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por Esteban De Gori

@edegori

La victoria electoral de Syriza (Grecia) construyó un nuevo escenario europeo y empujó a Podemos a lanzar su campaña electoral. Los promotores del cambio en Europa ocupan el espacio público. Syriza con su acceso al gobierno y con una batería de medidas sociales, y Podemos con más de 100.000 personas en Madrid el pasado sábado 31 de enero. Estas experiencias políticas, que acompañan a los límites impuestos por el primer ministro italiano Matteo Renzi, van conformando un territorio político contrario a los dictados de Angela Merkel y a las políticas de austeridad. Las simbologías del intervencionismo aparecieron en los discursos. Alexis Tsipras -cuando fue nombrado Primer Ministro- homenajeó a aquellos que resistieron al nazismo y Pablo Iglesias hizo lo propio con aquellos que resistieron la invasión napoleónica (1808). No solo esto: en su discurso en la “Marcha del Cambio” insistió en que se debería pensar en “aislar a Merkel” porque lo que “está en juego en Europa es la democracia”. Bloquear a Alemania desde el interior de la Unión.

Podemos avanza. Interpela. Pone en crisis a todos los espacios políticos que se encuentran a su alrededor. Lo hace, entre otras cosas, porque ha podido –al compás de las crisis- desestabilizar viejas categorías y, fundamentalmente, porque ha puesto en jaque un bipartidismo construido sobre narraciones momificadas de izquierdas y derechas. Pablo Iglesias ha resignificado la palabra patria. Un vocablo siempre codiciado por las derechas pero que ahora lo han “perdido” por su mercantilismo feroz y amistad con la troika. “Nuestra patria no es una marca, humillaron a nuestro país con eso que llaman austeridad. La patria es esa comunidad que nos permite soñar un país mejor”, indicó Iglesias ante una multitud exultante.

A modo de marca inaugural, Podemos construye un discurso que relee el pasado histórico y reciente. Articula una semblanza de la “valentía” política que va desde las hazañas del Quijote, los resistentes a Napoleón, los jóvenes del 15M y los manifestantes contrarios a la disolución del Estado de Bienestar. “Esos valientes están en nuestro ADN.” Del Siglo de Oro, pasando por los personajes de Pérez-Reverte, hasta el heroísmo social de aquellos que luchan contra los desalojos y la desfinanciación de la salud pública. De “indignados” a “valientes” –de enojados a participantes en la escena electoral-. Esta es la transformación subjetiva que busca introducir esta experiencia española.

Pablo Iglesias ha dejado una invocación en la “Marcha del Cambio”. Ha repetido hasta el hartazgo el “soñar en serio”, el soñar con responsabilidad. Allí estaban los ecos del refrán de Martin Luther King pero incorporando la gestión como dimensión necesaria para otorgarle otro rumbo a las políticas públicas. “Mundo onírico” y “propuestas reales y factibles”. Podemos, pretende constituirse en la bisagra y mediación entre ambos territorios. Y para ello, había que llenar la plaza. Mostrar los votos, presentar a los actores movilizados. Avisarles al PP, al PSOE y a la IU que tendrían que considerarlos como actores decididos a acceder al poder. Si llenan una plaza pueden arribar al “palacio” y hacer que el Estado no se ensañe más con la sociedad. Ese es el mensaje y la promesa. Tan compleja y dulce como la política clásica: proteger a los débiles.

Podemos se ha lanzado a construir adhesiones electorales y a fortalecer los círculos militantes para las elecciones que se realizarán en los meses finales de 2015. Casi en simultáneo, el PP y el PSOE firmaron un acuerdo contra los yihadistas. Aunque parezca un poco desubicado, esto es, o bien parte de una utilización de los trágicos sucesos cometidos contra Charlie Hebdo (cuestión de la que se han beneficiado en otras oportunidades), o bien un primer gesto de unidad frente al avance de Podemos. Veremos. Los actores están en movimiento y eso -para quienes intentamos decir algo sobre las pasiones políticas- es precioso.