ese universo político por parte del PSOE y PP y por un tercero “testimonial” (IU) ha implosionado. El Pacto de la Moncloa (1977), que se había erigido como aquel instrumento de las élites políticas, económicas y sindicales para conducir la transición y gobernar lo “social” está siendo impugnado por la respuesta democrática y anti-elitista de PODEMOS.

II

Paradojas de la política. La administración del Estado español hizo de sus políticos buenos lobbistas de las corporaciones. Felipe González, José Maria Aznar, Jordi Pujol –entre otros- utilizaron esa expertise estatal para incorporar las estrategias empresariales a la decisión política. Contaminaron la escena con intereses privados, los cuales estaban dispuestos a tomar todo, tanto por la vía legal, como ilícita. Los empresarios del periférico capitalismo español se fagocitaron a sus clases políticas y, por último, lo hicieron con esa creencia que todo partido necesita para recrear su legitimidad. En este sentido, la imagen y los gestos de Pablo Iglesias –como de otros dirigentes de PODEMOS- parecen constituir la contracara de políticos que establecen una relación simbiótica con las corporaciones. Desde ya, una relación peligrosa, sobre todo, porque ante la identificación social de esta corporaciones como agentes responsables de las penurias sociales, esos políticos “pegaditos” al viejo boom del capitalismo español quedan atrapados en su deslegitimación.

III

En España se afirmó PODEMOS. Creció de manera meteórica. Este espacio político alternativo desestabilizó todas las categorías y percepciones políticas que se construyeron luego de la “transición democrática” y demostró interpelar a distintos actores y a ciudadanos que votaban por distintos partidos. Su eficacia se debió a que articularon desestabilización de categorías y percepciones políticas fundamentales del orbe político español con una discursividad que vinculaba las grandes transformaciones políticas y económicas que introdujeron los partidos tradicionales con el padecimiento social de vastos sectores sociales. Sus dirigentes se hicieron “novedosos” políticamente, no tanto por provenir –en su mayoría- por fuera de los partidos tradicionales, sino por la inteligente utilización que lograron de las condiciones de posibilidad que alentaron su surgimiento. De esta manera, PODEMOS es indudablemente un actor que se explica por el contexto, pero también por el esfuerzo de un colectivo que ha recuperado una iniciativa y una capacidad que los partidos tradicionales habían aprisionado entre el institucionalismo y el pragmatismo de los mercados. De alguna manera, ha regresado la imaginación y el encantamiento a la política española y un arte que parece utilizar eficazmente las torpezas y contingencias que suscitan sus adversarios nacionales y europeos.

IV

La desestabilización de categorías y percepciones políticas descolocaron al PP, PSOE y a IU (Izquierda Unida). Por tanto, a aquellos actores que ordenaron el campo político entre “izquierdas” y “derechas”, como entre “república” y “monarquía”. PODEMOS ha desgastado esa cultura política en el que se orientaban los partidos para legitimar sus acciones, dando cuenta de la misma erosión que dichas categorías habían sufrido en la vida cotidiana de los ciudadanos. Este desgaste “horrorizo” al PSOE y al PP, los cuales no encuentran las palabras “justas” para enfrentar esta experiencia política. Ambos, han repetido el manual discursivo que se utiliza contra proyectos alternativos o posneoliberales. O bien, son tipos vinculados al chavismo. O bien, son parte del escurridizo populismo. E inclusive, algunos dirigentes del PSOE sugirieron que ni siquiera pertenecen a las filas de las izquierdas. Consideraciones todas, que han demostrado no poseer ninguna efectividad para las bases militantes de estos partidos.

El desgaste de las viejas categorías políticas es confrontado por otras. Fueron resignificadas palabras que poco valor tenían para el léxico de la “izquierda”. La idea de Patria, como la de Casta, son palabras que actualmente impregnan y reordenan la escena. Establecen contrincantes con nombre y apellido y se aleja de una discursividad del PSOE que colocaba entre sus contrincantes al PP o a abstracciones como la “pobreza”, “la falta de oportunidades”, etc. PODEMOS, inteligentemente, resituó para todo ciudadano y ciudadana contrincantes observables. Construyó adversarios reales, que pueden ser señalados y percibidos como causantes de ciertos padecimientos.

V

La otra cuestión que ha producido un tembladeral entre las dirigencias es la crítica a la desmesurada oligarquización de las decisiones. El PP, PSOE e –inclusive- la IU se beneficiaron de esta lógica y lograron exacerbar una autonomización –propia de la representación parlamentaria- que tuvo como consecuencias el “desenganche” de los intereses de la sociedad y de sus movimientos sociales. Todos los actores políticos, descansaron en un bipartidismo que había sido efectivo para disciplinar y organizar el universo de partidos de España y de sus regiones. Pero el 15-M modificó la escena. Éste, no solo demostró el escasísimo control que poseen los partidos tradicionales de las calles; sino los graves problemas que tuvo el sistema político español para integrar a los ciudadanos en la tomas de decisiones acerca de cuestiones que pueden alterar profundamente sus vidas. En este sentido, PODEMOS se legitimó en la apelación democrática. Con ello, logró sortear el binarismo entre “república” y “monarquía”; como el de “unión” o “separación”. Ha colocado en la decisión popular el destino de cada territorio o forma de gobierno a futuro. De esta manera, tritura el orden simbólico de izquierdas y derechas que habían momificado el universo de las categorías.

VI

Este espacio conducido por un grupo de dirigentes jóvenes –nucleados por el liderazgo de Pablo Iglesias-, con diversas trayectos biográficas y políticas se ha constituido partir de las grandes transformaciones que ha sufrido el Estado de Bienestar, de las lecturas que realizaron de las experiencias políticas de América del Sur, como de aquellas reformulaciones que se produjeron en el espacio de las luchas y acciones colectivas en el territorio español y europeo. Son jóvenes nacidos en democracia, modelados y auspiciados por la crisis y sus posibilidades. No son out-siders “puros”. Son políticos e intelectuales que circulan con solvencia por medios de comunicación, por espacios culturales y sociales. Han utilizado –como nadie- los medios digitales para el debate y la decisión colectiva. Han suscitado un reencantamiento de la política. Son innovadores y, por ahora, llegaron para quedarse.